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Doble jornada laboral afecta salud de las cubanas

Por Sara Más
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El sexismo contenido en mitos, prejuicios y estereotipos de la cultura patriarcal se traduce muchas veces en malestares que experimentan las mujeres, al sentirse a veces sobre exigidas, marginadas o subestimadas en los espacios laborales, dijeron especialistas de diversas disciplinas.
 
“Aunque se trata de prácticas que condicionan la aparición de enfermedades y padecimientos diferentes para hombres y mujeres, los riesgos psicosociales tienen un mayor impacto para ellas”, precisó a Cimacnoticias/SEMlac Lucía García Ajete, especialista de capacitación de la Empresa de Proyectos para Industrias Varias (Eprogiv).
 
Entre las tensiones que afectan la salud de las cubanas están las asociadas a la sobrecarga de la doble jornada laboral, dentro y fuera de casa, argumentó la experta durante el taller “Gestión empresarial con perspectiva de género: salud, riesgos y protección laboral”, realizado el pasado 12 de octubre en esta capital cubana, convocado por la Empresa de Gestión del Conocimiento y la Tecnología (Gecyt).
 
“Muchas sienten una gran presión al querer cumplir con calidad ambas demandas: estar al tanto y cumplir las tareas que les asignan en su puesto laboral, ser competentes, acceder a cargos de dirección y hasta avanzar en el área académica y científica; y a la vez no fallar en el ámbito familiar”, sostuvo García Ajete a Cimacnoticias/SEMlac.
 
Sin embargo, esas situaciones no siempre se tienen en cuenta en el escenario laboral e incluso se refuerzan, en detrimento de un mejor desempeño, cuando en verdad “debieran considerarse y preverse en el ámbito de la salud y la seguridad del trabajo, pues dan al traste con una lista de enfermedades y padecimientos diferentes para hombres y mujeres, con repercusión en su productividad”, agregó la especialista.
 
Algunas de esas prácticas se manifiestan en frases comunes y repetidas en el universo del empleo, como: “Por eso me gusta trabajar con hombres, que no faltan ni se enferman”, o “ese informe lo quiero para hoy y si no puedes quedarte después de hora, pide la baja”, expuso como ejemplos.
 
“Estos procederes tienen un impacto en la vida laboral y provocan malestares, pero casi nunca se tienen en cuenta entre los factores de riesgo, sino que se minimizan o subestiman”, reiteró.
 
Los riesgos psicosociales se refieren a la concepción, organización y gestión del trabajo, así como su contexto social y ambiental, con posibilidad de crear daños físicos, sociales y psicológicos en quienes trabajan, definió la experta.
 
De ese modo, abarcan aspectos relativos al diseño y contenido del trabajo, la carga mental, la organización del tiempo y factores estructurales de la empresa, agregó.
 
“Lo peor es que se naturaliza el exceso de trabajo y no se visibilizan esos riesgos. Por ello, hace falta deconstruir esas prácticas. Es un tema que necesita una vigilancia en el ámbito laboral, de las empresas, y también personal, del autocuidado”, consideró.
 
El estrés, la fatiga crónica, el síndrome de Burnout y las distintas formas de violencia, incluido el acoso laboral y el sexual, se incluyen en la lista de riesgos citados por García Ajete con una alta prevalencia en la población trabajadora femenina, que suma a la carga laboral fuera de casa, las de cuidados y labores domésticas dentro del hogar.
 
El síndrome de Burnout es un padecimiento que, a grandes rasgos, consiste en la presencia de una respuesta prolongada de estrés en el organismo ante los factores estresantes emocionales e interpersonales que se presentan en el trabajo, que incluye fatiga crónica e ineficacia, entre otros.
 
“Más que compartir, todavía al interior de la familia se maneja la idea de ayudar a las mujeres. Si desde el punto de vista familiar se empiezan a compartir y asignar tareas al resto de sus integrantes, pudiera llegarse a un equilibro entre los dos espacios y lo que se entrega laboralmente a cada uno”, puntualiza García Ajete a Cimacnoticias/SEMlac.
 
Muchas, además, postergan el cuidado de su propia salud para dar atención, primero, a otros integrantes del grupo familiar, lo que finalmente provoca la aparición de enfermedades en estadios avanzados.
 
Ellas viven igualmente grandes tensiones por el cuidado de familiares y personas adultas mayores, dificultades en la concentración y una excesiva carga emotiva que se somatiza en dolores, inflamaciones y padecimientos óseos y articulares.
 
Entre otras acciones, la experta recomendó la realización de estudios de carga y adaptación del trabajo a las personas y establecer la vigilancia de la salud de las mujeres, considerando las diferencias biológicas y sociales.
 
Igualmente, sugirió poner énfasis en las enfermedades relacionadas con el trabajo, como las cardiovasculares, la depresión, la ansiedad y otras; analizar los riesgos laborales con perspectiva de género y de forma diferenciada; así como realizar estudios de salud y seguridad en el trabajo, desde esa mirada.
 
“No siempre coindicen políticas públicas con buenas prácticas”, subrayó. “Tanto las direcciones empresariales como las trabajadoras deben ir más allá de lo que están viendo como riesgo en el plano físico y biológico, para distinguir otras cuestiones que también les afectan”.
 
En opinión de Sara Artiles, consultora de Gecyt, en las organizaciones faltan conocimientos y cultura de género que permitan transversalizar estrategias relacionadas con la salud y el trabajo, con repercusión para mujeres y hombres.
 
“Los riesgos que en su mayoría se contemplan son los físicos, pero el estrés, la carga psicológica y hasta el acoso laboral no suelen valorarse”, apuntó a Cimacnoticias/SEMlac.
 
“El área de seguridad y salud del trabajo también necesita de la mirada de género, para poder valorar todos los riesgos. Por eso hemos empezado a llevar estos temas al escenario empresarial”, sostuvo.
 
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