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Estado mexicano no garantiza sana nutrición a embarazadas

Por la Redacción

En México el 20 por ciento de las mujeres embarazadas tiene desnutrición crónica, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut); es decir, no se respeta el cuarto derecho constitucional referente a la plena alimentación de todas las mexicanas.
 
Es en ese artículo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en el que se establece que toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad. Del mismo modo, obliga al Estado a garantizar la seguridad alimentaria de la población.  
 
Y es en la etapa del embarazo donde se debe prestar mayor atención en la alimentación de las gestantes, ya que de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), las mujeres embarazadas requieren de 2 mil 410 kilocalorías (kcal) diarias –unidad que mide la energía dada por cada alimento al cuerpo– frente a las 2 mil 210 kcal de una dieta normal.
 
En su informe de 2007, el relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, reconoció el derecho que toda persona tiene a una alimentación cuantitativa y cualitativamente adecuada, la cual debe garantizar una vida psíquica y física, satisfactoria y digna.
 
No obstante y de acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la desnutrición es una de las principales causas de muerte materna, de lactantes, y de niñas y niños en los países en desarrollo.
 
La Ensanut 2006 reporta que el número de personas de 20 a 49 años que padecen anemia y viven en el DF es mayor entre las mujeres (17 por ciento) que entre los hombres (10.2 por ciento).
 
Para evitar la desnutrición, la Secretaría de Salud (Ss) recomienda a las embarazadas incluir en su alimentación diaria cereales como  maíz, arroz y trigo; leguminosas como frijol, soya y lenteja, así como leche, queso, huevo, carne, fruta y verduras, lo cual en muchos casos no se logra.
 
Las gestantes requieren de un mayor número de alimentos para recuperar la energía que utilizan durante el embarazo. Por ejemplo, al momento del parto la mujer pierde entre 500 y mil mililitros de sangre, por lo que necesita nutrientes adicionales.
 
“A medida que la mujer se nutre a sí misma también nutre al feto en crecimiento”, explica la FAO, toda vez que la desnutrición de la embarazada no sólo le afecta a ella, sino también al producto.
 
Según el Population Reference Bureau (PRB), instituto estadounidense de investigación en salud sexual y reproductiva, la desnutrición crónica establece un patrón que se repite generación tras generación.
 
Es un ciclo que inicia con una mujer desnutrida, quien tendrá retraso en su crecimiento y una alta posibilidad de sufrir complicaciones durante el parto.
 
La gestante tendrá más riesgo de parir a una bebé con bajo peso, podría tener enfermedades o incluso morir, también correrá más riesgo de sufrir retrasos en su desarrollo emocional e intelectual y sería probable que sus músculos no crezcan lo suficiente.
 
Será una adolescente de baja estatura y a esa edad, si se convierte en madre –también desnutrida– iniciaría nuevamente este ciclo de la mala alimentación.
 
El PRB afirma que “invertir en nutrición es la mejor inversión en el mundo de hoy con serios problemas económicos, porque ésta se pagan por sí misma”, pues una alimentación completa en los primeros meses de vida de las hijas o hijos genera beneficios a las familias y a sus países.
 
El instituto estadounidense explica que cuando las niñas o niños están sanos son capaces de estudiar por más tiempo, lo que les permitiría culminar una profesión y obtener un mejor sueldo.
 
Sin embargo, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), 18.2 por ciento de la población mexicana vivía en pobreza alimentaria –incapacidad para obtener una canasta básica– en 2008, mientras que en 2010 el 24.9 por ciento de las y los mexicanos tuvo un acceso insuficiente a los alimentos.
 
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