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¿Dónde está Cuauhtémoc Cárdenas?

Por Marta Guerrero González

Lo sucedido el jueves 7 de octubre en la tribuna de la Cámara de Diputados, no puede ser admitido como libertad de expresión. El asunto de la reforma en materia de recursos para la educación en el Distrito Federal, debe ser discutida y perfeccionada, incluso de llegarse a un consenso a favor de la equidad federativa, los recursos no podrían retirarse de manera inmediata, sino paulatinamente, para permitir que el gobierno capitalino instrumente los mecanismos necesarios, para allegarse de los fondos que sustituirán los que el gobierno federal venía subsidiando. La valoración debe ser a fondo y perfectible.

Pero el tema de la discusión podría haber sido, el desafuero, los taxis piratas, la inseguridad o las reformas estructurales del Estado, como puede ser la cantidad de diputados o senadores en el Congreso de la Unión, da igual. El PRD está empeñado en actuar bajo capricho, violentar la democracia, faltar el respeto a las Instituciones y privilegiar los intereses electorales del peje, ante cualquier circunstancia. Frente a la falta de argumentos y capacidad de diálogo, impera la violencia, el zafarrancho y el echar montón.

¿Qué está pasando con el PRD? ¿Dónde está su líder? Y sobre todo, ¿por qué un puñado de ellos se muestran violentos y amenazadores, haciendo quedar mal a toda la izquierda mexicana?

Da vergüenza, ver a las diputadas encabezando la toma de la tribuna, a la cual juraron respetar y servir. Vergüenza los gritos de “corrupta” para Padierna, quien no duda en realizar acciones con el fin de agradar a su jefe y conseguir un trato preferencial para el hombre que se llevó la lana de Ahumada.

¿Cuándo vimos un desfiguro en Amalia García, una grosería, un acto que no tuviera sentido y de fondo el respeto, primero a sí misma y luego a la nación?.

Lejos de ayudar a AMLO, todo esto de la Asamblea, y los diputados, hunde en los sótanos oscuros, cualquier posibilidad de apertura en los temas que afectan la candidatura y la estancia en el gobierno de Andrés Manuel.

No puede ser que sólo ese puñado de perredistas, incluyendo al jefe de gobierno, tengan la razón, y todos los demás poderes y partidos políticos, estén aliados en un complot.

La democracia es el convencimiento de las ideas por la vía pacífica. Por la fuerza no habrá diálogo, ni esperanza, ni recuperación posible de votos.

AMLO no puede gobernar únicamente para los que piensan como él, o lo exculpan de todo, sin críticas. Tiene que haber alianzas razonadas, entendimiento. El poder no se arrebata (el que se fue a la villa, perdió su silla), el poder hay que conquistarlo porque es el más celoso y vengativo de todos los haberes del ser humano. Lástima de legislatura.

*Periodista y escritora mexicana

2004/MG/LR

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