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Flor María Rigoni, Premio Nacional de Derechos Humanos 2006

Por Lourdes Godínez Leal

Los centenares de mujeres, hombres y ahora niñas y niños, que a diario salen de sus países o estados de origen con la ilusión de llegar a Estados Unidos, y que durante su difícil trayecto se enfrentan a golpizas, asaltos, violaciones sexuales, extorsiones, persecución e incluso hasta la muerte, han encontrado en las Casas del Migrante, un lugar de reposo donde se les brinda cobijo, atención médica, comida y ropa, pero sobre todo, calidez humana.

Actualmente existe una red de casas del migrante conocidas con diferentes nombres –alrededor de 46– distribuidas en varias partes de la República como Hermosillo, Tampico, Matamoros, Piedras Negras, Saltillo, Nuevo Laredo, Tijuana, Ciudad Juárez, Veracruz, Oaxaca y la Ciudad de México.

Los albergues o casas, en su mayoría, son atendidos por órdenes religiosas y voluntarios que brindan un hogar –aunque sólo sea por tres días– a las y los migrantes en su peregrinar hacia los Estados Unidos, después de varios días sin probar alimento ni agua.

Según un reporte de la organización civil Frontera con Justicia AC, una de las rutas más comunes que sigue la población migrante es la conocida como Ruta Arriaga, ( al sur de México) cuya extensión es de 120 kilómetros y cuyos caminos y atajos conducen a distintos poblados de los estados de Chiapas, Veracruz y Oaxaca.

Aunque no es la única ruta, es la más utilizada por migrantes centroamericanos, quienes aprovechan el paso de los trenes de carga para iniciar su camino hacia la frontera, que los acerca a Saltillo, en Coahuila y que los “encamina” a uno de los albergues o casas del migrante que se encuentran en este estado, mejor conocidos como Belén.

Actualmente, de acuerdo con información de la organización civil Sin Fronteras, hay un crecimiento de los flujos migratorios tanto de población mexicana que sale como de extranjeros que entran, que estima, a mediano plazo, no bajará sino aumentará.

Además del aumento de flujos migratorios de adolescentes no acompañados que migran a otras ciudades.

ORIGEN DE LAS CASAS DEL MIGRANTE

Desde 1985, los misioneros de San Carlos Scalabrinianos, se dieron a la tarea de acoger y hospedar a migrantes, abriendo la primera casa del migrante en Tijuana, en Baja California, luego en Ciudad Juárez, en Guatemala, Chiapas y en Sonora.

Son básicamente unas casas donde las y los migrantes descansan, se les alimenta, se les atiende médica y espiritualmente y se les orienta sobre sus derechos humanos.

La Red de Casas del Migrante Scalabrini nació en diciembre de 1999 por iniciativa de los Misioneros de San Carlos Scalabrinianos y trabaja conjuntamente con iglesias, ONG y otras casas, en la promoción integral de las y los migrantes en su aspecto humano, cultural, social y espiritual.

Este día, el sacerdote Flor María Rigoni, de la casa Belén (una de las de la red), en Tapachula, Chiapas, recibirá el Premio Nacional de los Derechos Humanos 2006, por su labor en defensa de los derechos humanos de la población migrante.

06/LGL/GG/CV

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