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En últimas dos décadas mueren 80 mil mujeres por cacu

Por Román González

Las 80 mil muertes de mujeres registradas en los últimos 20 años por cáncer cérvicouterino (cacu) son una factura pendiente de las autoridades sanitarias mexicanas, sobre todo si consideramos que a partir de 2001 (según las últimas estadísticas) se incrementaron al menos 15 por ciento.

Ni los gobiernos priistas ni el que actualmente preside Vicente Fox han podido revertir esta tendencia ascendente, que en los últimos años se ha incrementado en forma alarmante. La indolencia de las autoridades sanitarias hace que nuestro país ocupe uno de los primeros lugares en el mundo por muertes relacionadas con cáncer cérvicouterino.

De acuerdo con las cifras históricas disponibles, el promedio de muertes por cacu era de cuatro mil al año, pero a partir de 2001 se incrementó a cuatro mil 590.

Según las autoridades de salud, la meta para 2006 es que 80 por ciento de las mujeres tengan acceso a la prueba del Papanicolau. Con ello se elevaría la cobertura actual a más del doble, pues hoy sólo 33 por ciento de los 26 millones de mujeres de 25 años o más, es decir ocho millones 580 mil, tiene acceso a este estudio de laboratorio que ayuda a detectar este tipo de cáncer.

Ante la proximidad del Día Internacional de la Mujer, que se efectuará el 8 de marzo, las autoridades sanitarias se encuentran sin respuestas ni medidas para responder a esta situación.

En el Simposio El cáncer en México, realizado en el Colegio de México, Mauricio Hernández del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) reveló que a la Secretaría de Salud (SS) no le interesan los programas de prevención de cáncer.

Hernández señaló que investigadores de los institutos nacionales de salud pública han entregado programas específicos para prevenir el cáncer cérvicouterino, pero no han recibido respuesta: “Soy miembro de la SS, pero en particular a estos programas de prevención no se les pone el esfuerzo que se debe”.

Dijo que posiblemente no se cuenta con los recursos económicos necesarios, pero que 80 mil mujeres hayan muerto en los últimos 20 años, “es una tragedia nacional y lo que revela es que no existe interés en la salud de las mujeres”.

DEFICIENCIAS

En tanto, en una reunión convocada por la SS con el sector académico para enfrentar al cáncer cérvicouterino, la doctora Rita Sotelo Regil del Instituto Nacional de Cancerología (INCAN) reconoció que a pesar de las campañas realizadas durante los últimos 20 años, la disminución en la incidencia del cacu no ha sido significativa.

Explicó que este tipo de cáncer, se detecta sobre todo a través del Papanicolau, que permite observar lesiones precursoras del carcinoma invasor, sin embargo requiere de personal capacitado para su realización.

Sotelo Regil, abundó en la importancia de contar con personal capacitado para la toma de la prueba pues así se evitarían pruebas falsas, que en México llegan a ser hasta de 54 por ciento cuando lo aceptado internacionalmente es de 10 por ciento. Aunado a esto, sólo 20 por ciento de la población femenina en riesgo se somete a dicha prueba en tanto que la entrega de los resultados tarda en ocasiones más de cuatro meses.

DESIGUALDADES HISTORICAS

Investigaciones refieren que en México la prueba de Papanicolau comenzó a practicarse en 1949 en el Hospital de la Mujer. Sin embargo, su uso masivo se inició en 1974 con el Programa Nacional de Detección Oportuna de Cáncer (PNDC).

No obstante, el cacu sigue siendo uno de los principales problemas de salud pública del país y la principal causa de muerte de mujeres. Entre 1985 y 1995, la tasa de mortalidad por cacu en el país se incrementó de 7.7 a 9.6 mujeres por cada 100 mil, una de las más altas del mundo.

Además de la falta de recursos, el PNDC enfrenta el problema de la baja utilización de sus servicios debido, entre otros factores, a barreras culturales y geográficas, al trato que reciben las mujeres por parte del personal de salud, a la mala calidad de las muestras y de su interpretación y a la baja notificación de los resultados.

En 1996, los recursos dedicados a prevenir este tipo de padecimientos fueron utilizados para realizar tres millones 316 mil pruebas de Papanicolau, aplicadas en una población de 16 millones y medio de mujeres de entre 25 y 65 años de edad.

Esta cantidad resulta insuficiente si se considera que la norma oficial recomienda una prueba de detección cada tres años para las mujeres que presentan resultados negativos en sus dos citologías anuales previas.

Lo más lamentable que es la miles de muertes de mujeres que ocurren en nuestro país por este tipo de cáncer se podrían evitar mediante una política de salud que a todas vistas ha sido hasta ahora un fracaso.

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