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Despiden con sones a la “Doctora Escopeta”

Por Pedro Matías
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En su propio funeral, la voz de Bertha Elena Muñoz Mier rompió el silencio. Fiel a sus principios, desde su lecho de muerte la “Doctora Escopeta” no sólo hizo grandes confesiones sobre sus grandes amores y pasiones, sino que, congruente a sus ideales, murió luchando.
 
Nada alteraba el silencio de la capilla Dorada de la agencia funeraria donde se congregaron dolor, recuerdos, rabia, indignación, sueños, ideales, lucha…

La voz que rompió el silencio sepulcral fue la de la “Doctora Escopeta”: “Si oyen esto es porque ya no estoy. Me morí”.

Pese a encontrarse postrada en su lecho de muerte, su voz es firme y con mucha autoridad para confesar: “Mi gran amor fue Oaxaca y no fue un amor a primera vista, fue –como dice la canción– despacito muy despacito se fue metiendo en mi corazón (…). Amo a Oaxaca por encima de todas las cosas y defendí a Oaxaca a todo cuanto yo pude”.

Los dolientes, gente sencilla del pueblo, escuchaba atenta el mensaje difundido en un monitor colocado en la cabecera de la doctora, cuando nuevamente se rompió el silencio.
 
Esta vez, fue el grupo Raíces que al resonar las notas del “Son de la Barricada” rindió tributo a la mujer, a la luchadora, a la guerrillera que hasta en su muerte pidió seguir luchando en beneficio de la comunidad.

“El día 14 de junio del año 2006, en la plaza de Oaxaca se puso el mundo al revés, temprano por la mañana, al punto de amanecer, nadie hubiera imaginado lo que iba a suceder”, se escuchó en la capilla ardiente.

“La huelga del magisterio tenía la plaza tomada, mientras el pinche gobierno preparaba la celada, antes que amanezca el día quitamos este plantón, gritaba la policía y empezó la represión.

“¿Qué de dónde son, qué de dónde son? Que son de la barricada, ¿Y de dónde, donde de dónde son, qué de dónde son? Que son de la barricada”.

Con los párpados irritados por el llanto, la mente agolpada por los recuerdos de esa resistencia histórica del conflicto sociopolítico de 2006, los asistentes corearon esa composición, bandera de una lucha contra “el tirano”, como calificaron al entonces gobernador Ulises Ruiz Ortiz.

“Sonó la alerta en la calle por donde entró el regimiento, y atrás de la barricada se alborotó el campamento. Más tardaron en llegar que luego en salir corriendo porque la gente en la plaza ya se estaba defendiendo”, seguían entonando.

“Salieron de todos lados con palos, gritos y piedras y a toda la policía la mandaron a la mierda, después vino el contraataque con fuerza de tierra y aire, con gases que los maestros se quitaron con vinagre.

“¿Qué de dónde son, qué de dónde son? Que son de la barricada ¿Y de dónde, donde de dónde son, qué de dónde son? Que son de la barricada.

“Anda vuela palomita ve cuéntale a mi país que la sangre del maíz riega su tierra bendita, que ya no hay verdad que admita ni engaño ni represión, que la paz será justa si es que quieren solución.

“Que se vayan los cobardes que no tienen dignidad, que se queden los que quieren cambiar esta sociedad porque aquí no hay corazón que aguante más inmundicia, el pueblo exige justicia, el pueblo está en rebelión.

“¿Qué de dónde son, qué de dónde son? Que son de la barricada ¿Y de dónde, donde de dónde son, qué de dónde son? Que son de la barricada.

“Se acabó el gas y el valor, con la plaza enardecida y las fuerzas del gobierno salieron en estampida, chocó con piedra el traidor que asalta de madrugada porque hoy la gente en la calle ya lo espera en barricada

“¿Qué de dónde son, qué de dónde son? Que son de la barricada ¿Y de dónde, donde de dónde son, qué de dónde son? Que son de la barricada”.

Estas letras motivaron a los ahí presentes a lanzar consignas como en aquellos tiempos de asonada. “Que viva la guerrillera”; “ya se va Bertha Muñoz, pero se queda la luchadora”; “se ve, se siente, Bertha está presente”; “hombro con hombro, codo con codo, la APPO, la APPO somos todos”; “ojo por ojo, diente por diente, Ulises asesino la cuenta está pendiente”; “¡Vestida de verde olivo! ¡Políticamente viva! ¡Nos has muerto camarada! ¡Tu muerte será vengada! ¡¿Y quién la vengará?! ¡El pueblo organizado!”, se coreó en el sepelio.

