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Doña Mere, líder social en Chimalhuacán, lucha por salvar su vida

Por Lourdes Godínez Leal

Su historia comenzó hace 45 años cuando llegó a la ciudad de México proveniente de su natal San Luis Acatlán, Guerrero, a los 22 años de edad.

Emerenciana López, mejor conocida entre las mujeres de su comunidad, en Chimalhuacán, Estado de México, como doña Mere, ha conocido de cerca la injusticia y la violencia de todo tipo, incluida la social, así como el abuso contra los más débiles.

“La lucha social comenzó aquí en mi colonia, con mis mismas vecinas, luchando por el agua, la luz, el drenaje, pero sobre todo, defendiendo los derechos de las mujeres y los niños”, dice en una entrevista para “Historias de Mujeres, historias de libertad, en 2005”, libro publicado por el Instituto Nacional de Desarrollo Social (Indesol).

Con sus 67 años a cuestas, doña Mere lucha ahora por salvar su vida, en el hospital General de la Secretaría de Salud, en la ciudad de México, donde se encuentra internada en urgencias desde el domingo pasado, tras haber sufrido un coma diabético que le afectó los riñones.

Alejandra Guillén, una de sus 4 hijas, dijo en entrevista para Cimacnoticias, que “lo peor” ha pasado y su madre se ha restablecido poco a poco.

Los médicos han pronosticado que probablemente entre el lunes o martes de la próxima semana saldrá del hospital, pero necesitará diálisis porque la diabetes ha afectado casi en la totalidad sus riñones, dice Alejandra.

UNA VIDA DEDICADA A DEFENDER LOS DH

Doña Mere cobró fama entre las y los vecinos de la comunidad por su aguerrida lucha y defensa de los derechos humanos de las mujeres, quienes poco a poco empezaron a sumarse a las luchas sociales emprendidas por esta activista social.

Doña Mere recuerda una anécdota.

“A finales de los ochenta, Esperanza González de Peralta, fungía como quinta regidora del ayuntamiento de Chimalhuacán.

“Su hijo Gilberto Jesús Peralta, de apenas 19 años, era ya comandante de Santa Elena. Desde niño, el angelito ya hacía sus fechorías.

“A los 12 años tenía su banda y nadie podía hacer nada, su madre tenía mucho poder.

“El 16 de noviembre de 1987 secuestró a tres niñas y un niño de la Escuela Secundaria San Agustín, en el barrio de Xochitenco. A una de las niñas y al niño los amarró y los dejó en un charco de agua sucia. A la otra, la hirió de un balazo; a la tercera, tras intentar abusar sexualmente de ella, la mató”.

Doña Mere, indignada por los hechos, hizo suyo el caso pero su intervención tuvo consecuencias.

“Las autoridades me arrastraron y me golpearon para que me estuviera quieta”, recuerda.

Entonces enfermó de diabetes. Pero ni la enfermedad ni las amenazas de la regidora la hicieron detenerse. Tras cuatro años de estar insistiendo, y tocando diversas puertas para que se hiciera justicia, logró que los medios de comunicación y los grupos de mujeres que luchan por los derechos humanos y contra la violencia, la escucharan y publicaran el caso.

Fue llevada entonces al Sexto Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que se realizó en El Salvador donde presentó el caso del hijo de la regidora, tuvo un gran impacto al lograr, con ayuda de la presión internacional, la sentencia en México a 25 años de prisión de Gilberto Jesús Peralta.

TANTO PASAR Y PASAR…

Han sido poco más de veinte años de entrar y salir por la misma puerta del Ministerio Público (MP) de Chimalhuacán, y doña Mere ha despedido y dado la bienvenida a diversas autoridades de la Agencia del MP Especializada en Violencia familiar y sexual (Amprevis), donde a 2005, se registraban en promedio, 18 denuncias semanales por violencia familiar.

En este tiempo formó su propia organización denominada Consejo de Mujeres defensoras de los Derechos Humanos y de la Familia, que brinda acompañamiento a las mujeres víctimas de violencia y desde donde también ha formado a líderes comunitarias.

“El señor le quitó el monedero ¡con lo que cuesta ganarse el dinero! Pero regresan con los maridos porque se les cierra el mundo, sienten que sin él no son nadie y eso no es cierto”, dice Emerenciana.

Vuelve una y otra vez a la Amprevis, acompaña a las mujeres que se atreven a denunciar y vigila, muy de cerca, el proceso.

Su insistencia, perseverancia e interés porque las mujeres obtengan justicia le ha merecido ya el respeto de policías, jueces y otras autoridades municipales.

Incluso la oficina municipal del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), le manda mujeres víctimas de violencia y casos difíciles; la Procuraduría General de Justicia del Estado de México le extendió una credencial que la identifica como supervisora del avance de los casos denunciados.

Por su incansable labor ha recibido diversos reconocimientos por parte de los organismos nacional y estatal de derechos humanos.

LUCHANDO POR LA VIDA

Por ahora, los ahorros de doña Mere y sus hijos han servido para costear algunos análisis que no se pueden realizar en el nosocomio donde se encuentra, pero su hija Alejandra prevé que “no alcanzarán para las diálisis”.

Por ello apela nuevamente a la solidaridad y sensibilidad de los grupos de mujeres para apoyar con un granito de arena a su madre, quien ahora lucha por mantener su salud.

08/LGL/CV

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