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Enfrenta niñez jornalera explotación, accidentes y enfermedades

Los miles de niñas y niños mexicanos que trabajan en los campos agrícolas del país como jornaleros, a donde llegan con sus familias procedentes de las llamadas zonas de expulsión, están expuestos a pesticidas y abonos químicos aplicados a los cultivos, cuyos efectos pueden ocasionarles hasta la muerte.

Sobre el número de niñas y niños que se encuentran en esta situación no hay datos precisos, pero la Comisión de Desarrollo Rural del Senado de la República indica que existen un millón, y la Secretaría de Desarrollo Social asegura son 620 mil, con edades desde los 6 hasta los 17 años.

Procedentes principalmente de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz e Hidalgo, a la niñez jornalera se les puede ver laborando en los campos de Baja California, Durango, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Puebla, Tamaulipas, San Luis Potosí, Sonora y Sinaloa, principalmente.

Las y los niños se levantan en la madrugada, como toda la familia, porque inician su labor a las 6 ó 7. Se cubren la cabeza y la boca con trozos de tela, para protegerse del calor, del polvo y, dicen, para evitar que los agroquímicos que los empresarios ponen a los cultivos no los dañen.

Pero esta protección no es efectiva, pues muchos padecen dermatitis, intoxicaciones, quemaduras, anemias. Además de las insolaciones, deshidratación y los accidentes, que no son raros y les llegan a ocasionar mutilaciones o la muerte.

Martha Zárate, integrante de la Unión de Grupos Ambientalistas, dice que los pesticidas a los que se exponen las niñas y los niños en los campos agrícolas contienen piretroides, sustancias que atacan el sistema nervioso central, que puede causar parálisis e incluso la muerte.

Zárate enfatiza que para las niñas el riesgo por estas sustancias es grave, pues a largo plazo, cuando lleguen a ser madres el producto tiene la posibilidad de nacer con algún tipo de malformación genética debido al contacto con los venenos de los plaguicidas. Los niños podrían sufrir trastornos reproductivos, como esterilidad.

La especialista comentó que los pesticidas pueden producir diversos tipos de cáncer: en la piel, en la sangre y en el hígado.

Nashiely Ramírez, de la Red por los Derechos de la Infancia, indica que hay diferentes tipos de efectos a los plaguicidas, según la exposición.

Los efectos inmediatos son la intoxicación aguda y la hipersensibilidad. Y los efectos a largo plazo son la intoxicación crónica, problemas cardiovasculares, respiratorios, gastrointestinales, renales y oftalmológicos.

“Todos los plaguicidas son tóxicos y requieren de un manejo adecuado, pues los efectos se pueden adquirir a través del agua, aire, alimentos, ropa contaminada y por el tránsito de los campos en tratamiento”, puntualizó Nashiely Ramírez.

Desde hace más de una década, Patricia Díaz Romo alertó sobre la grave amenaza de los agroquímicos en las y los jornaleros agrícolas, incluidos los menores de edad, específicamente en Nayarit.

La exposición a estas sustancias es permanente, dijo, porque no sólo es el contacto que tienen con ellas en los sembradíos, sino a través del agua y los alimentos, pues reutilizan los envases.

Sin embargo, sus estudios y sus amplios esfuerzos por visibilizar el problema, aunque difundidos a través de diversas organizaciones, no han incidido en la situación de la niñez amenazada en su salud por los agroquímicos.

¿MÁS FUNCIONALES Y PRODUCTIVOS?

Nashiely Ramírez dice que es común que mujeres, niñas y niños sean contratados en las hortalizas porque “tienen las manos más pequeñas y funcionan mejor para la recolección más delicada”.

Además, según el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Óscar Loza Ochoa, por su edad, entre 6 y 14 años, son más ágiles en el corte y recolección, debido a su corta estatura, y son más productivos que a los adultos.

Los menores de edad, igual que los adultos ganan de 45 a 71 pesos diarios por jornada, según el tipo de cultivo y el volumen de la cosecha. Pero en muchos campos les pagan la mitad.

“Trabajan como esclavos, dice Ramírez, de la Red por los Derechos de la Infancia. Aunque, cuando no van a los campos se quedan inactivos, porque no hay propuestas integrales de protección y educación que eviten el aumento de adicciones, abusos sexuales y embarazos adolescentes.

MÁS NIÑAS JORNALERAS

La Encuesta Nacional de Empleo de 1999 (ENE 99) dice que en México existían 170 mil niñas y niños de entre 12 y 14 años de edad trabajando en los campos agrícolas. Eran niñas 37.861.

La Encuesta Nacional a Jornaleros Migrantes y del Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas (ENJM/PRONJAG) dice que 3 de cada 7 niños (entre 6 y 11 años) y 5 de cada 8 niñas que llegan se suman al trabajo asalariado en los campos.

LEYES INCUMPLIDAS

La Ley Federal del Trabajo establece que para emplear adolescentes de 14 a 17 años de edad se requiere el consentimiento por escrito de los padres o tutores, y un certificado médico de las niñas y los niños; lo cual generalmente no se cumple.

Además, la Ley fija sanciones económicas que van de tres a 155 veces de salario mínimo, sin importar el número de niñas y niños que trabajen en los campos, por eso a los propietarios no les inquieta cubrir la multa que puede llegar a 7 mil 400 pesos.

Recientemente, la Cámara de Senadores exhortó a la Secretaría de Desarrollo Social y a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social a atender las causas que originan la migración indígena campesina, así como prohibir la explotación laboral infantil.

Pero a pesar de leyes y acuerdos nacionales e internacionales que deberían proteger a la niñez mexicana de la explotación laboral, existe.

Una realidad que sólo se hace visible cuando algún niña o niño sufren las consecuencias del trabajo en su salud o cuando mueren.

Situación Nacional

350,000 abandonan cada año sus comunidades

50 por ciento son indígenas

45 por ciento registran desnutrición

90 por ciento no asiste a la escuela

50 por ciento de los que sí asisten a la escuela están en primero o segundo grado de primaria.

Fuente: Unicef

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