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Enfrentan discriminación y presión empresarial

Con todo y que Japón aprobó la primera ley de igualdad de oportunidades en 1985, Equal Employment Opportunity Law, las mujeres japonesas enfrentan discriminación y presiones empresariales.

Yukako Kurose se incorporó a la fuerza laboral en Tokio en 1986 esperando que esa ley le abriera las puertas al igual que a las demás mujeres jóvenes, sin embargo la promesa de su “carrera” en la oficina de la corporación en la que laboraba término hace 15 años cuando tuvo a su hijo, informó esta semana el New York Times (NYT).

Al narrar su historia, el diario precisa que mientras otros países desarrollados hacen progresos en la promoción de la mujer, el Japón no.

Kurose pasó por todas las promociones en la empresa donde trabajaba, se retiraba de la oficina a las 6:30 de la tarde para recoger a su hija en la guardería, luego vino su descenso para terminar como oficinista administrativa, hasta que finalmente se autodespidió.

“Las costumbres de trabajo japonesas casi hacen imposible para la mujer tener ambos: familia y carrera”, afirma Kurose, de 45 años de edad, quien hoy trabaja en otra compañía.

Desde que la Equal Employment Opportunity Law entró en vigor en el Japón, las mujeres aparecieron en las industrias, en la construcción y como taxistas, pero han tenido menos oportunidades para alcanzar posiciones de autoridad.

En 1985, indica el NYT, las mujeres japonesas sólo estuvieron en el 6.6 por ciento del manejo directivo de los trabajos en empresas y el gobierno, informó la International Labor Organization (ILO), agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Para 2005, el número se elevó al 10.1 por ciento, aun cuando la fuerza de trabajo de las mujeres representa 27 millones, cifra cercana a la mitad de la totalidad laboral en Japón.

En los Estados Unidos, en contraste, las mujeres ocupan cargos directivos en un 42.5 por ciento, dijo la ILO.

Los expertos dicen que los prejuicios es uno de los problemas que se presenta entre las mujeres japonesas. Además de las barreras a nivel nacional en la cultura de las corporaciones, particularmente en las expectativas de trabajo respecto a los horarios, que van desde la mañana hasta la media noche.

Estadísticas del gobierno japonés muestran que muchas mujeres abandonan sus trabajos entre los primeros años 20 y finales de los 30, edad en que empiezan a ser madres.

La tasa de natalidad japonesa ha disminuido rápidamente y está creciendo la preocupación porque de continuar así, perderán mucha potencialidad laboral.

“Si las expectativas de trabajo al día son de 15 horas, muchas mujeres no podrán hacerlo”, apunto Kuniko Inoguchi, integrante del gabinete de igualdad de género. “Japón está perdiendo la mitad de su poder cerebral como lo muestra laboralmente”, dijo.

Otro aspecto que resalta el NYT es el relacionado con la ley de igualdad, la cual no incluye castigo para las compañías que continúan discriminando a las mujeres.

Lo que pasa en el Japón “es una situación patética”, afirma Kumiko Morizane, director de la División de empleo igualitario del Ministerio de Trabajo en Japón, añadiendo que “es como en Pakistán, donde las mujeres cubren sus rostros pero tienen una primer ministra mujer”.

La ILO indica que a 20 años de la ley de igualdad de oportunidades japonesa, las mujeres reflejan poco progreso en dirigencia empresarial y compara al Japón con Filipinas, país que pasó de un 21.9 por ciento al 57.8 por ciento.

Otros datos son Estados Unidos que pasó de 35.6 por ciento a 42.5, Alemania de 25.8 por ciento a 37.3, Australia de 17.6 por ciento al 37.3, entre otros.

Como muestra de la cultura japonesa, el NYT reseña el caso de Takako Ariishi, hija única de empresario quien fue obligada por su padre a vestir como niño y no jugar con muñecas.

Al crecer, Takako se casó y tuvo un hijo. El padre heredó al nieto, no a su hija; sin embargo, tras su muerte ella decidió ocupar el cargo de su padre en la compañía donde trabajaba y denunciar la discriminación de ser la única mujer de 160 en la empresa Nissan: “Tengo que probar todo el tiempo que una mujer puede ser presidenta”, dijo.

Discriminación y desigualdad laboral que continúa en un país considerado “rico” y desarrollado.

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