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Fin de la campaña

Por Cecilia Lavalle

Ayer concluyó la campaña. Y no me refiero a la campaña política por la presidencia de la República. ¡Qué más quisiera! Me refiero a una campaña que visibiliza la lucha de muchas mujeres por el derecho a vivir una vida sin violencia. Le cuento:

Año con año, desde hace catorce, se lleva a cabo la campaña “16 Días de Activismo contra la Violencia hacia las Mujeres”. Se trata de una propuesta que en 1991 inició el Centro de Liderazgo Global de las Mujeres (CGWL), y a la que, desde entonces, se suman cientos de organizaciones defensoras de los derechos humanos de las mujeres.

Inicia el 25 de noviembre, Día Internacional de No Más Violencia hacia las Mujeres y culmina el 10 de diciembre, día que se conmemora la firma, en 1948, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero incluye otras fechas que conviene no olvidar, como el 29 de noviembre, cuando desde el Parlamento Europeo la diputada Emma Bonino propuso convocar un día internacional de lucha contra la mutilación genital femenina; el 1 de diciembre Día Mundial de Lucha contra el Sida; y el 6 de diciembre, aniversario de la masacre de Montreal, cuando un hombre disparó a 14 universitarias por ser feministas.

La campaña pretende fomentar y apoyar la movilización de la sociedad civil para denunciar las distintas expresiones de violencia en contra de las mujeres, y crear una clara conciencia social de que la violencia basada en el género es un problema de derechos humanos. Yo no sé cuál sea el balance de las promotoras de esta campaña, pero parece que necesitaremos muchas más.

En México, por ejemplo, es verdad que podemos hablar de una mayor conciencia en la sociedad con respecto a esta grave problemática. Podemos afirmar que, a diferencia de hace unos años, ya casi nadie cree que la violencia intrafamiliar es un problema doméstico. Podemos aplaudir que los movimientos de mujeres organizadas hayan logrado que se modifiquen leyes en algunos estados de la República para tipificar la violencia intrafamiliar como un delito, o para elevar las penas a quienes agraden de distintas maneras a las mujeres.

Podemos enorgullecernos de que muchas valientes mujeres se han organizado para edificar refugios y brindar ayuda y apoyo a mujeres que padecen violencia. Podemos apreciar que cada vez hay más hombres sensibles a esta problemática y trabajan desde distintos ámbitos para contribuir a prevenirla y erradicarla. Cierto.

Pero entonces, ¿porqué las cifras no decrecen? ¿Por qué ha aumentado la violencia contra las mujeres? ¿Por qué pese a todo el escándalo nacional e internacional Ciudad Juárez sigue siendo una especie de emblema de la violencia contra las mujeres? ¿Por qué otros estados de la República Mexicana ya registran cifras dramáticas de asesinatos contra mujeres? ¿Por qué hay muchas otras ciudades donde la violencia contra las mujeres ha aumentado en los últimos cinco años? ¿Por qué con harta frecuencia la justicia no llega, ni pronta ni expedita ni nada?, ¿por qué ahora, más que antes, muchísimas mujeres sentimos más temor por nosotras, por nuestras hijas, por las mujeres de nuestro país?

Parece que una de las claves es la omisión del gobierno. Es este teatro en el que cada vez más políticos incorporan en su discurso que están en contra de la violencia hacia las mujeres, aunque no muevan un dedo para evitarla, combatirla o prevenirla. Tan es así que hay una nueva palabra para definir la problemática: feminicidio.

La palabra fue acuñada por la destacada antropóloga Marcela Lagarde, actualmente presidenta en la Cámara de Diputados de la Comisión especial para conocer y dar seguimiento a las investigaciones relacionadas con los feminicidios en la República Mexicana. De acuerdo con ella, “El feminicidio es el genocidio contra mujeres y sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres”.

Afirma Lagarde: “En el feminicidio concurren, en tiempo y espacio, daños contra mujeres realizados por conocidos y desconocidos, por hombres violentos, violadores y asesinos individuales y grupales, ocasionales o profesionales… Sin embargo, todos tienen en común que las mujeres son usables, prescindibles, maltratables y desechables”.

Y prosigue: “Para que se dé el feminicidio concurren de manera criminal el silencio, la omisión, la negligencia y la colusión de autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes. Hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad, en la casa ni en los espacios de trabajo de tránsito o de esparcimiento. Más aún, cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones. Por eso el feminicidio es un crimen de Estado”.

Aunque por este año la campaña haya terminado, todo indica que a la lucha por una vida sin violencia contra las mujeres le falta mucho para concluir.

Apreciaría sus comentarios: [email protected]

*Periodista mexicana

05/CL/YT

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