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Elvia Carrillo Puerto, la Monja Roja del Mayab

Por Erika Cervantes

Elvia Carrillo Puerto, también conocida como la Monja Roja del Mayab por sus ideas socialistas, luchó por la reivindicación de los derechos políticos de las mujeres al presentar ante el Congreso de la Unión una reforma al artículo 34 Constitucional.

Elvia Carrillo nace en Motul, Yucatán, población situada 44 kilómetros al este de Mérida, el 6 de diciembre de 1878. Hija de Adela Puerto Solís y Justiniano Carrillo Pasos, y hermana del que habría de ser gobernador de ese estado, Felipe Carrillo Puerto.

Durante su infancia Elvia Carrillo se percata de las profundas desigualdades que privan entre pobres y ricos al ver de cerca la explotación de los peones acasillados en la floreciente industria henequenera.

Elvia Carrillo Puerto creció en una familia de clase media baja, turnándose para ayudar a sus padres en la miscelánea de su propiedad. Estudió en una escuela secular rodeada de alumnos cuya lengua materna era el maya.

Fue ahí donde Elvia Carrillo Puerto logró adquirir un alto nivel de bilingüismo al dominar el maya y el castellano.

Dos personajes influyeron de manera directa en el pensamiento de la Monja Roja Elvia Carrillo. El sacerdote catalán anarquista Serafín García, y Rita Cetina, maestra que fundó la primera organización feminista de Yucatán: “La Siempreviva”.

En la Revista Siempreviva, órgano de la asociación, Elvia aprendió de artículos escritos por Mary Wollstonecraft, Flora Tristán, Florence Wright, John Stuart Mill y su compañera Susan Anthony, Grimké y Victoria Woodhull la injusticia con la que las mujeres eran tratadas por los varones y la doble moral de la sociedad hacia ellas.

A los 13 años Elvia contrae matrimonio con Vicente Pérez Mendiburo, con quien tuvo un hijo, Marcial Pérez Carrillo. Elvia Carrillo enviudó 10 años más tarde, hecho que le otorga la mayoría de edad a los 23 años, en una época en que la edad de la emancipación de las mujeres solteras se alcanzaba hasta los 31.

Elvia aprendió taquimecanografía durante esos años y también se desenvolvió como maestra. En 1909 Elvia empieza a trabajar activamente para la causa antirreleccionista en contra de Molina Solís en Yucatán, como mensajera y propagandista.

Esta experiencia la impulsa a crear en Motul la primera organización femenina campesina, en 1912. Un año más tarde ya se le reconoce importancia por su numeroso contingente, y por buscar incorporar a las mujeres en la política agraria, razón por la que sus enemigos la califican de sufragista y bolchevique.

Durante los “jueves agrarios” los discursos de Elvia pugnan porque a las mujeres jefas de familia se les garanticen los mismos derechos que a los hombres en la distribución de tierras.

En los trabajos previos al Primer Encuentro Feminista convocado por Salvador Alvarado, Elvira se encarga de organizar grupos feministas de reflexión en Yucatán y en la Ciudad de México, los cuales darían lugar más tarde a la agrupación femenina Liga Rita Zetina.

Fue la primera candidata de izquierda electa al congreso yucateco, cargo que desempeñó por dos años y que tuvo que dejar por amenazas de muerte.

En 1923, y acompañada de las feministas Gloria Mireya Rosado y Susana Betancourt, Elvia asiste al Congreso Panamericano de Mujeres en la ciudad de México. La pequeña delegación yucateca se destacó como la más radical del Congreso, y aun cuando sus demandas sobre control natal y amor libre fueron derrotadas, logró consenso en el voto femenino.

Este último se convertiría desde ese momento en el punto central de las demandas de todos los grupos feministas de México y del resto de América Latina.

Su labor política la llevó a fundar en 1927 la Liga Orientadora Socialista Femenina para dar atención a menores desamparados y madres solteras, la cual fue disuelta ante las quejas de mujeres que la consideraban inmoral.

En 1931 funda la Liga de Acción Femenina para luchar por los derechos políticos de las mujeres, que desaparece en 1938, pero Elvira continúa su trabajo de manera individual por la ciudadanía de las mexicanas.

Elvia Carrillo Puerto muere en 1968 en la ciudad de México, a los 90 años. Se le reconoce como una gran revolucionaria socialista, y una feminista que luchó durante toda su vida por los derechos de la mujer, sobre todo de las indígenas, de las campesinas mayas y las obreras mexicanas.

2003/EC/GMT

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