Inicio Cuni-cuni, un proyecto femenino de crianza de guajolotes

Cuni-cuni, un proyecto femenino de crianza de guajolotes

Cuni-Cuni es un proyecto con responsabilidad social, respaldada por 17 mujeres y hombres que ven esta iniciativa como una alternativa frente a la cruda realidad de los pueblos mixtecos, donde el tiempo secó los campos y la tierra se endureció tanto que se volvió piedra.

Cuni-Cuni es la marca con la que se comercializan los guajolotes (pavos), criados por mujeres y hombres de la comunidad de Río Poblano, Coixtlahuaca, y que pertenecen al Grupo de Mujeres Productoras La Palma.

Para las mujeres y hombres de La Palma, el proyecto es muy importante, pues incentiva una de las regiones más pobres de la entidad, es una apuesta al crecimiento frente a la crisis financiera y una muestra de cómo la gente se organiza y crece. A los hombres como a las mujeres “nos provoca un mejor estado de ánimo, nos da mucha confianza en nosotras mismas y es una oportunidad para generar el ingreso de nuestras familias”, señala Gladis Guzmán, integrante del grupo.

La carne de pavo, que se expende empaquetada al vacío, es parte de un proyecto con responsabilidad social, explica Araceli Jiménez Martínez, quien coordina esta iniciativa y busca su comercialización en el mercado local y más allá.

Jiménez Martínez con detenimiento sostiene qué significa la responsabilidad social. Por un lado, el proyecto busca mejorar las condiciones de vida de 17 mujeres y hombres –así como de sus familias– de Rio Poblano y por la otra se ofrecen productos de calidad para el consumo de los compradores.

Es decir, la acción que emprendió el Grupo de Mujeres Productoras La Palma tendría que provocar un efecto entre las y los integrantes de la pequeña comunidad enclavada en la Mixteca oaxaqueña y no se trata de una empresa fácil cuando plantea mejorar la calidad de vida de las personas, añade Araceli Jiménez Martínez.

La calidad de vida de las personas se mejora cuando cuentan con herramientas para enfrentar las dificultades derivadas de la pobreza o el aislamiento geográfico, así en Río Poblano el proyecto tiene sus resultados para sus 17 integrantes que “aprendieron” a criar los pavos desde otra perspectiva.

“No crea, los hacemos crecer con amor y paciencia, pastoreando los campos, ahí esperamos pacientes para que coman yerbas que crecen en la tierra y además los alimentamos con trigo, maíz y cebada”, dice orgulloso Dionisio Jiménez, mientras muestra los pavos doble pechuga de la especie Diamante Blanco.

Desde lejos, sobre la colina, se puede ver a Gladis Guzmán, cuidando lo que desde lejos parece pequeños bultos blancos, son los pavos que reciben la mañana y los frutos de la tierra en la árida mixteca que apenas asoma el pasto y algunas yerbas.

Ella, como 17 mujeres y hombres se convencieron del proyecto y prácticamente volvieron a aprender cómo cuidar a los pavos, los que son alimentados de manera natural sin químicos sintéticos, enzimas, hormonas ni antibióticos para su curación. Es curioso, pero hasta para curarlos se emplea la medicina alternativa, explica sonriente.

El dato es confirmado por Araceli Jiménez al expresar que prefieren atender a los pavos de esta manera, con medicina homeopática, cuyas reacciones en el cuerpo son menos agresivas que otro tipo de medicamentos.

Antonia Martínez, también parte del proyecto de Productoras La Palma agrega que aunado a todo el cuidado, “los pavos mueren contentos” porque antes de ser sacrificados les dan a beber un poco de mezcal, así evitan el estrés y no se dan cuenta de lo que va a pasar, dicen.

Sin duda, el proyecto ha levantado el orgullo de los habitantes de Río Poblano, donde la responsabilidad social, no sólo permite un mayor ingreso a sus habitantes, también hay un estado de ánimo distinto entre la gente, que orgullosa pasea por las laderas de los cerros a sus pavos doble pechuga de la especie Diamante Blanco.
Cuni es una palabra mixteca cuya traducción al castellano es pavo y que se repite, como si se estuviera llamando al animal.

DEL CAMPO A LA MESA

Así desde Río Poblano, Coixtlahuaca, hasta su mesa, llega Cuni-Cuni, el pavo empaquetado al vacío. “Una tradición milenaria con nuevas recetas y sabores”, recuerda Araceli Jiménez, quien sostiene que el pavo fue alimento de las culturas prehispánicas que tradicionalmente se consumía en días de fiesta.

Sin embargo, añade, se han demostrado las bondades de la carne de este animal frente al resto de los productos cárnicos. Es fuente de proteínas, vitaminas del grupo del complejo B, ácido fólico y de minerales como el fósforo, el potasio, el magnesio, el hierro y el zinc.

En general, el consumo de carne de pavo es más sano porque tiene menos grasa, una porción de 85 gramos de pavo contiene 1 gramo de grasa saturada. Es también un producto bajo en calorías con respecto a otras carnes. Además, contiene Magnesio necesario para la mayoría de los procesos bioquímicos del organismo y su carencia es frecuente.

Síntomas carenciales son las arritmias y las palpitaciones frecuentes y selenio, un oligoelemento esencial que actúa como antioxidante, previene cardiopatías y enfermedades circulatorias además de prevenir algunos tipos de cáncer.

Además, los pavo Cuni-Cuni son criados de manera natural consumiendo semillas y yerbas que son cultivadas por la gente de Río Poblano, lo que les da un crecimiento libre de sustancias químicas, expone la coordinadora del proyecto, quien afirma que el resultado es un producto sano y de excelente calidad.

Ahora queremos comercializar el producto, a través de la marca Cuni-Cuni, en sus presentaciones en canal, arrachera, medallones de pechuga, trocitos de pechuga, ahumado y chorizo, con cero contenido de grasa, “claro está”.

Como sus criadores, Araceli Jiménez se siente orgullosa del producto, pero demanda que la sociedad oaxaqueña, principalmente, vuelva su mirada al consumo del pavo y mejor si es Cuni-Cuni y lo incluya en su dieta diaria, porque no sólo tendrá sobre su mesa carne de buena calidad, sabrosa y con textura, sin grasa y muy jugosa, sino que además apoyará a un proceso social, por ahora en una comunidad de la Mixteca oaxaqueña, comenta.

09/SJE/GG

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