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El lucrativo tráfico de mujeres/II

Por Dalia Acosta

“Las formas actuales de tráfico muestran más similitud con las antiguas de lo que pudiera parecer”, afirma la investigadora del Comité para América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM), Susana Chiarotti, en su estudio La trata de mujeres: sus conexiones y desconexiones con la migración y los derechos humanos.

Realizado a solicitud del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE) y con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el documento fue publicado el pasado mes de mayo en Santiago de Chile y puede consultarse en Internet.

Según la especialista, “el avance tecnológico acelerado no ha servido para eliminar esta plaga sino que sólo permite informar con amplitud de su expansión y múltiples aspectos en todo el planeta”.

En la región latinoamericana y caribeña, el tráfico de mujeres tiene sus raíces en la época colonial. Las mujeres, particularmente las africanas e indígenas, eran motivo de tráfico con el fin de reducirlas a mano de obra gratuita, a reproductoras de nuevos esclavos y a servir de objeto sexual.

Chiarotti asegura que “las formas actuales de tráfico no son muy diferentes” y están vinculadas “al mercado matrimonial, de entretenimiento sexual a oficiales y soldados, a la mano de obra barata, a la venta de servicios a través de Internet, y por supuesto, a las actividades turísticas y al comercio sexual”.

El tráfico de mujeres y la prostitución en América Latina y el Caribe se remonta a la época de la conquista, cuando los españoles, dando cumplimiento a la “ley de guerra”, tomaban o entregaban el “botín de mujeres” al vencedor, ello originó el comercio sexual en la región y los establecimientos para su ejercicio.

El negocio continuó durante todo el siglo XX, de forma acentuada durante y después de cada guerra mundial. Las mujeres europeas empezaron a ocupar un lugar importante entre las víctimas y así el negocio empezó a llamarse “trata de blancas”, denominación que luego se transformó en tráfico de personas.

El estudio publicado por CELADE revela que en la actualidad, este negocio en América Latina y el Caribe tiene dos modalidades: el “tráfico interno”, en el que las mujeres son trasladadas de una zona a otra dentro de su propio país, y el “tráfico externo”, en el que son trasladadas a otro país.

Los más importantes centros de emisión se localizan en Brasil, Surinam, Colombia, República Dominicana y las Antillas y los centros de distribución están ubicados en países ricos del hemisferio norte, principalmente Europa (España, Grecia, Alemania, Bélgica y Holanda), Medio oriente (Israel) y Asia (Japón).

Además de constatarse una diversificación de los países emisores, las redes de traficantes han creado nuevas modalidades de trata que intentan burlar la tipificación de tráfico como delito y evadir las responsabilidades legales, como es el caso de contratos de trabajo y la adopción.

Unas mil peruanas fueron “adoptadas” en 1991 y llevadas de forma legal a Holanda, donde su “nuevo padre” terminó esclavizándolas. En otros casos, las mujeres se casan y después de unos meses son prostituidas y siguen viviendo en su propia casa en condición de prisioneras.

Una investigación, realizada el pasado año por el Instituto Internacional de Derechos Humanos describe los “mecanismos de control” que se ejercen sobre mujeres, niñas y niños víctimas en Belice, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

Entre estos mecanismos se mencionan: retención de documentos de identificación, viaje o de salud; imposición de deudas por transporte, alojamiento, alimentación y otras necesidades básicas; amenazas de informar su condición inmigratoria a las autoridades; golpes y abusos físicos y restricción de la libertad.

“Algunas organizaciones de traficantes suelen ofrecer a las mujeres diversos servicios, por los que obviamente deben pagar: vivienda, comida, ropa, médico, medicinas, comunicación con sus familias. Cuando las víctimas envían dinero a su país de origen deben entregar un porcentaje por la transacción”, afirma Chiarotti.

El tráfico interno involucra principalmente a la población infantil y adolescente, o a madres solteras jóvenes, con edades entre los 9 y 17 años. Las redes de traficantes trasladan a niñas y mujeres de las zonas más pobres de cada país a otras regiones y ciudades para venderlas a dueños de prostíbulos u otro establecimiento similar.

Las víctimas del tráfico internacional suelen estar entre los 19 y 25 años, no concluyeron los estudios primarios o secundarios y pertenecen a sectores de bajos ingresos. En la mayoría de los casos, los explotadores y sus cómplices escapan a la justicia.

De acuerdo con Chiarotti, “las mujeres víctimas del tráfico son socialmente rechazadas pero masivamente utilizadas; “invisibles” debido a la clandestinidad que las rodea; absolutamente indefensas, desprotegidas, y extorsionadas en todos los aspectos y hasta puntos difícilmente soportables”.

“No todas las migrantes son víctimas del tráfico y no todas tienen como destino la prostitución. Un nexo exagerado de esas situaciones puede servir de excusa para restringir la migración. Y el incremento del control migratorio alienta y aumenta el tráfico”, advierte la investigadora.

RECORD BRASILEÑO

Desde el pasado 13 de octubre, todas las personas que deciden sacar pasaporte en la ciudad brasileña de Sao Paulo reciben un folleto con instrucciones para no caer en manos de bandas internacionales dedicadas al tráfico de seres humanos.

Las recomendaciones son: no aceptar invitaciones de extraños para trabajar en el exterior, jamás entregar el pasaporte, comunicar a la embajada brasileña o al consulado del lugar donde será empleado, confirmar la seriedad de agencias de empleos o de modelos y no entusiasmarse con servicios internacionales de promoción de casamientos o agencias de bodas por correspondencia.

El folleto, producido por la organización no gubernamental Servicio a la Mujer Marginada (SMM) y por la Asociación Brasileña de Defensa de la Mujer, de la Infancia y de la Juventud (Asbrad), son distribuidos también en puertos y aeropuertos con el apoyo de la Policía Federal de Sao Paulo.

Una investigación del Centro de Estudios, Referencia y Acciones del la Niñez y Adolescencia (CECRIA) del país suramericano detectó más de 200 rutas internas de tráfico, principalmente de niñas y mujeres jóvenes. Se estima que las brasileñas son preferidas en España, Italia y Suiza.

“La mujer da más ganancia que la droga o el armamento. Esos artículos sólo se pueden vender una vez, mientras que la mujer se revende hasta que ella muere de Sida, queda loca o se mata…”, contó un proxeneta. El testimonio fue publicado el pasado año por la Unión de Congregaciones Religiosas Femeninas de la Iglesia Católica.

De acuerdo con Priscila Siqueira, especialista del SMM, Brasil es el tercer principal “abastecedor” de mujeres para bandas que dominan el mercado de explotación sexual comercial en clubes nocturnos, discotecas y prostíbulos.

“El tráfico de seres humanos es el lado oscuro de la globalización. Se convirtió en actividad empresarial. Si el poder público y la sociedad civil no realizan nada, ese tráfico, que es un crimen contra la humanidad, será de aquí a tres años el negocio más lucrativo del mundo”, aseguró Siqueira en declaraciones citadas por Mujeres Hoy.

03/DA/GMT

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