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El testimonio de las sufragistas 50 años después

Por Rafael Maya

“¡Que lo repita! ¡Que lo repita!”, era el grito estruendoso de más de 20 mil mujeres congregadas en el Parque 18 de Marzo de la Ciudad de México el 6 de abril de 1952, para demandar y comprometer al candidato presidencial Adolfo Ruiz Cortines a que cumpliera con su promesa de plasmar en la Constitución el derecho de las mexicanas a votar y ser electas.

Ruiz Cortines repitió su compromiso y la algarabía femenina se apoderó del lugar, recuerda 51 años después doña Carlota Garrido, una de las mujeres sufragistas del entonces joven Partido Revolucionario Institucional (PRI), que se movilizaron por concretar una añeja demanda feminista que databa de finales del siglo XIX.

Un año después de ese histórico mitin, el 17 de octubre de 1953, Ruiz Cortines –ya como presidente– cumplió su palabra y promulgó las reformas constitucionales que otorgaron el voto a las mujeres en el ámbito federal. Se cumplía así un sueño, se consumaba una lucha y comenzaba otra que aún no ve final: la pelea por la ciudadanía plena de las mexicanas.

CAMBIO GRADUAL

A 50 años de haber conquistado el derecho al voto femenino, las sufragistas consideran que en la actualidad se ha ido cerrando la brecha de las diferencias entre los hombres y las mujeres. Sin embargo, advierten que aún prevalece el machismo y que la plena equidad entre los sexos se dará “poco a poco”.

“Los señores todavía nos tienen un poco atadas. Los varones aún no se familiarizan” con la mayor presencia de las mujeres en política, advierte Livia Fernández, de 86 años de edad, y quien para caminar requiere ahora de una andadera.

De cabello rizado y completamente blanco, doña Livia rememora los años de lucha como participante en la sección femenil del PRI a fines de los años 40 y principios de la década de los 50.

A pesar de la conquista del voto para las mexicanas y de que actualmente hay cuotas de representación femenina en el Poder Legislativo –lo que ha permitido mayor presencia de mujeres en cargos de elección–, Livia Fernández dice no estar satisfecha con los derechos alcanzados por la población femenina.

“Falta fuerza para que las mujeres nos pongamos contra los señores que son los que nos tapan el paso. Las mujeres somos más capaces y estamos más preparadas que los varones, eso les da miedo. Hay diputados que no sirven para nada”, afirma con toda lucidez esta licenciada en Economía nacida en el puerto de Veracruz el 14 de junio de 1917.

DEMOCRACIA EN LA CASA Y EL TRABAJO

Para Margarita García Flores –quien a sus mozos 18 años fue directora de la Sección Femenil del PRI en los momentos de la conquista del derecho a votar y ser electas– el ejercicio del sufragio femenino “ha ayudado a que haya más democracia en la familia y el trabajo”.

Sostiene que hoy el trabajo doméstico de las mujeres es más valorado y que en el ámbito laboral “ahora somos jefas”. “Antes no pasábamos de ser la ‘sub’. En las universidades somos el 50 por ciento de estudiantes. ¡Qué no hubiera dado Sor Juana Inés de la Cruz por vivir esa realidad!”, exclama Margarita García, con 68 años a cuestas y quien ha sido diputada federal por Nuevo León en dos ocasiones.

Nacida en el seno de una familia “muy revolucionaria” en la que su madre y su abuela participaron en los clubes liberales que prepararon el camino para el movimiento armado de 1910, Margarita –de lento caminar y cabello entintado de negro– advierte que así como los hombres “se entronizaron en el poder”, las mujeres “también lo vamos a hacer pero poco a poco”.

Al igual que doña Livia Fernández, la ex dirigente femenil del PRI considera que “falta mucho” para que hombres y mujeres vivan en plena equidad de condiciones y oportunidades, aunque confía en que esa conquista será gradual.

Más optimista, Carlota Garrido, periodista de 89 años y quien desde el antiguo Partido Nacional Revolucionario (el abuelo del PRI) escribió artículos en defensa de los derechos femeninos, exclama: “Si nosotras gobernamos nuestras casas, ¿qué acaso no podemos gobernar el país?”.

EDUCACION, LA CLAVE

De cara al porvenir y con el orgullo por recibir este jueves en el Senado una medalla por su participación en la lucha sufragista, Livia Fernández “azuza” a las mujeres jóvenes: “Que no se dejen mandar por los hombres, que luchen por sus derechos y que demuestren sus capacidades”.

En tanto, doña Carlota Garrido, originaria de Tabasco y licenciada en periodismo por la Universidad Obrera, lo tiene claro: sin una educación que fomente desde las escuelas la cooperación entre los sexos, difícilmente se erradicará el machismo.

La también maestra normalista y cuyo mayor sueño fue llegar a ser ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en donde desempeñó diversas funciones durante 31 años, está segura de que sólo la educación desde las instituciones y el hogar a las y los niños, y el impulso a las jóvenes permitirán eliminar prejuicios que impiden a hombres y mujeres trabajar en equipo.

¿MUJER PRESIDENTA?

Impensable a mediados del siglo pasado la idea de que una mujer pudiera ocupar la silla presidencial, hoy, 50 años después, la puerta para que México tenga por vez primera una mandataria empieza a abrirse… aunque muy despacito.

Las viejas luchadoras sufragistas coinciden en que no hay prisa para que una mujer llegue a Los Pinos. Y no por que no haya candidatas con la capacidad suficiente, sino que advierten que primero deben haber cambios en el inconsciente colectivo.

Incluso doña Margarita García Flores afirma que “lo menos importante” es que México tenga una presidenta. “Eso es protagonismo; hombre o mujer, lo que importa es que sea el mejor candidato o candidata”, advierte.

Para Carlota Garrido –quien entre sus experiencias narra cómo por culpa de actitudes machistas perdió una candidatura a diputada federal frente a un varón– que haya una mujer presidenta “no está a discusión”.

Pero –aclara con la sabiduría que da la vejez– primero debemos acostumbrarnos hombres y mujeres a estar juntos en el Congreso. Da a entender que no hay prisa, y sin afán triunfalista concluye: “Vamos avante”.

2003/RM/MEL

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