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El Programa de Estudios de la Mujer y su lucha por la equidad

Por Lourdes Godínez Leal

Pionero en los estudios de género en la academia, el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM), fundado en El Colegio de México (El Colmex), cumplirá en marzo próximo sus primeros 25 años de existencia.

Durante este primer cuarto de vida, el PIEM ha luchado por alcanzar el estatus de Centro de Estudios, anhelo impulsado por su fundadora Elena Urrutia y sus coordinadoras Luz Elena Gutiérrez de Velasco, Marta Torres Falcón y recientemente Adriana Ortiz Ortega.

Pero aún cuando “cubre todos los requisitos” para llegar a serlo: docencia, investigación, publicaciones, coloquios, simposios, seminarios, talleres y congresos, un centro de documentación, maestría y cátedra, no ha podido terminar con la “resistencia” de quienes han presidido El Colmex, para reconocer al PIEM como un centro generador de conocimiento.

El PIEM, creado en marzo de 1983 por la académica y profesora Elena Urrutia mediante un financiamiento de la fundación Ford, surgió de la necesidad de las académicas del propio Colegio por sistematizar los trabajos emanados del interés por los temas de género, principalmente a raíz de la Conferencia Internacional de la Mujer, celebrada en México en 1975.

El PIEM se basa fundamentalmente en 4 tareas académicas: Fomento y apoyo a la investigación, docencia, publicaciones e investigación.

Aunque los programas dentro de El Colegio surgen desde hace 25 años durante la presidencia de Víctor Urquidi, el PIEM fue el que más creció académicamente, según lo expresa su ex coordinadora Adriana Ortiz Ortega.

En 2003, durante la coordinación de Marta Torres Falcón al frente del programa, se creó la maestría en Estudios de Género y Políticas Públicas que, un año más tarde, con la coordinación de Ortiz Ortega, se transformó en Maestría de género, procesos políticos y transformaciones culturales.

Cabe destacar que en México sólo hay tres maestrías en estudios de género: la de El Colmex, la más antigua que durante mucho tiempo fue curso de especialización, sin llegar a nivel de maestría, lo que provocó que quienes lo estudiaran no pudieran certificarse; la de la Universidad Autónoma Metropolitana y la de la Universidad de Zacatecas.

La maestría de género en El Colegio, señala Ortiz Ortega, enfrenta inconvenientes pues no se “ha peleado lo suficiente” para que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) la reconozca como maestría de excelencia. Ello en gran medida, dice, porque se necesita el apoyo de la presidencia de El Colegio para que sea así.

UN PROGRAMA DEMERITADO

Desde su creación, el PIEM no tenía oportunidad de contratar a sus investigadoras como profesoras-investigadoras, sino como investigadoras de proyecto (que es la categoría más baja en el escalafón de El Colegio) sin posibilidades de hacer una carrera académica ni subir de categoría dentro de la institución.

“Cuando fui coordinadora del PIEM conseguí que para 2005 ya a mis colegas les permitieran ser profesoras investigadoras, pero sólo aquellas que tuvieran doctorado, pertenecieran al Sistema Nacional de Investigadores y tuvieran obras publicadas”, señala Ortiz Ortega.

Ya anteriormente, en 1996, debido a la “discrecionalidad” con la que se maneja la presidencia de El Colegio, dice Ortiz, “en algún momento”, se dieron plantas definitivas a las investigadoras del PIEM.

El Programa, afiliado desde 1997 al Centro de Estudios Sociológicos, podía decidir (al igual que los otros Programas) a quién contrataba, definir el rumbo de sus programas académicos y sus recursos. Sin embargo, desde marzo de 2007, cuando Ortiz Ortega terminó su coordinación, las decisiones empiezan a “concentrarse” en el Centro de Estudios Sociológicos, indica.

LOS RECURSOS

El PIEM cuenta actualmente con siete plazas para investigadoras. Y, como se manejaba de manera autónoma, sus recursos llegaban directamente al Programa. El mayor financiamiento proviene de la fundación Ford, quien otorgó durante el periodo de Elena Urrutia una especie de “dote”, según describió Adriana Ortiz, por un millón de dólares, cuyos intereses se han destinado para actividades de investigación en temas de género.

Sin embargo, a partir de 2007 “hay cada vez un mayor control de los recursos que se está generando el PIEM, ahora la decisión de cómo se gastan éstos está en manos del Centro de Estudios Sociológicos”, añade Ortiz Ortega.

Pero no sólo son los recursos, las contrataciones, la línea editorial, los eventos, todo ha quedado en manos de este último Centro. Y, aunque Adriana Ortiz afirma que es difícil que el PIEM desaparezca, en su opinión “puede pretender mantenerlo como un programa muy domesticado, ya que hay un control de contenidos de imagen muy fuerte al interior de El Colmex”.

07/LGL/GG/CV

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