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Faltan estudios y prevención de VPH en mujeres jóvenes

Por Aranzazú Ayala Martínez*
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Desde hace dos años, un equipo de investigación del Centro de Detección Biomolecular de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) hizo un seguimiento a 170 mujeres de entre 18 y 25 años, buscando la presencia del Virus del Papiloma Humano (VPH). Un tercio tenía el virus, pero ninguna de ellas se había hecho antes el examen que lo detecta, el Papanicolau, pese a ser sexualmente activas. Ninguna de las 170 mujeres sabía o creía que lo necesitara.
 
La directora del Centro a cargo de la investigación, doctora Lilia Cedillo Ramírez, dijo que casi no hay estudios del VPH en mujeres jóvenes, principalmente en menores de 30 años, pues se asume que por la edad tienen una respuesta inmune muy eficaz y eliminan al virus con facilidad. Informó que la mayoría contrae el VPH cuando empiezan su vida sexual, pero su propio cuerpo lo desecha al cabo de un año, aunque no todas tienen la misma respuesta inmunológica.
 
A las jóvenes que resultaron positivas al VPH se les hicieron estudios para saber si ya tenían algún tipo de daño asociado con el virus. Alrededor de un tercio tenía el tipo más leve, llamado “NIC 1”, que es una leve alteración de las células epiteliales del cuello uterino, generalmente con un crecimiento anormal. La doctora Cedillo explicó que aunque esta alteración no es grave, si no se atiende a tiempo, al cabo de varios años podría desarrollar Cáncer cérvico uterino (CaCu). Las pacientes que presentaron esta lesión tuvieron información y tratamiento para prevenir más lesiones en el futuro.
 
De acuerdo con datos del Centro de Epidemiología de la Secretaría de Salud (SS), durante 2016 en Puebla se diagnosticaron 679 casos de VPH: 555 fueron en mujeres y 124 en hombres, lo que confirma que es mucho mayor el número de mujeres infectadas, aunque los hombres son los portadores del virus. Pese a estas cifras, no hay campañas centradas en mujeres jóvenes, que enfaticen la importancia de la prevención para evitar que una lesión leve se convierta en grave o incluso en cáncer, por no ser detectada a tiempo.
 
Para el estudio, realizado también por la maestra Elda Carrión, la estudiante de posgrado Diana Icea y la ginecóloga Virginia Ortega, así como por el alumno de la maestría en Microbiología de la BUAP, Enrique Rodríguez, no fue tan fácil conseguir las muestras.
 
La doctora Cedillo dijo que en este caso las jóvenes estaban asintomáticas, por lo que persistía la idea de “si estoy sana para qué quiero hacerme un estudio”. De toda la población analizada, casi una novena parte tenía una lesión en etapa temprana, y no se hubiera enterado para su atención oportuna de no haber participado en el estudio.
 
NI CAMPAÑAS, NI EXPLORACIÓN
 
La integrante del Observatorio de Derechos Sexuales y Reproductivos (Odesyr), Cinayini Carrasco, dijo en entrevista para LADO B que hay mucha desinformación en torno al virus, pues si bien no todas las cepas están ligadas al cáncer, algunas se asocian con la aparición de condilomas (una especie de verrugas) y otras son totalmente asintomáticas.
 
El problema también tiene que ver con la falta de autoconocimiento del cuerpo, dijo Carrasco. “No nos exploramos, no nos revisamos; los médicos generalmente te recomiendan el Papanicolau hasta que tuviste un hijo o después de los 30 años, y si no te encuentran, el estudio es cada 3 años”.
 
Las políticas públicas que existen se centran en la vacuna, pero no explican que ésta sólo protege contra ciertos genotipos más agresivos. Tampoco hay conocimiento sobre el uso del condón femenino, que es más eficaz en la protección contra el VPH porque recubre la vulva y evita todo tipo de contacto, pues el virus se contagia por contacto de piel con piel.
 
La doctora Lilia Cedillo también encontró mucha desinformación durante el transcurso del estudio al grupo de las mujeres. “Primero sienten que no pueden tener el virus, dicen que no, y cuando ya lo tienen como que entran en shock y dicen, me va a dar cáncer. Pero no, una tiene que decirles que no en todos los casos, que hay tipos de alto y bajo riesgo, uno se da cuenta de que hay mucha desinformación todavía en el sentido de la prevención de enfermedades”.
 
Del Centro de Análisis, Formación e Iniciativa Social A. C. (CAFIS), Natalí Hernández Arias coincidió con la doctora Cedillo en que se hace una asociación directa del virus con el cáncer, todo esto debido a que no se tiene la información correcta. En su opinión faltan estrategias de sensibilización para que las personas no se infecten, pues lo único que hay son estrategias de atención enfocadas en campañas de vacunación.
 
“En general no hay educación sexual, no hay campañas respecto a la salud sexual y reproductiva, muchas personas no saben cuáles pueden ser los riesgos de mantener relaciones sin protección y dejan pasar mucho tiempo para acudir a alguna revisión médica en general”, dijo.
 
El VPH tiene un periodo de incubación de entre tres meses y 25 años, aunque para que una lesión se convierta en cancerígena el tiempo promedio es de diez años, por lo que es muy importante que las mujeres se hagan el Papanicolau al menos una vez al año en cuanto empiecen su vida sexual, recomendó la ginecóloga de la Clínica de Displasia del Hospital Universitario, Marina López Vázquez.
 
Según López Vázquez, 80 por ciento de las mujeres con vida sexual activa ha estado en contacto con el virus, pero las menores de 25 años tienen la posibilidad de eliminar por sí solas la infección. Actualmente se están haciendo acuerdos para normar los manejos a las pacientes, tomando como base la Norma Oficial Mexicana NOM-014, para evitar que haya tratamientos exagerados y abonar a la cultura de la prevención.
 
 
LOS GENOTIPOS EN EL LIMBO
 
De los más de cien genotipos que se conocen del virus, alrededor de 30 están considerados de alto riesgo, entre 30 y 35 son de bajo riesgo, pero hay otros 40 tipos de los que no se sabe si están asociados o no al cáncer, porque no siempre aparecen en los análisis, explicó la doctora Cedillo.
 
La diferencia es que los de alto riesgo son capaces de sintetizar proteínas relacionadas con el cáncer y los de bajo riesgo no.
“El problema es que bajo determinadas circunstancias un genotipo puede o no, o sea la información genética la tiene para producir esas proteínas, pero en un momento dado no lo hace. Entonces hay condiciones que favorecen lo que se llama la expresión de esas proteínas relacionadas con el cáncer”, dijo la especialista.
 
En el estudio encontraron la persistencia de los genotipos 90 y 91, que pertenecen a este grupo que está en el “limbo”. De estos dos no hay mucha información, pero el Instituto Nacional de Cancerología (Incan) tiene un trabajo previo que obtuvo resultados parecidos al del Centro de Detección Biomolecular de la BUAP, y también hubo un análisis en Yucatán donde aparecieron estos genotipos. Primero pensaron que era al azar, pero al conocer lo que encontraron los científicos de la BUAP ya consideran la posibilidad de que haya un patrón.
 
Por ello la segunda fase de la investigación continúa con el monitoreo y análisis de mujeres con lesiones más avanzadas, para buscar la asociación de los genotipos 90 y 91 con diagnósticos graves.
 
*Este artículo fue retomado del portal ladobe.com.mx
 
17/AAM/GG

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