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Cumple Movimiento sin Tierra dos años de trabajo

Por la Redacción


El Movimiento sin Tierra (MST) cumplió dos décadas de lucha por el bienestar de trabajadores que habían sido marginados por su sociedad y por el propio Estado brasileño, rescatándolos de una vida de miseria, abandono e ignorancia.

En este movimiento, los llamados trabajadores sin tierra, los pobres, las personas que morían anónimamente, en el abandono, sin dignidad, sin esperanza, encontraron un espacio para transformarse en ciudadanos, condición que les fue negada durante siglos por el Estado y por las elites dominantes.

Lucélia era una niña que desde los 10 años trabajaba con su papá pero un día se cansó y buscó otros destinos en un convento. Después su padre la invitó a acompañarlo a un campamento de los trabajadores sin tierra y tal fue su enamoramiento que nunca regresó al convento.

Se convirtió en una sin tierra, se unió a la lucha por la tierra para todos, por una mejor educación, por el rescate de la identidad, la cultura y su dignidad. Estudió, se graduó y se convirtió en una de las mayores representantes internacionales del movimiento.

La lucha de los trabajadores sin tierra, dice Lucélia es de aquellos que suelen ser tratados por los medios de comunicación como si fuesen portadores de violencia y no víctimas, portadores del caos y no de la esperanza, de arbitrariedad y no de escolaridad.

Son criminalizados cuando deberían ser reconocidos, exaltados y recibir la gratitud de la sociedad y del Estado brasileño, por haber rescatado de la miseria, del abandono, de la ignorancia a centenares de millares de personas.

Lucélia es un ejemplo para esos millones de personas que todavía sobreviven en la penuria, sometidos a la violencia y a la arbitrariedad del poder de los grandes propietarios de tierras y, mas recientemente, de las grandes empresas exportadoras.

Muchas son personas que huyeron de ese infierno para venir a sobrevivir en la periferia de las grandes metrópolis brasileñas, abandonadas, marginadas, discriminadas. Pero que encontraron en los campamentos de MST un lugar para trabajar, para estudiar, para vivir dignamente.

De acuerdo con el Servicio Informativo Alai-amlatina el movimiento contribuye a la humanización de los brasileños pobres del campo como ninguna otra institución, estatal o no, lo haya hecho.

Ha permitido que mujeres y ancianos, comenzaran a leer, a entender las raíces de las injusticias que sufrieron decenas de millones de brasileños desde que fueron invadidos por los colonizadores, hace más de cinco siglos.

El MST alfabetizó más gente en el campo que todos los
programas oficiales. Su sistema incluye mil 900 escuelas, en las que estudian 160 mil niñas y niños, adolescentes y el profesorado está compuesto por cuatro mil profesores. Dos mil personas alfabetizan a jóvenes y adultos. Hay diez cursos de formación para el profesorado, entre otros.

Un millón de personas viven, trabajan y estudian en los
campamentos rurales. Producen sin agro-tóxicos, reservan las semillas naturales, organizan cooperativas, comercializan sus productos, apoyan a los que todavía luchan por la tierra.

2005/LM/SJ

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