Inicio Despenalizar aborto ayuda a erradicar estigmas sobre su práctica

Despenalizar aborto ayuda a erradicar estigmas sobre su práctica

Por Anaiz Zamora Márquez

La despenalización del aborto, además de garantizar que las mujeres accedan a uno de sus Derechos Humanos (DH) más básicos, contribuye a cambiar la percepción que se tiene acerca de que el procedimiento genera efectos traumáticos en las mujeres, especialmente entre el personal de salud.
 
Así lo explicó la doctora en Ciencias Sociales, Alejandra López Gómez, al participar en el foro “Embarazo no deseado, aborto y salud mental: experiencias de investigación e intervención”, realizado en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente (INPRF).
 
La especialista en género, sexualidad y salud reproductiva destacó que el aborto “per se” no genera efectos traumáticos en la vida de las mujeres, y las experiencias desfavorables que puedan experimentar las mujeres dependen de las circunstancias, los motivos, y condiciones en las cuales tiene lugar la decisión y la práctica del procedimiento.

Lo anterior al presentar los resultados de investigaciones que ella y su equipo han realizado sobre la percepción del aborto en Uruguay, y como ésta se ha modificado a partir de su despenalización, aprobada en 2012 y que entró en vigor en enero de 2013.

En Uruguay se permite interrumpir el embarazo hasta la semana 12 de gestación sin restricciones; hasta la semana 14 en caso de que la gestación sea producto de una violación, y sin restricción de temporalidad cuando el embarazo ponga en riesgo la salud o la vida.
 
Entre el año 2000 y 2012, cuando aún era ilegal el aborto en Uruguay, se indagó sobre las experiencias subjetivas de las mujeres que abortaron en condiciones de ilegalidad, así como en las percepciones que se tienen a nivel social sobre las mujeres que abortan, y las percepciones y apreciaciones de profesionales de salud en la materia.

En un contexto así, abundó López Gómez, el aborto genera efectos de padecimiento y malestar psíquico en las mujeres, puesto que no sólo habla de ilegalidad de la práctica, sino de la ilegitimidad social. En ese sentido, la decisión de abortar en esos contextos implica para las mujeres trastocar los mandatos sociales que impone la maternidad y tiene un alto costo emocional, que se traduce en indicadores como angustia y depresión.

La experta añadió que cuando la interrupción del embarazo es ilegal las mujeres se ven forzadas a enfrentar el aislamiento, el estigma social, una sanción moral y generalmente la falta de apoyo familiar, lo que les genera ansiedad y culpa.
 
Al explicar que el aborto no es un acto aislado, sino un proceso que comienza desde el momento de presentar un embarazo no deseado, atraviesa por el análisis de las posibilidades que tienen las mujeres para interrumpirlo, la interrupción en sí, y el proceso posterior.  
 
Agregó que “el aborto no genera efectos traumáticos en la vida de las mujeres, (pues) las experiencias dependen de las circunstancias, los motivos, las condiciones en las cuales tiene lugar la decisión y la práctica del aborto”.

Respecto a la percepción que tiene el personal sanitario, la especialista señaló que cuando el aborto es visto con un problema biológico no genera ningún efecto en las y los médicos, pero cuando se aborda desde un problema social y de orden de la cultura, esas percepciones sí trastocan a las y los profesionales, “y es cuando aparece la percepción del aborto como un trauma psicológico”.

Lo que conduce –dijo– a las y los médicos a instrumentar abordajes distintos, como la disposición de que previamente a la práctica exista “apoyo emocional” para cambiar la decisión de la mujer; “en este tipo de intervención se busca desestimar esa práctica porque las y los profesionales la consideran dañina”.

“No estamos tratando de decir que el aborto sea un evento liviano, pues es una decisión difícil para las mujeres y no estamos intentando decir que no produce algún efecto, lo que intentamos decir es que son los factores asociados a él y la construcción social que se ha hecho de las mujeres que abortan lo que produce ese tipo de malestar emocional”, explicó Alejandra López.
 
A partir de la despenalización del aborto en Uruguay, lo que la investigadora ha detectado es que las mujeres que han accedido al servicio se sienten más seguras de su decisión, y sólo reportan incomodad de tener que transitar obligatoriamente por un equipo interdisciplinario.
 
Para acceder a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) se pone como condición acudir a un servicio de consejería y apoyo emocional, lo que genera, de acuerdo con la especialista, malestar en las usuarias porque este tipo de atención no es “una decisión de ellas y es una imposición”.

Al mismo tiempo se detectó que las mujeres en general no regresan a la consulta post aborto, pues manifiestan no sentir necesidad.

Por su parte las y los profesionales de salud que ahora ven la práctica como algo permitido, empiezan a transitar a una idea distinta sobre el aborto, es decir “la legalidad favorece a cambiar la idea del aborto como un hecho traumático, porque habilita a las mujeres a poder decir y vivir el proceso de otra manera, y a las y los profesionales a no tener juicios acerca de la ilegitimidad del proceso”.
 
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