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Egipto canta el sueño de la libertad

Por Sholeh Irani*

El pueblo fiel y loco enamorado de una mujer ha hecho lo que ella cantó. El sueño de la mujer se convirtió en el sueño de Egipto – ahora en camino de realizarse. El sueño de Oum Kalthoum de libertad e independencia se celebra ahora en las calles y plazas, con fuerza enorme y orgullo en la anciana civilización.

Oum Kalthoum, la diva eterna de Egipto, cantó en los años 60 su sueño de un Egipto que habla de sí mismo. Hoy Egipto hace exactamente eso.

Hosni Mubarak hizo un llamado al pueblo con el idioma del patriarca. Y perdió. Nadie le entendió. Con sus palabras y sus gestos autoritarios Mubarak causó más repudio. Primero acarició con palabras paternales y manipuladoras, luego mostró sus dientes y amenazó con violencia.

En realidad el déspota y todos sus leales protectores pretendían hablar el idioma de los “árabes”. ¡Pero no lo hablaban! El pueblo de Egipto hablaba el idioma de Oum Kalthoum. Lo habían hablado siempre. ¡Los hombres del poder no lo comprendieron!

¡Las palabras y las reclamaciones de Oum Kalthoum finalmente vencieron al déspota!

El joven Wael Ghonim lloró en la plaza Tahrir en los brazos de su madre después de haber sido liberado de la cárcel de Mubarak. Habló el idioma de su madre. No habló el idioma del patriarca, habló el idioma del amor. El pueblo le entendió.

Lloraron con él y gritaron por la caída del déspota y la victoria de la libertad.

La mayoría de la gente en el Medio Oriente habla el mismo idioma como sus hermanos y hermanas en otras partes del mundo. Un idioma universal fundado en valores humanos universales.

Los grupos aislados de gente que no podían ser escuchados ni vistos, ahora se encuentran en el mismo espacio y tiempo, en comunicación continua a través de las redes sociales. Todos hablan el mismo idioma, un idioma global. Han encontrado un foro para discutir y desarrollar el anhelo común de libertad, justicia social e igualdad.

Con cada déspota que cae, el patriarcado pierde un bastión. Cada vez que nos liberamos de un déspota, una parte de lo inhumano dentro de nosotros muere y “otro mundo” es posible.

Las caídas de los déspotas sacan otra imagen de nosotros, un “nosotros” global y sin fronteras. Ya no somos obligados a vernos a través de los ojos del déspota, sino a través de los ojos del otro. Y justo en el momento del triunfo disfrutamos el sabor encantador de liberarnos de la manipulación. El sabor se queda, es cantado de generación en generación y sobrevive.

Las y los liberados sienten con sus cuerpos que es posible vivir y respirar sin jefes, sin déspotas, sin el patriarca. ¡Cada caída de un déspota es la victoria del ser humano!

* Traducción para el portal Feministiskt perspektiv

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