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Derechos humanos de papel, ¿para qué?

Por Martha Martínez

Los derechos del cuerpo humano se arraigan en los principios fundamentales de los derechos humanos. En términos generales podemos decir que se dividen en dos grandes ejes: el derecho a la atención de la salud y el de la autodeterminación sexual y reproductiva.

Diversos tratados internacionales suscritos por el gobierno mexicano (como la Convención para la erradicación de todas las formas de discriminación hacia la mujer, CEDAW, la Declaración universal de derechos humanos, la Conferencia internacional sobre población y desarrollo, CIPD, y la Cuarta conferencia mundial sobre la mujer) son la base del reconocimiento y la protección de los derechos del cuerpo, dado que plantean como facultades elementales la salud, la igualdad, la no discriminación, la integridad personal y la no violencia.

Como resultado, los derechos del cuerpo humano plantean la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos, así como la libertad para decidir con quién y con qué frecuencia tener relaciones sexuales, lo mismo que el momento que una le parece adecuado para procrear.

Esta última condición lleva implícito el derecho de la mujer y del hombre para obtener información y acceso a los métodos de anticoncepción y planificación familiar.

Pese a todo lo anterior, los hechos reflejan otra realidad: el cuerpo de la mujer sigue siendo el territorio controlado por el Estado, mediante una serie de normas en las que se desconocen los derechos femeninos y que en la mayoría de los casos se presentan como si fueran protectoras; con todo y que violentan la integridad y los derechos humanos de las mujeres.

De nada sirve que las mujeres tengamos derechos sobre el papel si el Estado no los aplica. Las políticas públicas deben agilizar y hacer efectivas los mecanismos de protección, al mismo tiempo que aprovechan experiencias de otros países y utilizan las potencialidades de los sistemas nacionales e internacionales para garantizar los derechos del cuerpo humano y más aún: del cuerpo humano femenino.

De poco o nada sirven las políticas públicas basadas en creencias y dogmas personales: es indispensable que los mecanismos nacionales e internacionales de protección se usen no sólo para mejorar la vida de las mujeres sino también para promover el respeto a la equidad y erradicar la discriminación.

       
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