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Embarazo adolescente en Colombia, problema de salud pública

Por la Redacción

La influencia de los medios de comunicación, la pobreza, el desplazamiento y el abandono, son algunos de los múltiples factores que se asociación con la problemática del embarazo adolescente. En este país, una de cada cinco adolescentes está embarazada.

Para el investigador en programas de educación en salud y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Arturo Parada Baños, la problemática no sería tan grave si las y los adolescentes conocieran que la Constitución desde 1991 promueve una sexualidad saludable.

Tampoco lo sería tanto si esas leyes se pusieran en práctica como están mandatadas por la Constitución, porque entonces sería una “sociedad ideal para el manejo de la salud sexual y reproductiva”, como señala el profesor asociado de la Universidad del Bosque en el Diplomado de Sexualidad para Médicos, Guillermo Sánchez Barea.

A medida que los casos aumentan –en la población desplazada el 30 por ciento de las jóvenes entre 15 y 19 años está embarazada–, las consecuencias se agudizan: en el aspecto de salud, se incrementan las enfermedades de transmisión sexual, los abortos y la mortalidad materna.

En el aspecto económico, al país le cuesta mucho más un embarazo normal de una adolescente, que un programa de educación sexual eficaz y con resultados en el cambio de comportamiento de los jóvenes.

Lo cierto es que rara vez se consulta a las propias jóvenes o se estudia su vulnerabilidad al despertar de la adolescencia. “Hay mucho trabajo y pocos resultados”, afirma Parada. “Y el trabajo viene más del nivel gobierno que de las sociedades científicas, la academia y las universidades”, difunde la Red Salud.

Carla es una de esa adolescentes de entre 15 y los 19 años, está embarazada. Tiene 16 años. Vive en el sector rural de un municipio cercano a Bogotá, con su madre y seis hermanos. Dos de ellos también van a ser papás próximamente, y las futuras mamás también están en ese rango de edad. Se multiplicó la familia en menos de un año, pero ninguno tiene en sus planes armar rancho aparte con su nueva pareja y su futuro hijo.

Los factores de la problemática son múltiples, de acuerdo con Guillermo Sánchez Barea, profesor asociado de la Universidad El Bosque en el Diplomado de Sexualidad para Médicos. Entre las influencias externas, menciona a los medios de comunicación, “las hay internas como la pobreza, el desplazamiento y el abandono”.

LA EDUCACIÓN SEXUAL

Carla sabía de la existencia de métodos anticonceptivos, pero nunca se atrevió a hablar con su novio al respecto. Lo que sí hablaron fue de la posibilidad de que quedara embarazada. Carla hizo hasta quinto grado. Su novio llegó a noveno; tiene 17 años y es electricista. “Fresca, yo respondo”, la tranquilizó.

Programas de educación sexual existen por todo el país. Es mandato. Pero “la sola transmisión de conocimientos no implica cambios del comportamiento”, afirma Parada.

Carla tuvo dos clases de educación sexual en su vida. “Es necesaria una educación sexual integral como programa que tenga continuidad y sostenibilidad por un largo tiempo, mayor a dos o tres años”, insiste Parada.

De puro miedo, Carla nunca habló con su mamá. Ni siquiera le contó cuando notó que tenía retraso en su menstruación, y fue una prima suya la que la acompañó a pedir cita médica. Lloró cuando la doctora le confirmó su sospecha. Pero llegó a su casa muda. La mamá de Carla no le reclamó. Simplemente se echó a llorar. Luego le dijo que “para delante”.

UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA

La sexualidad en Colombia se ha convertido en un problema de salud pública. De acuerdo con el ministro de Protección Social, Diego Palacio, dentro de los planes de desarrollo y estrategia del Ministerio, se involucra el tema de la salud sexual y reproductiva como uno de los seis temas prioritarios en salud pública. “Pero hay necesidad de pasar de lo político a lo práctico”.

En un trabajo concertado con las Secretarías de Salud y de Educación del Distrito, un grupo de jóvenes diseñó una página web que se llama “tirando seriedad”, para hablar de sexualidad entre ellos y con los adultos, buscando la manera de convertir la sexualidad en una actividad de comunicación cotidiana.

Y a pesar de la normatividad y de los esfuerzos realizados, las encuestas de Demografía en Salud realizadas en Profamilia, demuestran que la tendencia continúa en ascenso: en 1990 estuvieron embarazadas 13 por ciento de las menores de 20 años; en 1995, 17 por ciento y en el año 2000, 19 por ciento.

“El embarazo en adolescentes, desde el punto de vista puramente biológico, aumenta las morbimortalidades prenatal y materna, marcadores importantes del subdesarrollo”, lamentó Ricardo Rueda Sáenz, médico gineco-obstetra, miembro de la Academia Nacional de Medicina.

Desde el comienzo Carla asumió su embarazo y nunca pensó en abortar, a pesar de que las cifras hablan de una curva en aumento también de los abortos en Colombia. Sus amigos siguen saliendo a bailar, pero a ella ya no le interesa salir. “Voy a tener mi bebé y lo sacaré adelante, como sea”.

Los investigadores Sánchez y Parada propusieron a la Academia Nacional de Medicina liderar la integración de soluciones a lo que ellos consideran la problemática más grave de salud pública en Colombia.

La respuesta fue inmediata y positiva: su presidente, Zoilo Cuéllar Montoya, dispuso todo el apoyo, con la integración de un grupo de trabajo liderado por el académico Ricardo Rueda Sáenz, los investigadores Sánchez y Parada, entre otros, en el cual ya se incluye el proyecto Fondo Mundial Colombia sobre prevención de Vih-Sida y enfermedades de transmisión sexual dirigido a jóvenes viviendo en contextos de desplazamiento.

La idea es aplicar un programa de educación sexual de nivel nacional que sea integral, ajustable a cada población y persona, que finalmente logre controlar el problema.

2005/RS/SJ

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