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Demuestra PNUD relación género y riesgo por cambio climático

Por Carolina Velázquez

En la zona del Caribe, la aceleración del cambio climático a nivel mundial, y el grado de vulnerabilidad de los países que lo conforman, hacen que el riesgo de peligros naturales, ambientales y tecnológicos, sea uno de los problemas más críticos para el desarrollo de la región.

Un estudio realizado en cinco países caribeños –Belice, Dominica, Guyana, República Dominicana y Jamaica– por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), demostró que con el cambio climático existe una mayor vulnerabilidad y riesgo de las mujeres, debido a los roles que realizan, las costumbres y las responsabilidades en agricultura, agua, sanidad y vivienda.

A esto se suma un impacto negativo en los medios de sustento y las normas culturales que limitan las opciones de empleo disponibles para las mujeres dentro y fuera de sus comunidades.

Los países del Caribe son Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) que, por su extensión y geografía, están limitados en su economía, la base de sus recursos –ya de por si frágil– y sus opciones de desarrollo.

Los desastres más comunes que afectan a cada país, son los huracanes y las inundaciones. Con el cambio climático se han afectado las prácticas agrícolas, las temperaturas fluctúan y divergen de los rangos esperados y los regímenes de lluvias estacionales se vuelven imprevisibles.

El caso se analiza en el apartado “Aumentando la visibilidad de género en la gestión del riesgo de desastres y el cambio climático en el Caribe”, investigación publicada en 2009 por el PNUD.

Aún cuando la ausencia de un sistema para la recopilación de información desagregada por sexo sobre muertes, daños y pérdidas no permitió registrar la diferencia entre mujeres y hombres en los tres últimos desastres, si se constató la problemática en la región caribeña y su impacto en las mujeres con relación a la experiencia, gestión y adaptación a los riesgos.

IMPACTO EN LAS MUJERES

Una de las preocupantes manifestaciones del cambio climático que se ve cada vez más en la región caribeña, es la modificación de los regímenes de lluvias esperados, lo cual trae como consecuencia un aumento o disminución extrema de las precipitaciones, que se manifiestan en la forma de sequías o inundaciones.

Un ejemplo de este fenómeno impactó con gravedad a Surinam en mayo de 2006. Una vasta área estacionaria de precipitaciones generó varios días de lluvias intensas, lo cual causó la crecida de los ríos del interior hasta niveles no vistos desde 1949.

Dadas las diferentes actividades asignadas por la sociedad a mujeres y hombres en las comunidades indígenas y cimarronas de este país del norte de América del Sur, las mujeres resultaron ser más vulnerables a los impactos de estas inundaciones.

Ellas tienden a trabajar en la agricultura de subsistencia, una actividad que gira alrededor de la familia, y representa el pilar de la economía de la región.

Al trabajar los hombres fuera de la aldea en sectores dominantes de la economía como la minería, silvicultura y servicios turísticos, su mayor movilidad, una más amplia gama de habilidades y sus menores responsabilidades domésticas, los hicieron más resistentes a las inundaciones.

Con relación al agua y la sanidad, recientemente el PNUD ha realizado investigaciones con una perspectiva de género en varias comunidades rurales de Jamaica, isla del Caribe con una población de 2 millones 780 mil 132 habitantes.

La falta de agua potable y de condiciones higiénico-sanitarias adecuadas para miles de mujeres y hombres jamaicanos, constituye un asunto crucial con implicaciones para la salud, y el bienestar de toda la comunidad de esta nación caribeña, afectada con frecuencia por los huracanes en la región.

Una de las conclusiones indica que la carga de transportar el agua para el uso doméstico, en distancias de hasta 8 kilómetros, recae de manera desproporcionada sobre las mujeres, niñas y niños de estas comunidades.

Y, además, a causa de actividades asociadas al uso del agua sin tratar procedente de manantiales, ríos, grifos instalados provisionalmente en las calles y canales, hay problemas serios de sanidad y salud que preocupan a las mujeres, pues en ellas recae el cuidado de la familia.

De ahí que mejorar el suministro de agua y la sanidad es esencial para las jamaiquinas, recomienda PNUD en “Adaptación al cambio climático con un enfoque de género en el Caribe: Estudio de caso sobre agua y sanidad en Jamaica”.

Hacerlo mejora las perspectivas de la mujer en cuanto a salud, tanto a nivel individual, como en el rol que realiza en la crianza de niñas y niños, y el cuidado de ancianos y enfermos.

Reduce también el peso de sus responsabilidades domésticas, incrementa la disponibilidad de su tiempo y amplía la posibilidad de su aprovechamiento en la búsqueda de oportunidades económicas y sociales.

Y, por último, fomenta una mayor asistencia de niñas y niños a la escuela.

ELLAS PARTICIPAN EN LA ADAPTACIÓN

La otra cara de la moneda es la participación de las mujeres en la conservación del medio ambiente, a través de su conocimiento ancestral en la agricultura.

En Guyana, país del norte de América del Sur con una población de 751 mil 223 habitantes, las mujeres amerindias hacen una notable contribución a la adaptación de las prácticas agrícolas tradicionales a las realidades emergentes del cambio climático y a su impacto sobre este sector productivo, señala PNUD.

Uno de los alimentos básicos tradicionales es la yuca, un elemento crucial para la seguridad alimentaria, el trueque y la generación de ingresos en la región, su cosecha está dirigida en gran medida al consumo del hogar.

Algunos de los productos derivados de la yuca son la harina, el casabe, la tapioca, el cassareep (sirope de yuca) y bebidas fermentadas como el parakari.

En la cultura amerindia, las mujeres son responsables del banco de germoplasma de este cultivo.

Ellas facilitan una práctica de adaptación al cambio climático que es de suma utilidad para su comunidad, pues con base a las condiciones climáticas de una temporada particular, y a la lluvia recibida y a la esperada, deciden qué variedad de yuca se debe sembrar.

La participación de las amerindias, comunidad que constituye del 4 al 7 por ciento de la población, tiene una doble vía.

Por un lado, se relaciona con la seguridad alimentaria y los medios de sustento y, por otro, desempeñan el importante papel de conservar el conocimiento tradicional acerca de la biodiversidad local.

Un conocimiento que ha pasado de boca en boca y de una generación a otra, hasta nuestros días.

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