A petición de la doctora Bertha le cantaron otro son, “La Poblana”: “No llores hermana no, por mala que sea mi suerte porque ni la misma muerte hará que te olvide yo.

“No me pongan en lo oscuro a morir como un traidor, yo soy buena y como buena moriré de cara al sol”.

El Grupo Raíces remató con el “Son La Morena”, dedicado a la mujer que la noche del viernes 26 de julio dejó de existir, víctima de una insuficiencia respiratoria.

Bertha Muñoz falleció a las 19:20 horas en su domicilio, al que regresó luego de permanecer en un exilio obligado por el gobierno del priista Ulises Ruiz.

A la funeraria llegaron sólo cuatro coronas de flores, dos de la Sección 22, una del Hospital Civil, y otra de la Facultad de Medicina de la UABJO. El resto fueron ramos de flores sencillos que ofreció la gente del pueblo a su locutora insurrecta.

La insumisa mujer confesó que se murió en paz y tranquila porque “siempre he hecho lo que toda mi vida he dicho que es luchar. Siempre he sido congruente con mi decir y mi quehacer.

Luego de agradecer a todas las personas que la ayudaron a salir clandestinamente de Radio Universidad y luego del país, aún a riesgo de sus vidas, dijo que una plegaria es algo que fortalece a quien la dice, pero “no basta rezar, hay que hacer otras cosas por los demás”.

Recordó que en 2006 “tuvimos a la ciudad en nuestras manos, y eso por qué, porque cada uno y cada una mantuvimos el sentido de responsabilidad, tomamos decisión en grupo, aunque todo eso se vino a perder después”, citó.

Consideró que la única opción de salir adelante es asumir cada uno su responsabilidad y que no le cedamos a nadie lo que le corresponde a la sociedad porque los partidos políticos, organizaciones y otras asociaciones delictuosas solo defienden sus intereses.

Se quejó que “el cambio no es cambiar unos por otros, porque es la misma gata pero revolcada”.

Aunque todavía no acaba de entender lo que pasa en Oaxaca, cuestionó que el sistema haya detenido a la “mujer más fea de México, Elba Esther Gordillo Morales, y que no detengan a Carlos Romero Deschamps, Arturo Montiel y a Ulises Ruiz Ortiz, que se agandallan la lana del país”.

Hizo hincapié que la única solución es la organización a nivel de calles, colonias y pueblos en beneficio de la población.

Antes de finalizar dijo que “hay que darle las gracias a Ulises Ruiz Ortiz, aunque el hígado se les haga pedacitos, porque si no hubiera sido por todas sus tonterías que hizo él y su camarilla, no nos hubiéramos conocido ni ver el grado de solidaridad; entonces, hay que darle las gracias y esas amistades del 2006 mantenerlas”.

A decir de algunos luchadores, con su muerte, el movimiento social oaxaqueño perdió a una de las máximas voces de lucha en contra del gobierno del “tirano”.

La doctora Bertha Elena fue apodada “Doctora Escopeta” para desprestigiar su labor al frente de “Radio Cacerola” (Radio Universidad); sin embargo, su nombre y apodo trascendieron las fronteras y su grito se replicó en diferentes partes del mundo para mostrar la primavera oaxaqueña.

La “Doctora Escopeta” se exilió en Venezuela y Bolivia, pero retornó a Oaxaca y laboró en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) y en el Hospital General Doctor Aurelio Valdivieso, para el que pidió que no lo dejen morir.

Muñoz Mier nació el 5 de julio de 1948 en Morelia, Michoacán, y después de graduarse como doctora especialista en epidemiología se trasladó en 1978 a esta ciudad, para posteriormente convertirse en catedrática de la Facultad de Medicina y Cirugía de la UABJO y en trabajadora en el Hospital Aurelio Valdivieso. Tuvo tres hijos, Víctor, Alejandro y José.

Muñoz Mier ofreció sus servicios para atender a golpeados y heridos durante el frustrado desalojo del 14 de junio de 2006 y posteriormente a las y los participantes de la marcha caminata a la Ciudad de México, para exigir al Senado la destitución de Ruiz Ortiz.

Después, ya como locutora de Radio Universidad, donde dio cuenta de los hechos sucedidos en aquellos días, aconsejó a no caer en provocaciones y en muchas otras ocasiones arengó a los simpatizantes del movimiento magisterial y popular a detener las agresiones de priistas y de la llamada caravana de la muerte.
 
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