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Desigualdad agrava incidencia de diabetes en las mexicanas

Por Anaiz Zamora Márquez
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La diabetes tipo 2 –asociada principalmente con la obesidad– es la segunda causa de muerte entre las mexicanas, y su desarrollo, aunque prevenible, también está influenciado por la desigualdad de género que provoca que las mujeres no tengan estilos de vida saludables, no accedan a servicios médicos oportunos, y no puedan costear los gastos de su enfermedad.
 
En el marco del Día Mundial de la Salud, que se conmemora hoy, cabe destacar que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) ha reportado que en 2012 la diabetes tipo 2 cobró la vida de 43 mil 819 mexicanas, representando el 16.6 por ciento de las defunciones femeninas en ese año.
 
Desde hace cuatro años se registra un incremento en la incidencia de la enfermedad, y el crecimiento es mayor en las mujeres que en los hombres, ya que en 2011 existían 442.23 casos por cada 100 mil mexicanas, en contraste con los 326.81 casos por cada 100 mil varones.
 
Lo que se traduce en que actualmente hay aproximadamente 10 millones de personas con la enfermedad, y se estima que para 2030 la cifra crezca a 16 millones.  
 
PADECIMIENTO CRÓNICO
 
Alberto Lifshitz, especialista en medicina interna e investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica en un artículo que la diabetes mellitus es un conjunto de enfermedades que se caracterizan por una insuficiente acción de la insulina –hormona responsable de que la glucosa de los alimentos sea absorbida por las células y de dotar de energía al organismo–, lo que suele provocar hiperglucemia (cantidad excesiva de glucosa en la sangre) y lesiones vasculares.
 
Se distinguen al menos dos enfermedades que parecen tener una naturaleza diferente: la diabetes tipo 1 (DM1) y la tipo 2 (DM2).
 
Esta última da cuenta de más de 95 por ciento de los casos, y para su desarrollo se ha identificado una tendencia familiar para contraerla, lo que se traduce en que las personas nacen con predisposición a la enfermedad y depende de que se expongan o no a ciertos factores ambientales para que el padecimiento se desarrolle.
 
Dentro de los factores ambientales que tienen una fuerte relación con la diabetes está la obesidad, reconocida por las autoridades sanitarias como una epidemia de salud pública.
 
Para 2012, según la Encuesta Nacional en Salud y Nutrición (Ensanut), el 73 por ciento de las mujeres mayores de 20 años de edad no estaba en el peso adecuado, el 35.5 por ciento tenía sobrepeso, y 37.5 por ciento presentaba obesidad.
 
Las doctoras Hortensia Reyes Morales y Nelly Salgado de Snyder, investigadoras del Centro de Investigación en Sistemas de Salud (CISS) del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), en su artículo “Estilos de vida y salud en las mujeres” señalan que la obesidad es “una consecuencia evidente de la combinación del rezago en salud de las mujeres mexicanas con el acceso a estilos de vida (no saludables), principalmente en la población que habita en zonas urbanas”.
 
Ambas expertas exponen que los estilos de vida dependen en gran medida de las condiciones sociales de las personas, ya que el contexto social, cultural y económico puede ser en sí mismo un promotor de riesgos.
 
BRECHAS DE GÉNERO
 
El artículo que forma parte del libro “La Mujer y la Salud en México” –publicado por la Academia Nacional de Medicina– puntualiza que los estilos de vida de las mujeres están relacionados “de manera muy estrecha con factores socialmente determinados, como la representación social del género”, toda vez que las desigualdades afectan de forma acentuada la salud y el desarrollo.  
 
Agregan que si bien la mayor participación femenina en actividades remuneradas ha contribuido a la eliminación de las disparidades de género, también ha generado cambios en los estilos de vida de las mujeres que no siempre son saludables. Entre estos cambios está la alteración de los hábitos alimenticios, además del uso y abuso de alcohol.
 
Las médicas explican que una gran proporción de mexicanas consumen la llamada “comida rápida”, que no cuenta con los nutrientes necesarios y por el contrario tienen una alta concentración de carbohidratos y azúcares.
 
Si bien una pequeña proporción de la ocurrencia de obesidad es genética, la gran mayoría es resultado de un desequilibrio entre la ingesta de alimentos y el gasto de energía, a lo que se suman las horas sedentarias que muchas mujeres se ven obligadas a enfrentar por la clase de trabajo que desarrollan, dicen las especialistas.
 
Añaden que una vez que la diabetes se ha desarrollado, la obesidad sigue influyendo tanto para dificultar el control de la glucosa en la sangre, como de la presión arterial, lo que a su vez propicia elevados niveles de colesterol.
 
“De esta forma estas pacientes tienen mayor riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares y por tanto mayor probabilidad de morir”.
 
ACCIONES SIN RESULTADOS
 
La diabetes da lugar a complicaciones mortales, entre las que destacan las enfermedades del corazón, derrame cerebral, amputación de miembros inferiores, insuficiencia renal crónica, ceguera, y al mismo tiempo implican un costo significativo para los sistemas nacionales de salud y las pacientes.
 
De acuerdo con el INSP, México gasta aproximadamente el 15 por ciento del presupuesto total en salud para atender la diabetes, siendo el segundo país a nivel mundial que más recursos destina contra la enfermedad.
 
En 2010 el padecimiento costó al país 707 dólares (10 mil 605 pesos mexicanos) anuales por paciente. 
 
Al menos el 6 por ciento (280 mil personas) de quienes fueron diagnosticados con diabetes en 2012 carecían de algún seguro médico, por lo que debían costear los gastos del padecimiento, entre los que se encuentran tratamientos específicos como el láser, amputaciones, y medicamentos necesarios para controlar la enfermedad.
 
En enero pasado la Organización Mundial de la Salud hizo un llamado urgente a las naciones a emprender acciones para frenar el número de defunciones por enfermedades no transmisibles (como la diabetes), ya que estos padecimientos dificultan los esfuerzos para aliviar la pobreza, y ponen en peligro el logro de los objetivos internacionales de desarrollo.
 
En septiembre de 2013 Enrique Peña Nieto y la secretaria de Salud federal, Mercedes Juan López, presentaron la “Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes”, la cual –dijeron– se convertiría en el pilar de las políticas en materia preventiva de estas enfermedades.
 
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