Inicio En Ciudad Juárez todo puede suceder: hasta la impunidad de 268 crímenes

En Ciudad Juárez todo puede suceder: hasta la impunidad de 268 crímenes

Por Silvia Magally

Elena Azaola, consejera de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), sostuvo que las muertas de Juárez no podrán descansar en paz hasta que los responsables de esos asesinatos no hayan sido presentados ante la justicia y respondido por sus actos conforme a la ley.

Al demandar el esclarecimiento de los crímenes de 268 mujeres, en su mayoría trabajadoras de las maquilas, Azaola consideró que sólo cuando se castigue a los asesinos podrá decirse que la muerte de esas jóvenes no fue en vano, que su sangre contribuyó a construir una sociedad mejor, una sociedad donde las mujeres no tengan por qué ser objeto de tanta violencia.

En su trabajo “Homenaje a las mujeres muertas en Ciudad Juárez”, publicado por la CDHDF, Azaola busca explicar los asesinatos de las 268 mujeres. Una de esas explicaciones, asegura, es el rápido incremento de la población en esa ciudad fronteriza pues durante la última década ha crecido a tasas que duplican el promedio nacional, concentrando más de la tercera parte de la población total que habita en el estado de Chihuahua, el más grande de la república.

Otra de las causas que considera Azaola es el notable aumento en el número de consumidores de drogas y con ellos los hechos de violencia asociados con el narcotráfico, pasando por la expansión creciente de la industria maquiladora y el empleo intensivo de mano de obra femenina durante jornadas extenuantes y mal retribuidas.

La también sicoanalista del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social menciona otra razón que puede explicar la violencia desatada contra las mujeres en Ciudad Juárez: el flujo incontenible de migrantes que desborda la capacidad de la sociedad local para integrarlos.

Otro elemento que pretende explicar las muertes de mujeres es el carácter de vecindad y lugar de tránsito en relación con la economía más poderosa del mundo, aunado al hecho de que la población vecina hace uso de Ciudad Juárez como un lugar de diversión y transgresión.

Así, la consejera analiza la sociedad de Ciudad Juárez la cual, dice, se distingue por tener hoy un bajo nivel de integración social dado que una alta proporción de sus habitantes nunca pertenecerá a la comunidad pues no piensa permanecer en la localidad, por lo que son grupos de desarraigados, con débiles lazos de unión con el resto de los juarenses.

En este sentido advierte que en diversos estudios se ha demostrado que las comunidades en las que predomina un alto grado de identidad grupal y local –con lazos de solidaridad estables y duraderos entre sus miembros, con normas y regulaciones reconocidas por todos– se interesan en conservar sus opciones de cambio sin producir crisis ni rupturas en su interior, regulando el conflicto y asilando los comportamientos que amenazan o destruyen el tejido comunitario.

De esta forma, Azaola señala que Ciudad Juárez pareciera ser un mundo donde todo es posible: hasta la muerte violenta de 268 mujeres y donde no hay ni la remota posibilidad de sanción, lo que alienta a los agresores a continuar delinquiendo.

       
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