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Fallece el Tatic Samuel Ruiz

Por Anayeli García Martínez

La muerte del obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García, deja un vacío en la promoción de los Derechos Humanos de los pueblos indígenas, de una ideología en favor de la liberación de los oprimidos y la promoción de la dignidad de las mujeres como sujetos de derechos ante la Iglesia y la sociedad.

De acuerdo con personas allegadas al Obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, acaecido este día en la Ciudad de México, su muerte representa un reto para las personas que conocieron su trabajo porque ahora les toca a ellos continuar con su legado y con la promoción de una Iglesia abierta al mundo y servidora del pueblo.

Reconocido como un promotor de los Derechos Humanos y de las causas justas, desde antes del 1 de enero de 1994 cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional tomó varias cabeceras municipales de Chiapas y declaró la guerra al gobierno mexicano, el Obispo Samuel Ruiz simpatizaba con la demanda de los pueblos indígenas oprimidos.

Sin embargo fue gracias a su intervención en la Comisión Nacional de Intermediación (Conai), que el “jitatik” (padre en tzotzil) afirmó: “A donde quiera que se encaminen mis pasos, desde este momento hacia el futuro, mi corazón esta en Chipas”, frase que brindó solidaridad a la gente de conflicto armado en Chiapas y que se hizo realidad pues ahí será su funeral.

Para Víctor Hugo López, integrante del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba), una Organización Civil fundada en 1989 por iniciativa de Samuel Ruiz García, una de sus principales aportaciones fue defender los Derechos Humanos desde una convicción teológica responsable.

En opinión de Marta Figueroa Mier, presidenta del Colectivo de Mujeres de San Cristóbal (Colem), aunque el Obispo Samuel Ruiz no estaba de acuerdo con el aborto, “fue bastante coherente” escuchando a las mujeres y apoyando sus demandas y entendiendo la violencia que se ejerce contra ellas, en especial en contextos de militarización.

“Su liderazgo y carisma dejaron una fuerte influencia”, junto con el periodista Miguel Ángel Granados Chapa y el escritor Carlos Montemayor, quien murió el 28 de febrero del año pasado, fue defensor de quienes defendían sus derechos. Pero además innovó en la Iglesia al permitir que los indígenas y que las mujeres fueran diáconos, un nombramiento que la Iglesia hace para que una persona pueda guiar a otras en la ideología católica.

El también fundador de SERAPAZ, una organización civil que promociona la paz, en 1975 convocó la primera de las Asambleas Diocesanas, que se han venido desarrollando sin interrupción hasta la fecha, y en 1975 inició la promoción del Diaconado Permanente sobre todo entre los indígenas.

El obispo Samuel Ruiz, quien nació el 3 de noviembre de 1924, en Irapuato, Guanajuato, también participó activamente para esclarecer la matanza de Acteal ocurrida el 22 de diciembre de 1997 y donde condenó la muerte de 45 indígenas tzotziles, 19 de estos mujeres, pero además alzó la voz por las cuatro que estaban embarazadas.

Aunque tuvo diferencias con algunas feministas, aprendió a entender la visión de las mujeres, señala Figueroa Mier; por ello la activista se unió a organizaciones como Amnistía Internacional, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional y la Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quienes lamentan la pérdida de un activo defensor de los Derechos Humanos.

11/AGM/RMB

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