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Ejército: su enemigo son las mujeres

Por Laura Castro Medina

Un hecho que acrecentó la presencia permanente de militares en la sierra de Zongolica fue la detención, en enero del 2006, de Gustavo Robles y los hermanos Gerardo y Jorge Marcial Tzomplaxtle Tecpile, presuntos miembros del Ejercito Popular Revolucionario (EPR) y vinculados con el secuestro del político y transportista de Zongolica Mario Zepahua Valencia.

Tras su detención, agentes de la AFI, policía estatal y del ejército mexicano iniciaron violentos operativos y cateos ilegales en viviendas del municipio de Astacinga, para encontrar armas escondidas.

Maximino Tzomplaxtle, hermano de Jorge y Gerardo, denunció públicamente el acoso y hostigamiento del que era objeto, al ser considerado como enlace del Ejército Popular Revolucionario (EPR) en la sierra de Zongolica.

En carta abierta distribuida a todos los medios de comunicación citó que el 31 de marzo del 2006 por lo menos 40 elementos del ejército y de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) arribaron a su domicilio en el municipio de Astacinga y sin orden de cateo y a punta de metralleta amenazaron a mujeres y ancianos para que proporcionaran información de la supuesta célula del EPR que ahí existía.

El miedo y terror paralizó a las y los habitantes de la comunidad de Moyoapan, que no pudieron detener la destrucción de muebles, ventanas, puertas y todo aquello que se encontraba en la vivienda de Maximino, mientras que María de 85 años de edad, madre de los hermanos Tzompaxtle Tecpile desfallecía al no poder siquiera reclamar la agresión por no saber español.

Dos casas más también fueron destruidas junto con la pequeña tiendita donde se ubica la caseta telefónica de la comunidad, describe en su misiva Maximino.

SIN ESTADO DE DERECHO

A partir de entonces, la incursión del ejército, con más de 500 elementos a bordo de vehículos de guerra en Astacinga y otros municipios cercanos, se convirtió en una violación al Estado de derecho y una flagrante violación a los derechos de los pueblos indígenas de toda la serranía, según denunciaron organizaciones indígenas de la sierra de Zongolica ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Amnistía Internacional (AI).

No obstante las cotidianas agresiones a las comunidades indígenas, a petición del ex presidente municipal panista de Zongolica, Crispín Hernández Romero, y aparentemente de 9 de los 14 ayuntamientos de la sierra de Zongolica, contingentes del ejército mexicano fueron requeridos en otros puntos de la sierra para inhibir la presencia de organizaciones populares que “tendían a incitar a la violencia”.

Hernández Romero argumentaba que la OINSZ, CROISZ, TINAM y OCISZ “podrían ser semillero de movimientos subversivos”, y que la finalidad de la intervención militar era infundir temor a las mismas.

La comunidad y organizaciones indígenas de inmediato reprobaron la acción al verse señalados como delincuentes, terroristas y un peligro social, por pretender combatir la miseria y segregación.

SUPERIORIDAD Y TERROR

La ira y el descontento de las comunidades indígenas de Veracruz y del país se encendieron, luego de que el pasado 25 de febrero presuntamente 4 militares de la base “García” del 26 batallón instalado en Soledad Atzompa, violaron, torturaron y provocaron las muerte de una indígena náhuatl de 73 años de edad, oriunda de de Tetlacinga.

Julio Atenco Vidal líder natural de la serranía y fundador de CROISZ, reclama el evidente contubernio entre el ejército y la Procuraduría General de Justicia del estado, pues al amparo de la confidencialidad de la investigación, premeditadamente incurrieron en anomalías de la necropsia para encubrir a los militares.

De esta forma, según Atenco Vidal, lo que debió ser un acto de impartición de justicia se convirtió en un acto de impunidad, de injusticia y discriminación racial, por ello solicitaron la intervención de altos organismos nacionales e internacionales de Derechos Humanos, que retomaron el caso y han aducido anomalías en los procesos de investigación de la PGJE de Veracruz.

Para Jairo Guarneros Sosa, integrante de la Coordinadora de la Sociedad Civil de la Región de Orizaba y adherente a la Otra Campaña, si bien las acciones de hostigamiento de parte de militares a mujeres en la sierra de Zongolica son una acción cotidiana, la muerte de la mujer nahuatl rebasó toda violencia permitida dentro del ejército.

Fue básicamente para demostrar superioridad y aterrorizar, como mencionan los manuales de contrainsurgencia en los sitios de conflicto como Chiapas, Guerrero y Oaxaca, pues Zongolica para el ejército mexicano se enmarca en una guerra de baja intensidad, explica.

La muerte de la indígena náhuatl dimensionó el problema que se vive en la sierra de Zongolica, pero sobre todo el hecho de que no existe la justicia cuando se trata de abusos de militares.

Y aunque en este caso interviene AI, dice, el pueblo no debe conformarse con que el ejército salga de una comunidad para asentarse en otra. Deben salir. No hay ningún fundamento legal ni moral para seguir en la sierra, pues ya no es una institución que vele por la seguridad de la población, sólo provoca temor.

Después de este caso, ya no habrá mujeres que se atrevan a pasar cerca de un retén militar en la sierra de Zongolica, concluye Guarneros Sosa.

¿Por qué ni las mujeres mayores están a salvo en Zongolica?, preguntamos al maestro Arturo Neri Contreras, sociólogo rural de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

– Porque los soldados saben muy bien lo que significa una mujer mayor para las comunidades indígenas: ellas simbólicamente representan no sólo la autoridad, también la tradición, la fuerza moral, son las madres de todos. Los miembros del Ejército mexicano lo saben, porque lo aprenden bien en sus entrenamientos militares, en su aprendizaje de la guerra de baja intensidad contra las comunidades indígenas. Lo saben también porque muchos, antes de ser soldados, respetaban a sus mayores, pues son también indígenas. Atacándolas, están enviando un mensaje claro a los pueblos indios, a los sublevados y a los inconformes del país: ésta es una guerra.

07/LC/CV/GG

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