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Fallas de laboratorio para detectar cáncer cérvico-uterino

Por Miriam González

Cada año mueren en México, 250 mil mujeres a causa del cáncer cérvico-uterino, los factores van desde una detección tardía de la enfermedad hasta una mala lectura de la laminilla del diagnóstico de laboratorio.

“Hoy se habla de un 60 por ciento de laminillas no leídas adecuadamente, lo que nos demuestra que no hemos avanzado en este rubro desde hace más de 5 años”, afirmó la doctora Mercedes Balleste, fundadora de la organización SIPAM.

Al participar en el programa de radio “Público y Privado”, primera producción radiofónica de la agencia Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), la especialista dijo que existe el problema de un mal diagnóstico en la mala lectura ó en la falta de capacidad del personal no certificado

Sostuvo que a pesar de que hay muchas iniciativas, campañas y la propia disposición de la mujeres para cuidarse y realizarse los estudios correspondientes, aún existe un fallo enorme en la calidad de la prueba.

Es decir, la responsabilidad es compartida: por un lado el mal servicio que se da en el sector salud, especialmente, por ser el lugar donde las mujeres de escasos recursos pueden acceder, y a nivel personal, pues culturalmente las mujeres pensamos y nos preocupamos por el cuidado de los demás y dejamos al final el cuidado de nuestro cuerpo, agregó la representante de SIPAM.

Otro de los factores, continuó, es la calidad en la forma de la toma del Papanicolau, pues hay todo un procedimiento en el que se ha demostrado que puede haber errores desde la misma toma de la muestra por lo que se pierde la detección de células en la etapa primaria, hasta la fijación que se hace en la laminilla y su transporte.

Cada día se están precisando más las técnicas para la detección del cáncer cérvico-uterino, se habla de pruebas que permitirán una mejor lectura desde cuestiones moleculares hasta la colposcopia.

Pero hoy se cuenta ya con una vacuna preventiva contra las cepas altamente agresivas, para evitar que el VPH 16 y 18, los más agresivos, se desarrollen y desencadenen en un Cáncer. Consiste en tres dosis, una inmediata, otra transcurridos dos meses y una final a los seis meses, planteada para aplicarse en niñas desde los 9 y 10 años, añadió.

Sin embargo, aún falta tiempo para que se distribuya en el sector salud de manera masiva, pues sólo existen dos laboratorios que cuentan con ella, por lo que su adquisición se mantiene hasta hoy en el ámbito privado, concluyó.

06/MG/LR/CV

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