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En Perú, Mujeres de palabra impiden que nos devore la tristeza

Por Carolina Velásquez/enviada

En Perú hay mujeres que a través de la palabra llenan los espacios del corazón con proyectos diversos que enlazan la narración oral al trabajo con la comunidad.

Lo anterior quedó de manifiesto durante el IV Festival Internacional de narración oral Déjame que te cuente, que concluyó aquí el pasado domingo bajo la coordinación y dirección de las contadoras Marissa Amado y Cucha del Águila, donde participaron 17 narradores orales nacionales e internacionales, 13 de ellos mujeres.

Varias de las contadoras de cuentos peruanas dedican también su creatividad a proyectos sociales con menores de edad y mujeres, en comunidades limeñas y de otras ciudades del centro, sur y norte, donde Aroma Subiría, Rosana Reátegui y Lorena Best Urday van dibujando y recogiendo historias.

Ellas, comenta Marissa Amado, como quienes inventaron y dieron su nombre a las constelaciones, según la inspiración del escritor John Berger, al imaginarlas no modificaron las estrellas, ni tampoco el negro vacío que las rodeaba, sino que cambiaron el modo de ver el cielo nocturno peruano. En su forma particular de hacer este trabajo creativo.

Amado, del grupo Palique, explica esta forma particular de las narradoras orales, al tiempo que se pregunta por qué seguir con este empeño de palabras, cuentos e historias en un país donde las heridas están aún a flor de piel, luego del reciente proceso de reconciliación nacional que vivió Perú, huella del gobierno de Fujimori recientemente extraditado de Chile, y el terremoto de 8.5 grados de agosto pasado.

“Porque lo terrible siempre estuvo ahí aunque hoy, como otras veces, nos estalla en la cara con esa lente de aumento que nos ha puesto la naturaleza delante de los ojos. La palabra, con su hermosura frágil de constelación, de volutas de humo, es esa daga que hiere la oscura nada. Esa cosa enorme que impide que el olvido nos coma con sus ojos vacíos. Que nos devore la tristeza, que nos aplaste la impotencia”, se responde.

Por eso Marissa, junto con la narradora Cucha del Águila, autora de los libros No se acaban las palabras? y Óyeme con los ojos, decidieron continuar este año con el proyecto que las une desde el año 2000 –el Festival Déjame que te cuente? y esta semana viajará a la zona de emergencia en el departamento de Ica, para integrarse al trabajo que realiza ahí con la población una brigada de la asociación civil de Barcelona, Payasos sin fronteras.

Llevaremos un programa especial, tenemos que medir muy bien la situación, pues nos cuentan que la gente está muy asustada, sobre todo las niñas y los niños que son más pequeñitos, nos informa esta peruana nacida en Talara, departamento de Piura, avecindada hoy en Madrid, España.

LAS PESADILLAS DE MATÍAS

Con su hechizo de la palabra, la tarea cotidiana de Aroma Subiría Franco tiene más que ver con la importancia de fomentar el vínculo entre las personas, madres, padres, hijas e hijos, sobre todo.

“Narro cuentos? para que el perfume de las historias penetre en el alma de quienes me escuchan. Perú es el mágico país en el que crecí. Me hizo heredera del intenso perfume que se respira en la tierra, de esa intensidad de los colores de los paisajes, de los tejidos de sus ancestros y de su milenaria cultura”, dice.

La visita a una isla poblada se seres sobrenaturales y mitológicos la invitaron a “sentir el evocador y potente aroma de las Diosas”, de ahí surgió su propuesta de oráculo-espectáculo con 12 diosas de la mitología universal, a través de él descubrió que el uso de los oráculos en la narración oral es “como una liturgia que entrega mensajes en resonancia al colectivo de gente reunidas” que escucha.

Matías tiene pesadillas? es un espectáculo familiar a través del cual Aroma busca fomentar el vínculo entre las personas.

En la ambientación de la habitación de un niño, un muñeco de nombre Matías de entre 2 y 3 años va contando las pesadillas que tiene cuando duerme, nada ni nadie lo alivia, lo llevan con la curandera experta Yerba Jarabe, le pasan el huevo, lo bañan con manzanilla y le canta antes de dormir. Descansa unos días, pero como “esto lo hicieron un día sí, el otro no y el otro tampoco” las pesadillas regresan.

Luego Aroma promueve juegos entre adultos y menores de edad. Busca que la gente disfrute el momento, recupere en grupo el vínculo a través de la diversión, la alegría, tomar riesgos, la actividad corporal y la comunicación.

“Algo que se ha roto o diluido, sobre todo a ahora que muchas mujeres trabajamos y nuestras hijas o hijos pasan más tiempo con otras personas, hay pocos encuentros de convivencia cotidiana, o están en la estancia infantil, o con la señora que ayuda, o con la abuela, menos con mamá o papá”.

Las pesadillas de Matías, agrega, “llegan al corazón de las personas, grupos de 20 ó 50, lo que hago a través de este personaje es una metáfora. Todo se afecta cuando a una de las personas que queremos le pasa algo y no siempre nos danos el tiempo para darnos cuenta”.

