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El empobrecimiento de la política social

Por Clara Jusidman *

El pasado 8 de septiembre, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público presentó al Congreso de la Unión, la Propuesta de Programa Económico 2011. Esta propuesta incluye la estrategia de gasto público del Gobierno Federal para el año entrante. Me gustaría en este comentario referirme a lo que está detrás de esta propuesta.

Diríamos que no hay nada nuevo, que es más de lo mismo que hemos visto desde hace casi tres décadas cuando cambiamos la estrategia económica del país hacia un manejo profundamente conservador y neoliberal, contrario a los intereses de las mayorías.

Nuevamente, se hace a un lado la oportunidad para utilizar el gasto público como una herramienta de impulso a la economía mexicana. Por el contrario, se privilegia la estabilidad y se sacrifica el crecimiento y la generación de empleos.

Así, se prevé una tasa de crecimiento de 3.8 por ciento anual, cuando se espera terminar con un crecimiento de 4.5 por ciento en el 2010. Ello en razón de las previsiones del comportamiento de la economía de Estados Unidos a la cual hemos atado nuestro destino como país.

Es decir, continuaremos sin recuperar la pérdida de casi 8 puntos del crecimiento del producto nacional que experimentamos en 2009, cuando tuvimos uno de los peores desempeños económicos del mundo, junto con Rusia.

Ahora bien, el gasto programable del sector público sólo aumenta en 1.1 por ciento respecto de 2010, es decir nada, se mantiene igual y lo mismo pasa entonces con el gasto que se destina al desarrollo social y que representa seis de cada diez pesos del gasto programable.

Sólo habrá ligerísimos aumentos de recursos para la educación, la seguridad social y la salud. Es interesante señalar que el mayor gasto en el ámbito del desarrollo social se destina a las instituciones de seguridad social, que significa el doble de lo que se destina a educación y cuatro veces lo que se gasta en salud.

Pero lo que ha distinguido a los gobiernos neoliberales iniciando con el de Carlos Salinas de Gortari, es también un cambio fundamental en la orientación del gasto social. Desde finales de los años 80 transitamos de una concepción amplia del desarrollo social, sustentada en la posibilidad de ir ampliando las protecciones básicas sociales a toda la población, a una estrategia de focalización de los programas en las poblaciones empobrecidas.

Del propósito de construir una red básica de protección y seguridad para todos, pasamos o enfocar la mira solamente en los grupos pobres.

Desde hace 30 años, los instrumentos fundamentales del desarrollo social que son la educación, la seguridad social y los servicios de salud, así como las instituciones públicas que los operan, se han dejado deteriorar.

La educación básica padece de una pérdida de calidad y de pertinencia, en manos de un sindicato poderoso y profundamente corrupto. La seguridad social y los servicios de salud también experimentan un proceso de deterioro de su calidad y de pérdida del sentido de servicio público por el maltrato que se ha dado al personal que los opera.

Detrás de ello hay una estrategia con miras a profundizar el desprestigio de los servicios sociales públicos para justificar la silenciosa y creciente privatización de los mismos. Estos se han convertido en otro espacio más para los negocios de los pequeños empresarios que nos gobiernan. Ya lo vimos con la tragedia de la Guardería ABC y con el escándalo de los servicios subrogados de diálisis del Seguro Social.

Pero aún los programas focalizados en la erradicación de la pobreza han resultado un fiasco. Primero, la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), responsable de esos programas, maneja alrededor de 130 que tienen su origen en varias administraciones, no se articulan entre sí y cada vez son más inflexibles para responder y adaptarse a las condiciones diversas de las poblaciones pobres del país.

Las recetas son así, iguales para todos, se centran sólo en atender algunas de las expresiones materiales de la pobreza y soslayan los aspectos psicoafectivos y de acceso a la justicia como son:

La vulnerabilidad, el miedo, la ausencia de poder para cambiar las situaciones de subordinación y explotación en la que viven muchas comunidades pobres y la ausencia de tiempo y recursos culturales para el cuidado de la infancia y la juventud.

Todo ello además frente a las nuevas problemáticas de violencia, adicciones, trata de personas, pederastía, por ejemplo, que impactan de manera desigual a la población en pobreza.

Tres programas principales que opera la SEDESOL: Oportunidades, 70 y más y el programa de apoyo alimentario consisten principalmente en la entrega de dinero a los beneficiarios para que compren en el mercado sus alimentos, otro más, el de Estancias infantiles apoya la prestación de servicios privados de cuidado infantil.

Para la SEDESOL se propone un presupuesto para el 2011, 10 por ciento menor al de 2010. El Secretario de Hacienda mencionó que se buscaría apoyar sólo a los programas sociales que mostraran su eficiencia.

La conclusión es que a 30 años de los gobiernos neoliberales enfrentamos un empobrecimiento de la política social y una concentración y privatización de los programas de erradicación de la pobreza, en tanto que ésta continúa profundizándose, así como la desigualdad, la discriminación y la exclusión.

Ojala que los políticos de nuestro país tuvieran la altura de miras como para celebrar el Centenario de la Revolución y el Bicentenario de la Independencia, con una profunda Reforma Social, que se propusiera al menos, cumplir para todos, los derechos sociales plasmados en la Constitución del 17.

Su desconsideración en la agenda política nacional es causa eficiente del deterioro de la convivencia que vivimos.

Hasta dentro de 15 días.

* Analista del Cambio Social y Presidenta de INCIDE Social AC

10/CJ/LR/LGL

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