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De comentario a comentario

Por Aurora Sansores Serrano

Que curioso. 16 días en los que gobernantes, medios de comunicación, artistas y sociedad se ocuparon de las mujeres maltratadas; 16 días en que todos condenaron el maltrato a mujeres, hicieron marchas, protestaron, portaron pancartas, grandes mantas, hicieron programas televisivos, reportajes y entrevistas.

Pero aquéllas a las que no les llegó el beneficio, que no tuvieron esos 16 días de sosiego, aguantaron el maltrato los 365 días y, encima, escucharon cómo las calificaron de todo por no poder salir de ese círculo vicioso en el que no saben que son víctimas y aceptan el maltrato, muchas veces con la convicción de que “se lo merecen”.

Las mujeres de este nuestro México han sido víctimas de todos los males, porque a final de cuentas el maltrato no se limita al abuso físico: muchas fueron contagiadas con Sida; otras fueron utilizadas como servidumbre desde muy pequeñas; unas más son usadas como objetos sexuales, las hay abandonadas, violadas, obligadas a tener embarazos, ignoradas y, lo más doloroso, asesinadas.

Ningún Estado de la República quedó al margen de esta cruzada de 16 días. Por ejemplo, en Yucatán, el Tribunal Superior de Justicia urgió a los diputados locales a legislar sobre protección familiar y a aprobar el dictamen de reformas al Código Penal, con la aplicación de leyes más severas a fin de reducir los casos de violencia en el hogar contra la mujer, así como contra sus hijas e hijos.

En Ciudad del Carmen, la isla superpoblada en la que convergen idiosincrasias miles y hay graves cinturones de miseria por la población flotante que ha traído consigo el petróleo, las consignas fueron fuertes “nosotras somos las que pagamos la violencia en el hogar”; “ya no sigan golpeando a nuestras madres”; “acuérdense que tienen hijos y que nosotros también necesitamos de nuestra familia”; “no pedimos venir a un hogar donde nos golpean”, y cosas por el estilo, pero sólo marcharon 300 mujeres.

Y es que en Campeche, según el DIF, hay un alto índice de violencia intrafamiliar, al grado que es uno de los deshonrosos 10 primeros lugares en este delito, aun cuando el 48 por ciento de las víctimas no denuncia.

Si el dato social le parece terrible, vea usted el de salud: se asegura que los expedientes médicos no revelan la realidad que vive la mujer campechana, porque de cada 10 que sufren violencia en su relación apenas una o dos se atreven a revelar que las lesiones fueron propiciadas por su pareja.

Según los datos proporcionados, el índice de violencia bajó a 44 por ciento, pero del 100 por ciento de esta cifra, sólo 18 por ciento de las afectadas que acuden a los servicios médicos comentan su realidad con médicos y enfermeras.

Las jurisdicciones sanitarias reconocen que carecen de un área exclusiva para la atención a mujeres maltratadas, y esto es grave en lugares como Ciudad del Carmen, considerada como la zona con mayor índice delictivo de la entidad.

Como dijo Patricia Uribe Zúñiga, directora general del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva, el mismo personal cree que el maltrato de pareja “es asunto privado”, y las víctimas que se acercan al servicio médico carecen de confianza debido a la insensibilidad de quienes los atienden.

Y le van más datos: en los Códigos Civil y Penal de Campeche, la violencia intrafamiliar no sólo no es considerada un delito, sino que ni siquiera es causal de divorcio. Así lo dio a conocer el juez primero Familiar del Primer Distrito Judicial, Luis Enrique Lanz Gutiérrez de Velasco.

El funcionario explicó que hay una Ley de Prevención y Atención de este problema, pero que está enfocada a brindar orientación jurídica y psicológica; otra alternativa es la Procuraduría de la Defensa del Menor, la Mujer y la Familia.

Reconoció que en la legislación civil local se contemplan algunas figuras para protección a la familia, como alimentación, custodia de menores, patria potestad y divorcio, pero no como consecuencia de violencia intrafamiliar.

Su propuesta es que se deben señalar en los Códigos Civiles tanto los actos de violencia al interior del hogar como el incumplimiento del cónyuge como causales de divorcio, con penalidades administrativas y judiciales para quienes cometan agresiones físicas, con procedimientos ágiles, medidas precautorias y reglas que deben ser observadas por los jueces de los familiar en el desahogo de los procedimientos “para hacer cesar las agresiones”.

En este marco, funcionarios de derechos humanos de todo el país patentizaron su beneplácito porque porque la Suprema Corte de Justicia de la Nación sancionó la violación conyugal y se pronunciaron en contra de la vieja cultura sexista.

José Luis Soberanes, en su calidad de ombusman nacional, y sus homólogos estatales, acordaron un pronunciamiento concentrado en seis acciones contra la violencia hacia las mujeres.

1. Frenar el feminicidio y abatir la impunidad de los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez, como acto fundamental de justicia y señal ejemplar de que el Estado Mexicano esta decidido a erradicar la violencia hacia las mujeres.
2. Creación de Centros de Atención a víctimas de violencia en las entidades.
3. Elaborar un plan de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia doméstica.
4. Estableces medidas jurídicas y sociales para prevenir la explotación sexual de niñas y adolescentes y el tráfico de personas con fines sexuales.
5. Impulsar modificaciones legales para que se sancione, de acuerdo a las normas internacionales, el acoso sexual en el ámbito laboral.
6. Promover que la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, incorpore la aplicación de la Convención de Belén do Pará.

Por hoy, baste decir que nada de esto llena el vacío que hay los 349 días de cada año en los cuales no se habla del maltrato a las mujeres en México. .

Sin embargo, con la campaña realizada por figuras públicas, artistas y periodistas, con el slogan “quien golpea a una nos golpea a todas” se logró que el número de denuncias se incrementara. Tal vez valdría la pena mantenerla todo el año.

¿Qué podemos hacer si los mismos funcionarios son victimarios? ¿Cómo podemos pensar en subsanar el mal si no hay leyes que lo condenen y lo sancionen como delito grave? ¿Quién es más culpable: el que comete el delito, quien no lo denuncia o quienes no lo sancionan? ¿Hasta cuando dejará de ser impune el delito de violencia contra las mujeres?

La realidad rebasa toda la imaginación, porque no se trata simplemente de unos cuantos casos que se atreven a salir a la luz, de un puñado de mujeres que tienen la valentía de dar un testimonio; no quiero pensar que tendremos que esperar otros 349 días para que las mujeres maltratadas sientan que hay 16 en los que se acordarán de ellas.

Como me dijo una amiga, “¿solo un día hay de no a la violencia contra la mujer? Y los otros 364, ¿pueden pegarles?” Y encima, todavía se les juzga por callar. Eso es doble castigo para las mujeres.

05/AS/YT

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