Inicio ETS, la sexualidad “castigada”

ETS, la sexualidad “castigada”

Por Guadalupe Cruz Jaimes

En México, el 50 por ciento de personas seropositivas son menores de 25 años, de las cuales el 77 por ciento son mujeres de 15 a 44 años y el 22.2 por ciento son menores de 15 años. La mayoría fueron contagiadas por su pareja.

Las mujeres que contraen alguna Enfermedad de Transmisión Sexual (ETS) o que han sido infectadas del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) padecen también del estigma de la mala mujer, de lo impuro, lo sucio, sustentado en mitos judeocristianos, los cuales relacionan la sexualidad con “el pecado de la carne”.

La sexualidad femenina es estereotipada como lícita o transgresora. La sexualidad buena, según mitos construidos desde la religión, es la encaminada a la reproducción y se ejerce dentro del matrimonio, por lo que adquiere el carácter de institucional, heterosexual y monogámica.

El caso contrario es la sexualidad catalogada como perniciosa al poseer con fin el placer sexual y llevarse a cabo sin casamiento previo. A las personas que disfrutan de su sexualidad sin tener como meta la reproducción, los mitos les adjudican como castigo las ETS y el VIH-Sida. Pero de las 17.5 millones de mujeres infectadas con VIH en el mundo entre 60 y 80 por ciento contrajo el virus de sus esposos.

Las mujeres que viven con VIH traen a cuestas una mayor carga moral a comparación de los varones; debido a su condición de género su sexualidad ha quedado restringida y condicionada.

Las ETS en general les son conferidas socialmente a las mujeres que viven en prostitución, por lo cual las mujeres casadas o fuera de este sector no se consideran vulnerables a estos padecimientos.

El estigma social que recae en las mujeres señaladas como malas e impuras representa una barrera importante que les impide atenderse en el ámbito de su salud sexual.

Mientras las mujeres son discriminadas por tener vida sexual activa, en los hombres se resalta su virilidad.

La falta de atención médica puede desencadenar en daños severos para la salud sexual y reproductiva de la mujer, como: la infertilidad, el aborto espontáneo, la mortalidad prenatal, infección congénita, inflamación del útero y del cuello de éste, infecciones recurrentes y favorecer la posibilidad de infección por VIH.

El dolor abdominal, los flujos, la incomodidad y otros síntomas de ETS, son considerados como “normales” cuando en realidad representan factores de riesgo, los cuales requieren atención médica.

Biológicamente, las mujeres son más propensas a contraer ETS, debido a que la transmisión de hombres a mujeres es más eficiente que viceversa. Además en el sexo femenino no siempre se presentan síntomas.

Las amas de casa en relaciones estables y estructuras monogámicas son las más expuestas a contraer el virus, ya que viven en relaciones de subordinación, las cuales les impiden la negociación de relaciones sexuales protegidas.

Cuando se intenta negociar el uso del preservativo algunas mujeres son golpeadas, sufren insultos e incluso abuso sexual.

Otro factor de riesgo es que las mujeres han asimilado la idea de que el varón tenga uno o varias mujeres aún cuando esté casado. Esta situación se atribuye a la definición incorrecta de naturaleza masculina, en la cual un hombre debe ser: violento, libre sexualmente y quien gobierna la sexualidad femenina.

La mayoría de las mujeres infectadas ocultan su dolor, no lo expresa, por temor al rechazo social. Es frecuente que se hagan cargo del esposo enfermo y de la manutención de los hijos e hijas.

En el caso de las mujeres en prostitución sus miedos están encaminados a la sospecha de que están infectadas. El contagio implica desistir de la prostitución y con ello se pone en riesgo su subsistencia y la de sus dependientes (hijos, hijas u otros parientes).

06/GCJ/GG

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