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“Defender el agua es como defender el cuerpo, la sangre, el alma”

Por Yunuhen Rangel y Anayeli García

Yolanda Oquelí Veliz, defensora de Derechos Humanos (DH) está convencida de que debe pelear por su vida, por la de sus hijos y hasta por la vida de quienes la atacan, por eso afirma que defender el agua es como “defender el cuerpo, la sangre y el alma”.
 
Consciente de que su activismo le puede costar la vida, Yolanda se sumó, desde hace tres años, a las guatemaltecas que defienden el derecho al agua y se oponen a la instalación de empresas mineras que buscan oro en Guatemala.
 
Ella es una de las voces nuevas que llena de esperanza a las defensoras, por ello participó en el segundo Encuentro  Mesoamericano de Defensoras de Derechos Humanos que se realizó en septiembre pasado en El Salvador.
 
Ahí, la activista charló con Cimacnoticias sobre sus expectativas y el porvenir del municipio de San José del Golfo, en Guatemala, punto estratégico de un proyecto minero de la empresa “Exploraciones Mineras de Guatemala”.
 
“Nos han llegado a imponer  un proyecto minero en el que jamás fuimos consultados, nunca nos dieron a conocer nada. Cuando nos dimos cuenta el proyecto ya estaban en las comunidades. Nuestra mayor preocupación es el agua, ya carecemos de ella”, relata.
 
Lo primero que deja claro es el sentido de su trabajo: “No sólo es mi lucha, es de muchas mujeres y no sólo de las que estamos en la resistencia, sino de muchas más a nivel nacional e internacional”.
 
“Estoy totalmente convencida de que estoy peleando por un derecho de la vida y no sólo por mí, sino por el país, por los niños que no saben lo que se les viene encima, por los hijos de las personas que están poniendo las empresas, hasta por ellos”.
 
Para la activista, las mineras son una bomba de tiempo pero en particular ese proyecto minero es muy riesgoso para la comunidad por las condiciones de la región. Afirma que según los estudios ambientales, los niveles de arsénico en el vital líquido del área son ocho veces más altos de lo normal lo cual ya repercute en la salud de los pobladores.
 
“Empieza el corredor seco, es el área del país donde menos llueve  y la temperatura es más alta y son las regiones con niños desnutridos”.
 
MUJERES EN RESISTENCIA
 
Ante este panorama, las personas, muchas de ellas mujeres, se han organizado para evitar que se instale la minera. “Empezamos la resistencia permanente el 2 de marzo de 2012, donde un grupo de mujeres intentó parar la maquinaria que iba a hacer un pozo dentro de la empresa, no lograron detenerla pero en esa misma tarde nos unimos y dijimos no”.
 
“Las mujeres debemos defender nuestro territorio, nuestro cuerpo y el agua; es como defender nuestra propia sangre, nuestra alma. La tierra no sirve de nada si no tiene alma. Para nosotros el alma de la tierra es el agua, así que definitivamente nos involucra y nos afecta directamente a las mujeres”, continúa.
 
“Nos han intentado manipular, nos han tachado de ignorantes, de que nosotros no sabemos lo que estamos peleando. Pero hemos demostrado que la resistencia nuestra es totalmente legítima, que estamos en el marco de la ley y la capacidad que tenemos las mujeres para decir no a un proyecto que para nosotras es muerte y destrucción, no progreso como ellos dicen”.
 
UN ATENTADO
 
Yolanda sabe que el precio de esta resistencia puede ser su vida. El 13 de junio del año pasado  manejaba de regreso a casa después de participar en una protesta cuando dos sujetos la interceptaron y le disparan con armas de fuego, un atentado que la mandó al hospital pero que no la alejó de sus ideas.
 
Así relata aquel día: “fue en junio de 2012 cuando regresaba de la resistencia a mi casa. Dos hombres en una motocicleta, los encontré en el camino, ellos iban delante de mí. Cuando vieron que yo iba en el carro, empezaron a caminar. Me asusté porque no vi que vinieran del mismo lugar del que yo venía, yo iba sola, manejando”.
 
