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Divulgan los medios mitos y prejuicios sobre embarazadas

Por Sonia Santoro

“Embarazada y ladrona”, titulaba el noticiero de la mañana de canal 13. Y relataba cómo una mujer y su pareja habían entrado a un local de joyas y lo habían saqueado, cuchillo en mano.

Las imágenes mostraban a una vendedora compungida, con una venda en el cuello, como huella del carácter de la mujer que osaba llevar un bebé en la panza y tener un gesto tan inesperado como el de robar. Como si eso fuera poco, la periodista no pudo contener la pregunta inspiradora del título: ¿te esperabas que una embarazada pudiera robarte? Y no, no se lo esperaba, dijo la vendedora, la cosa la sorprendió.

¿Es más grave delinquir si se está embarazada? Parece que sí. Las mujeres siguen siendo noticia cuando hacen algo “malo”, porque no es lo que se supone que es inherente a su género.

Bonnie and Clyde es una linda historia, teñida de un halo romántico: la pareja que robaba con afán justiciero. Pero las mujeres que roban solas o que incluso son capaces de dirigir una banda todavía son cosa rara y material de búsqueda mediática cuando de contar con el tan ansiado gancho periodístico se trata.

Pepita la pistolera, Yiya Murano y otras tantas viudas negras dan nombre y apellido al delito asociado a mujeres en la historia reciente del país, que todavía parece conceder a las mujeres el raro privilegio de que sólo puedan robar corazones.

Ya lo observaba en la nota “Pibas chorras”, aparecida en julio de 2004 en Las/12, la periodista Roxana Sandá. Ella puso el foco sobre las chicas que cometían delitos. Si bien representaban no más del 13 por ciento del total de adolescentes en conflicto con la ley penal, cada vez que una chica aparecía involucrada en un delito, los titulares la señalaban como la jefa de la banda.

“Algo de “cholulismo” (de espectáculo), dicen los especialistas, y de espanto, por quebrar con lo que se espera de una niña, se cuelan en esa mirada peyorativa que abunda en calificativos diversos”, decía la nota.

“Cada vez va a haber más adolescentes involucradas en acciones delictivas, entre muchos factores, porque se cayó el velo y la sociedad dejó de sesgar la mirada de que por ser chicas no pueden cometer delitos”, apuntaba la socióloga Silvia Guemureman, allí mismo.

“Una chiquilina robando moviliza un costado tremendo de perversión, lo cual conlleva otro supuesto de “seguro que también es puta” como rasgo distintivo y aumentativo de su marginalidad. La sociedad, con gran hipocresía, se cuestiona: ¿por qué esa chica no se quedó en su casa?”, agregaba la socióloga Alicia Entel.

Bajo esa premisa, el éxito televisivo de la serie Mujeres asesinas respondía al mismo morbo moralizante que goza al ver cómo las mujeres pueden también matar, lastimar, arrebatar y tener sentimientos de lo más dañinos frente a otros y otras.

Ahora, cuando la mujer además está embarazada, el refuerzo moral es doble. ¿Cómo una mujer que engendra vida puede querer quitarla? ¿Cómo no tiene en cuenta a ese niño que lleva en su vientre? ¿Cómo puede tener malos pensamientos aquella que pretende criar a un niño?

Todas estas preguntas quedaron dando vuelta frente a esa pequeña nota de un robo que llegó a la pantalla por el simple hecho de ser protagonizado por una embarazada. Como si las mujeres al ser portadoras, por naturaleza, de la posibilidad de engendrar, también fuéramos portadoras, por el mismo destino biológico, de ser buenas, correctas, maternales y amorosas (unívocamente).

En las ultimas fiestas de fin de año, el diario digital www.cuyonet.com publicaba bajo el titular “Papelón: se escapa parturienta ladrona” la historia de una mujer embarazada que estaba detenida por robo y fue llevada a un hospital mendocino para parir. Después de hacerlo, abandonó al recién nacido y se fugó. ¿De qué papelón hablaba el diario, el de haber sido burlados por una parturienta o el de no habérseles ocurrido que una mujer podría elegir su libertad al niño que había parido?

Pero esto no sólo ocurre en Argentina. En julio del año pasado en Valencia, España, dos hermanas, que habían sido detenidas como presuntas autoras de un robo y un delito de estafa fueron puestas en libertad debido a que “se encuentran en avanzado estado de gestación”. ¿El embarazo equivale al beneficio de la duda?

No se conoce mucho más de las historias de estas mujeres. Tampoco importa. Son protagonistas de breves notas de color que sirven para llenar páginas de diarios, minutos televisivos y radiales. Pero, sobre todo, para apuntalar la idea de que una embarazada es, básicamente, una persona inofensiva-inocente-¿infantil?-¿niña?-¿mamita?- ¿Les suena?

07/SS/GG

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