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El Miedo

Por Marta Guerrero González

En la mayoría de los casos la recurrencia en la violencia intrafamiliar se debe al miedo. La posición de ventaja, es decir, la superioridad de la fuerza, edad, capacidades o control económico propician un margen de poder excelente para cometer cualquier tipo de abuso o vejación.

Durante una entrevista con mujeres del Estado de México, una de ellas de apenas dieciséis años, aunque aparente ser mayor, nos relataba como su padre la sentaba sobre las brasas de la fogata para demostrar a sus amigos de lo que era capaz. Ella no puede enfrentársele como lo hace una de sus hermanas por ser más alta.

Simplemente se paraliza de miedo y antes de lograr reaccionar los golpes caen. Sin embargo, la joven se siente afortunada pues a sus vecinas en el campo, el padre, además de maltratarlas, las viola cotidianamente. La situación es terrible pues no tiene fin, pues el sujeto es alcohólico pero mantiene el control de la numerosa familia gracias a un título de propiedad de la tierra: en algunos casos lo han denunciado, pero por una causa u otra no continúan con el proceso. Son nueve hijos, la mayoría chiquillos, nuestra amiga es de las mayores y sale a trabajar en el servicio doméstico. No desea comer muy bien, pues no sabe si sus hermanitos y su madre tengan para una tortilla con sal. Tampoco desea ir a su casa para no enterarse de la realidad.

Los que no estamos en esa situación podríamos decir, argumentar, enojarnos y llegar a la conclusión de calificar como opcional esa clase de vida, es decir; están así porque quieren…

También lo pensé en un principio, pero no es así. Como el caso que refiero hay millones, sí millones de personas de todas las edades envueltos en asuntos muy parecidos. Aunque sea increíble de creer, en esos hogares, en muchos, ni siquiera se tiene conciencia de que la violencia intrafamiliar es un delito y que nadie tiene derechos sobre las personas, aunque les haya dado la vida, o sobre los viejos porque se les brinda un techo.

Es un México que no aparece en ningún informe de gobierno, pero que lastima y avergüenza a gobiernos y sociedad. Pero el silencio no borra esas historias de pavor, de noches sin dormir, de desear la muerte antes de seguir viendo como queman a sus pequeños hermanos, o como casi matan a patadas a su madre. ¿Cuál escuela? ¿Cuáles oportunidades? ¿Cuáles cifras millonarias para vivienda, si ni siquiera son sindicalizados?

Soy muy cobarde, me dijo la muchacha, no puedo evitar morirme de miedo, quisiera ser valiente, me lo propongo y digo la siguiente vez, voy a defender a mis hermanitos, pero me veo las marcas en el cuerpo y dentro de mí sé que no podré ayudarlos; siempre me gana el miedo.

*Periodista y escritora mexicana

2004/MG/LR/SM

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