“Uno de los tipos me volteó a ver y supe que me iba hacer algo. Cuando yo vi que hizo la mano para atrás de la cintura y se levantó la cumpa (chamarra), en ese momento sentí que se me disparaba el corazón. De ahí sacó un arma y empecé a escuchar los impactos y no sé, en mi desesperación quise retroceder o dar la vuelta y me fui a empotrar en un paredón”.
 
“Cuando me tiré dentro del carro, inconscientemente abrí la puerta  y me lancé. Después de Dios, lo que me salvó la vida fue que los vidrios de mi carro por ser polarizados sólo les dejaron ver que yo me caí, y pensaron que estaba muerta. Pasaron algunos minutos y pasó un carro, en ese momento empecé a meterme abajo del mío, pensando que iban a rematarme”.
 
“Vi que las personas de ese carro señalaron el mío y vi que eran compañeros y cuando me vieron se dieron cuenta que estaba herida, yo no lo había notado. Cuando me quise parar, los compañeros no me dejaron, les decía que estaba bien pero ellos querían llamar a una ambulancia”.
 
“Le dije a uno de los compañeros que por favor me mirara la espalda porque sentía un ardor y me vi un poco y estaba bañada en sangre. En ese momento pensé en mis hijos, en mi madre. A partir de eso fue el gran trauma de mi vida y no sólo a mí, sino también a mis hijos y mi familia”.
 
Aunque ese fue un fallido intento de asesinato, no fue la primera vez. Ella y sus compañeras se han vuelto “incómodas” para los empresarios porque hacen acciones como reunirse todas y tirarse en el piso donde permanecen para evitar ser desalojadas de sus viviendas.
 
Las amenazas son muchas y no paran, por eso piensa en salir de su comunidad en busca de refugio aunque cree que no es justo que la obliguen a abandonar su hogar.
 
“Creo que el mensaje es tener una pizca de conciencia. Con un poquitito de conciencia que se tenga, con cinco segundos de nuestro tiempo que tengamos para ponernos a pensar ¿a qué estamos enfrentando a nuestras nuevas generaciones”, con eso basta. No se trata de pasar en esta vida sólo por pasar, hay que dejar al menos un pequeño rastro”, dice.
 
Y critica: “el conflicto social que generan las empresas, desde el momento que llegan a las comunidades y agarran a la gente más vulnerable, con más necesidad y les ofrecen trabajo, sueldos miserables, no es justo, porque la mayor parte se la llevan ellos y no estoy hablando de regalías porque no nos interesa, pero es importante comentarlo porque es una total mentira y bajeza que ellos digan que traen desarrollo, trabajo, futuro, educación, es totalmente falso”.
 
El sentido de responsabilidad y del trabajo hacia la comunidad es una constante en Yolanda. “Recuerdo que cuando mis padres llegaron a ese lugar, fueron los primeros que llevaron una televisión. Eran referentes de compartir con la comunidad, dejaban entrar a los demás a ver la televisión que era la única que existía en el pueblo”, cuenta.
 
La diferencia entre ese recuerdo de niña y la lucha de la mujer es que ahora lucha contra el gobierno, contra un sector empresarial nacional e internacional. “La violencia es totalmente alta; ya no hay escrúpulos, hay gente que definitivamente no tiene nada de moral ni de aprecio a la vida ni al ser humano, se llevan al que se les ponga enfrente sin interesarles el daño que hagan”.
 
“Nosotros no queremos vivir en la riqueza, queremos vivir con nuestras tierras, donde los agricultores puedan seguir cultivando sus tierras, donde mis hijos puedan salir a correr en un ambiente sano, donde puedan tomar un vaso de agua que no esté contaminado. Eso es por lo que luchamos y resistimos”.
 
13/YRM/AGM/LGL

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