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Día Universal del Niño

Por Mónica Pérez

La Convención sobre los Derechos del Niño define a los niños y las niñas como seres humanos menores de 18 años, con excepción de aquellos países que establezcan, en sus marcos jurídicos correspondientes, la mayoría de edad antes o después de esa edad.

De acuerdo con el texto La Niñez como Descubrimiento del Siglo XX, de Gerardo Sauri; si bien los niños y niñas son parte de la raza humana desde siempre, no es sino hasta el siglo XX que este período de la vida empieza a ser relevante, pues diversos estudios demuestran que la niñez es una etapa de la humanidad en la que se construyen los elementos básicos para el desarrollo del sujeto.

Asimismo, Sauri afirma que en la medida en que se pone mayor atención a la crianza y educación de niñas y niños es posible desarrollar sujetos con mejores capacidades para tomar decisiones, y sobreponerse a situaciones difíciles.

El 20 de noviembre de 1954, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), recomendó que se instituyera en todos los países un Día Universal del Niño, el cual tendría como propósito promover el bienestar de la infancia en todo el mundo.

El organismo encargado de desarrollar ese proyecto fue el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que tiene como objetivo garantizar el cumplimiento de los derechos de niñas y niños a nivel internacional.

En esa reunión se aprobó una resolución para establecer el 20 de noviembre de cada año como el Día Universal del Niño. Sin embrago, se les sugirió a los gobiernos que celebraran este día en la fecha y forma que cada uno de ellos estimara conveniente.

En México, por ejemplo, se celebra el 30 de abril, pero se tomó el 20 de noviembre como el Día Universal del Niño porque se conmemora la fecha en que la Asamblea aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, en 1959, y la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989.

Desde entonces a la fecha, son más de cien los países que dedican un día para celebrar a la infancia en todo el mundo. La fecha varía de acuerdo con el lugar, pero el objetivo es común: llamar la atención de los gobiernos sobre las necesidades infantiles, e informar a niñas y niños sus derechos.

Sobre el tema de los derechos de la infancia, cabe señalar que México ha participado en tres importantes reuniones internacionales: la Convención de los Derechos del Niño 1989; la Cumbre Mundial en Favor de la Infancia, en 1990; y la Sesión Especial de la ONU sobre Infancia en 2002.

El gobierno mexicano suscribió la Convención de los Derechos del Niño en 1989 y el senado la ratificó en 1990. En este sentido, el Comité de los Derechos del Niño de la ONU hizo dos recomendaciones importantes al gobierno, la primera en 1994 y la siguiente en 1999.

Ambas advierten las condiciones de pobreza, explotación y riesgo en que viven millones de niñas y niños en México, además de desigualdades de género y origen étnico.

A finales de 1999 se logró la reforma y adición al artículo cuarto de la constitución mexicana para incluir la noción de los derechos de la infancia, y en abril de 2000 se aprobó la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

Entre los instrumentos internacionales para la protección de los derechos de niñas y niños destaca la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño que consta de 54 artículos.

Los principios básicos de este documento, tanto para niños como niñas son, el tener los mismos derechos y el mismo valor; el derecho a que sean cubiertas sus necesidades básicas; derecho a ser protegidos contra maltratos y abusos; y todos los niños y niñas tienen derecho a expresar su opinión y a ser respetados.

Si bien el marco jurídico en México y los acuerdos y convenciones internacionales signados por el gobierno procuran el respeto de los derechos de la infancia, de acuerdo con información de varias organizaciones civiles, se calcula que en nuestro país existen 20 mil niños y niñas trabajando en el mercado de la pornografía.

Asimismo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indica que alrededor de 22 mil niñas y niños mueren cada año en el mundo como consecuencia del trabajo infantil; de 211 millones de infantes que trabajan en el mundo, 186 millones lo hacen en las peores condiciones de trabajo, y 73 millones tienen menos de 10 años.

Recordemos también que en algunas países, particularmente en regiones de Asia, las técnicas de identificación del sexo del feto posibilitan el aborto selectivo cuando se trata de niñas, y que en África la mutilación femenina sigue siendo una práctica común.

2004/BJ/SM

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