Cada semana con su personaje infantil, Aroma hace un recorrido itinerante por los barrios suburbanos de bajos recursos de alrededor de Lima. Matías representa de alguna manera su experiencia de maternidad y en él proyecta mucha de “esta necesidad de vínculo y de recuperar todo el tiempo que no he estado con mi hijo”, reconoce.

LEER Y TOCAR

Ahora que la palabra terremoto está presente aún en la población peruana, Rossana Reátegui recupera la riqueza de la oralidad mediante leyendas antiguas del Perú que narra a comunidades infantiles. Libros elaborados a mano por las arpilleras son su instrumento, trabajo artesanal traído a este país andino desde Chile en la década del 70.

Las historias que cuenta son representas con aplicaciones de figuras, previamente elaboradas, cosidas a mano sobre una tela base con personajes, animales y plantas, dándole un efecto tridimensional al conjunto, mezclando colores, texturas y bordados.

La sorpresa es el elemento principal a través del que Rossana contacta con niñas y niños: “Lo importante se que en las 5 ó 6 páginas de cada libro, atraídos por las texturas y colores de aplicaciones, bordados y telas, toquen, busquen, descubran. Me permite entrelazar palabra, imagen e interacción con el público”.

Manos que cuenta. Libros para leer y tocar es el resultado de un taller que realizó por tres meses con 22 arpilleras que emigraron a Lima desde Ayacucho, Cajamarca, San Martín (selva) y Yauyos, sobre todo de la sierra, y que viven en los barrios periféricos de Lima. Fue la opción que encontró en un país donde “la edición e ilustración de libros infantiles es escasa y de mala calidad”, integrando una colección de 7 textos con tradiciones orales andinas, de la costa y la región del Amazonas.

El antecedente del proyecto fue la experiencia de Rossana Reátegui en Río de Janeiro, lugar donde cada año trabaja desde 1998 con el proyecto Tapetes contadores de historias (www.tapetescontadores.com.br) en escuelas, festivales y bibliotecas con población infantil.

TRADICIÓN ORAL, UN RÍO

Lorena Best Urday pertenece a la comunidad de niñas y niños Warmayllu, asociación civil que desde hace 5 años realiza una propuesta de educación intercultural en escuelas rurales, urbano marginales y urbanas de Cajamarca, Andahuaylas, San Martín, Callao y Lima.

En cada uno de estos lugares la propuesta se desarrolla de acuerdo a las características, necesidades y particularidades de los contextos y culturas locales a través de un Programa de Capacitación Docente en escuelas pilotos con: proyectos de investigación del arte y cultura locales, la promoción de la Red Educación, Arte e Interculturalidad y la investigación para diseñar un currículo mejorado.

Mediante “la pedagogía del arte” una escuela puede convertirse, explica Lorena Best, en un puente que promueve la interculturalidad.

“Ya que este acercamiento y profundización en las diferentes culturas nos permitirá conocernos y nos llevará al encuentro de su esencia que se manifiesta a través de la oralidad y de la tradición oral, relatos entendidos como una forma en la que los distintos pueblos expresan su cosmovisión”, expone.

Para Best, con su explicación del mundo, de los sucesos cotidianos, la historia adquiere de esta manera sentido en las distintas culturas.

La Semana de la Leyenda y el Cuento, organizado por Warmayllu/Comunidad de Niños junto a la Red Educación, Arte e Interculturalidad, es el evento con el que –desde el 2004– en septiembre de cada año se lleva esta propuesta a escuelas de Cajamarca, Andahuaylas, San Martín, Callao y Lima.

“En el que se promueve el aprendizaje mutuo, respeto y cariño hacia la diversidad de culturas. Durante la Semana los docentes son preparados para guiar a los niños en investigaciones y recopilaciones sobre la tradición oral de sus comunidades o pueblos de origen de sus madres, padres y antepasados”.

Con estas historias contadas por un bisabuelo a una abuela que después la cuenta a un padre y que él cuenta luego a su hija, en los tres años que lleva la Semana de la Leyenda y el Cuento se han recopilado miles de libritos escritos e ilustrados por niñas y niños que “constituyen un aporte extraordinario a los estudios de tradición oral, ya que en cada uno de los escritos nos han legado su original percepción de las historias que les fueron transmitidas de generación en generación”.

Como respuesta a la riqueza de este material, Warmayllu/Comunidad de Niños, en convenio con la Dirección Nacional de Educación Bilingüe Intercultural (actual Dineib, ex Dinebi), publicó El Río de la Tradición Oral: pedagogía intercultural a través del arte y la oralidad, libro con una selección de relatos e ilustraciones recopilados y realizadas por menores de edad en castellano, quechua y ashaninka.

En el texto se pueden encontrar historias sobre lugares encantados, animales sabios, seres sobrenaturales; relatos de sucesos ocurridos en Perú que dan cuenta del terrorismo y de las guerras con Chile y Ecuador, los desastres naturales como el aluvión de Yungay en el terremoto de 1970.

También están saberes y señas vinculados a los fenómenos naturales, donde las y los niños transmiten sus conocimientos y cosmovisión sobre aspectos de la vida cotidiana: labores agrícolas, rituales de agradecimiento y permiso a la madre Tierra y la presencia de la muerte.

07/CV/GG

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