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Demandan Mujeres de Negro ser negociadoras en las guerras

Por la Redacción

Con motivo del 8 de marzo, Mujeres de Negro demandaron una mayor presencia de las mujeres en las mesas de negociación en todos los conflictos armados.

En los periodos de guerra, las situaciones de personas dependientes se multiplican y las mujeres se convierten en las cuidadoras por excelencia, bajo un manto de invisibilidad, indica un comunicado de la organización.

Son mayores y más graves los casos de personas enfermas, heridas, mutiladas, víctimas de minas antipersonas, o de desnutrición. Y están sin cuantificar las secuelas de las enfermedades mentales, el trauma psicosocial, a pesar de que se ha demostrado que cuanto más dura un conflicto, más perduran en el tiempo sus efectos nocivos.

Aunque las guerras se declaran al margen y en contra de los intereses de las mujeres, y son el grupo social sobre el que más repercute sus efectos, todavía es restringida su presencia en las mesas de negociación para poner fin a los conflictos.

EL PESO DE LA COSTUMBRE

A lo largo de la historia de la humanidad, las tareas relacionadas con el cuidado, tanto material como moral de los miembros de la familia, y que se extiende a las amistades y resto de la comunidad, han estado ligadas al rol femenino.

Independientemente de cómo se argumente el origen de los cuidados humanos, todas las teorías coinciden en que las primeras en cuidar fueron las mujeres.

Aún hoy en día, y en las sociedades más igualitarias, el cuidado continúa siendo un lugar reservado a las mujeres. Y aunque a lo largo de los siglos la visión sobre los cuidados ha sufrido variaciones: pueden considerarse como una carga, una obligación moral, un deber sagrado, una necesidad social o ética, un compromiso moral gratificante, una profesión, o como un trabajo más.

Lo único claro es que siempre ha sido una tarea devaluada socialmente, no retribuida y poco considerada o invisibilizada.

CUIDAR EN TIEMPOS DE GUERRA

Desde mediados del siglo XX, la mayoría de los conflictos armados han sido internos, lo que introduce una dramática variación: en las guerras modernas, la población civil se encuentra en plena línea de fuego y se ha convertido en objetivo de guerra.

Si en la Primera Guerra Mundial las bajas entre la población civil representaban un 5 por ciento de la población, hoy en día llegan a ser del 80 al 90 por ciento; la mayoría son mujeres y niños o niñas. Se calcula que a partir de la Segunda Guerra Mundial han muerto en conflictos armados 86 millones de personas.

Aunque las muertes son la “primera visión” de una guerra, diversos estudios indican que las secuelas de los conflictos armados persisten hasta la tercera generación en forma de pérdidas materiales o emocionales por lo general difícil de cuantificar:

– Fractura familiar (incluida la fractura por motivos ideológicos)

– Dispersión familiar y desarraigo por desplazamientos forzados y éxodos (personas refugiadas, desaparecidas, escondidas, huidas?)

– Pérdida de la cabeza de familia, o persona sustentadora; y pérdida de los bienes materiales y culturales: casa, territorio, medio de vida, entorno social?

– Pérdidas de personas queridas (muerte, desaparición forzosa o “voluntaria”) o incapacidad por enfermedad física o mental.

– Abusos contra la dignidad personal o familiar (humillaciones, rechazos, deshonor; abusos sexuales; violación propia, de las hijas o de las mujeres cercanas).

– Pérdida de afecto, apoyo y protección (abandono y aislamiento)

CÓMO CUIDAR

Y sin embargo, apenas existen noticias, mucho menos investigaciones o estudios, acerca del trabajo de cuidar a las personas dependientes física o psíquicamente durante los conflictos bélicos o como consecuencia de ellos.

Los pocos análisis existentes se enfocan hacia los cuidados médicos o terapéuticos, y preferentemente enfocados hacia los militares.

Por ejemplo, los estudios que surgieron tras las dos Guerras Mundiales sobre los traumas sufridos por los soldados (neurosis de guerra y trastorno de estrés postraumático). Aunque más tarde se centró la atención en los supervivientes de los campos de concentración; y últimamente en los desplazados y refugiados de guerra.

Hoy en día, se sabe que las consecuencias de las enfermedades, el deterioro del medio ambiente y de los sistemas de producción afectan a más de una generación. Las mujeres no sólo han de enfrentar estas pérdidas en su propia persona, sino que son quienes prestan el apoyo a su entorno cercano. En muchos casos, además, pasan a ser las sustentadoras principales de la familia.

Cuando se habla de la fortaleza moral y física de las mujeres que son capaces de afrontar y sostener estas situaciones: ¿se trata de una cualidad o de un abuso?

Al aceptar la sociedad el “comportamiento natural de las mujeres” en este sentido: ¿no estará consintiendo, en definitiva, una situación de explotación en su propio beneficio?

El cuidado extremo lleva a la extenuación física y psicológica de la persona. Pero, aunque la mujer está considerada como la columna vertebral de la supervivencia: ¿se ve apoyada o fortalecida socialmente? ¿O, por el contrario, es menospreciada de forma pública y visible?

Como dicen las Mujeres de la Huelga Mundial (HMM): “los soldados que regresan discapacitados y traumatizados por el terror, la matanza y/o la contaminación causada por armas, son descartados por los gobiernos, y son sus madres, compañeras y otras cuidadoras quienes tienen que arreglárselas”.

LAS MUJERES DE NEGRO DECIMOS….

Independientemente de nuestro lugar de residencia, dicen las Mujeres de Negro, rechazamos el único papel de espectadoras o víctimas que se nos otorga ante una guerra en su comunicado.

“Nos negamos a seguir asumiendo sobre nuestras espaldas los efectos en la salud y el impacto psicosocial que producen las guerras sobre la vida cotidiana de las mujeres y las familias; y asumimos el papel de sujeto responsable de nuestros actos ante nosotras mismas, ante los gobernantes, la comunidad y el resto del mundo.

Las guerras se declaran al margen y en contra de los intereses de las mujeres (y de la población civil), pero somos el grupo social sobre el que más repercute sus efectos.

Un contexto de guerra incentiva más la violencia contra las mujeres: Nuestro cuerpo es considerado botín de guerra, descanso del guerrero, territorio del enemigo a conquistar… por los distintos ejércitos enfrentados.

En las guerras las mujeres pierden derechos adquiridos tras años de trabajo y reivindicaciones”.

Por todo ello, denuncian “que en nuestro nombre no se va a resolver ningún conflicto de forma violenta”.

Exigen que los delitos sexuales contra las mujeres durante las guerras, sean juzgados también en tribunales especiales internacionales.

Y demandamos que se incluya a las mujeres en las mesas de negociación, en cumplimiento de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU.

07/GG

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