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Despido injustificado de 4 trabajadoras en gasolinera del DF

Por Guadalupe Cruz Jaimes

Cuatro trabajadoras de una gasolinería del Distrito Federal (DF) fueron despedidas injustificadamente, luego de que presentaron una demanda por la titularidad de su Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) en busca de mejores condiciones laborales, como el derecho a recibir un salario, vacaciones pagadas, y seguridad social.

Hechos como éste, son una “práctica común” entre los empleadores del sector, dijo a Cimacnoticias Salvador Arellano, secretario general del Sindicato de Trabajadores de Casas Comerciales, Oficinas y Expendios, Similares y Conexos del DF (Stracc), organización que, en noviembre pasado, demandó ante la Junta de Conciliación y Arbitraje local la titularidad del contrato bajo el cual laboran 28 personas, de las cuales 12 son mujeres.

El pasado 7 de febrero las trabajadoras de la estación gasolinera La Laguna, ubicada en la colonia Morelos, en el centro de la capital del país, fueron despedidas por “recorte de personal”, sin embargo, “así como nos corrían, instalaban a otras personas”, señaló Josefina Velasco Velasco, una de las cuatro empleadas.

Frente a este hecho, recientemente las trabajadoras interpusieron una demanda por despido injustificado ante la Junta de Conciliación y Arbitraje local, donde mañana se llevará a cabo la primera audiencia por la titularidad del contrato colectivo de trabajo del personal de La Laguna.

A decir de Arellano, despedir a las y los trabajadores que comienzan a organizarse con el propósito de conseguir mejores condiciones laborales, establecidas en la legislación del país, es una “práctica común” entre los patrones del sector.

“Cuando se organizan y demandan su derecho de libre asociación sindical, los patrones reprimen a las trabajadoras y trabajadores, quitándoles el empleo”, indicó el dirigente sindical.

Y es que, de este modo, cuando venga un recuento sindical no serán mayoría quienes quieran cambiar de sindicato, ya que el personal estará despedido o amedrentado por la amenaza de quedarse sin trabajo, explicó.

Cabe mencionar que tan sólo en la Ciudad de México, las estaciones de gasolineras emplean a alrededor de 12 mil personas, de las que las mujeres representan un 35 por ciento, casi en la totalidad tienen contratos colectivos de protección patronal (CCPP).

Con el CCPP, el patrón puede fijar las condiciones en las que trabaja su personal de forma unilateral, pues las organizaciones sindicales que venden este tipo de contratos, no representan los intereses de las y los trabajadores, incluso, la planta laboral desconoce el nombre de sus líderes y en ocasiones “jamás los han visto”, manifestó el dirigente del Stracc.

De este modo trabajan las y los empleados de La Laguna, las decenas de despachadoras y despachadores de la estación tienen un contrato colectivo que no se respeta y una dirigencia sindical que desconocen, sólo saben que los “representa” la Unión Mexicana de Trabajadores de la Industria Automovilística, perteneciente a la Confederación de Trabajadores de México.

El contrato que las y los trabajadores firman cada semana, establece que deben tener un sueldo de 74 pesos diarios, el cual nunca han recibido porque “en realidad” trabajan “por propinas”, señaló Josefina Velasco.

Según Salvador Arellano, dirigente del Stracc, organización que representa sindicalmente a 300 trabajadoras y trabajadores, de 10 estaciones de gasolina en la capital, la mayor parte de los empleadores del sector “en apariencia están dentro de la ley, pero en la práctica violan los derechos laborales de miles de despachadores”.

En la capital, la mayoría de las y los despachadores no tienen salario, ni prestaciones y tampoco gozan de seguridad social. Además de que estos derechos no se respetan, los gerentes de las estaciones les cobran “cuotas” por trabajar ahí.

Muestra de ello, es que en La Laguna entre las y los empleados deben cobrar la entrada al baño de la clientela, tienen la obligación de entregar cada día 70 pesos, si no los juntan deben ponerlos de su bolsillo.

Además, semanalmente deben vender un determinado número de aceites y aditivos para auto, si no los venden tienen que completar con sus ingresos la cantidad que les soliciten, para conservar su empleo.

La presión para vender es mayor para las mujeres, aseguró Josefina Velasco, “a nosotras el gerente nos piden que vendamos más, creen que como somos mujeres los clientes hombres nos van a comprar más”.

“Por si fuera poco”, dice Josefina Velasco, “también nos obligan a comprar una bolsa de dulces para regalárselos a los clientes a fin de ganar su preferencia”.

De acuerdo con Salvador Arellano, las y los trabajadores laboran en estas condiciones por temor a quedar sin empleo, en tiempos de crisis en los que es “doblemente” difícil conseguir o mantener un trabajo.

10/GCJ/LR

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