Inicio En Chiapas, María del Rosario es carpintera y ama de casa

En Chiapas, María del Rosario es carpintera y ama de casa

En un país donde los oficios se siguen definiendo por estereotipos sexuales y no por capacidades, no es común que existan casos como el de María del Rosario Sánchez, carpintera en esta ciudad.

María del Rosario tiene 42 años y desde hace cinco es ebanista y carpintera. Es madre de cuatro hijos y abuela de dos, se casó a los 14 años, pero desde que tiene memoria no ha dejado de trabajar ya sea en el hogar, fuera de él o en ambos.

Ella le entró a la chamba de la carpintería por necesidad porque su esposo necesitaba quien le ayudara con el trabajo y doña Mari le entró al quite. Nadie le enseñó, fue aprendiendo el oficio viendo cómo trabajaban los otros ebanistas y su esposo.

“El problema fue que los ebanistas que pasaban por la carpintería eran muy irresponsables y además a veces aquí hay mucho trabajo y otras veces no hay nada así que decidí entrarle y trabajar”, cuenta doña Mari, mientras resana una silla para su padre enfermo.

La doble jornada de doña Mari empieza a las 7:00 horas cuando abre la carpintería junto con su esposo, trabaja resanando, pegando clavos y en lo que haya que hacer. A eso de las 9:00 horas va hacer el desayuno para la familia y avanzar con las tareas domésticas de la casa, a las 11:00 horas regresa al trabajo de la carpintería hasta en eso de las 14:00 horas que sube a hacer la comida.

La casa de doña Mari está en la planta alta de la carpintería, después de comer regresa a sus trabajos como ebanista hasta que cierran la carpintería a las 19:00 ó 20:00 horas.

Doña Mari tiene su idea del por qué las mujeres no le entran al trabajo de la carpintería: “uno siempre anda muy sucia y es un trabajo que es pesado si se combina con las cosas que hay que seguir haciendo en la casa”.

Dice que el trabajo no es difícil, pero si exhausto cuando se tiene una doble jornada. Su oficio le agrada, no es el que siempre soñó, pero se sabe buena en esto.

Está convencida que no hay labor en el mundo que no pueda realizar una mujer, aunque muchas veces no se lo permiten. “Es feo que por ser mujer no pueda hacer algo, porque con los hombres no hay tanto problema, ellos pueden hacer lo que hacemos nosotras, son cocineros, cortan pelo, cosen ropa, hacen de todo y nadie dice nada, cuando uno es mujer y hace esta clase de trabajos a la gente le parece raro”, comenta.

Doña Mari tiene la apariencia de cualquier ama de casa, trabaja con falda puesta porque así se acostumbró, usa mandil para pintar para procurar que su ropa no se manche, pero resulta en vano. Hay varias herramientas en el taller de carpintería que son de uso exclusivo y que además sólo ella sabe usar.

09/SDS/LAG/GG

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