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Gloria, mi mejor amiga

Por Teresa Luna Correón

Gloria es mi mejor amiga desde que íbamos a la preparatoria. Entonces ya presentaba signos de baja autoestima, a pesar de tener muy buenos pretendientes. Ella siempre se vio al espejo como una mujer fea, sin cara y sin cuerpo. Andrés le decía que un palo de escoba era más atractivo que ella. Nunca pensé que soportaría los 10 años que duró su noviazgo y menos imaginé que llegaría a casarse con ese tirano.

De grandes ojos negros, mi amiga es una mujer autosuficiente, hoy en día, económicamente independiente, con una profesión y un negocio propio, tiene dos pequeños hijos: un varón y una nena, a la que Andrés por supuesto rechazó cuando se enteró del sexo, “mujer, para qué, para que venga un imbécil y la deje embarazada” dijo al tenerla por primera vez entre sus brazos.

Mi padre suele recordarme en un tono de burla, cuando traigo el caso de Gloria a la conversación familiar, que un día el mentado Andrés también quiso golpearme cuando le reclamé el trato que le daba a mi amiga. Pero eso no pudo haber sucedido porque yo sí le hubiera plantado dos o tres cachetadotas, o por lo menos me hubiera defendido y no le hubiera permitido jamás que me diera un mal trato.

Gloria se distanció conmigo un tiempo, siempre que le decía que mandara a su marido a la fregada, que para qué lo necesitaba si no fuera para golpearla y humillarla Siempre le aconsejé que lo dejara y me evadía, hasta el día que me reprochó que yo era divorciada y que quería que todas las mujeres lo fueran también, o sea que ninguna se realizara ni fuera feliz ,según ella.

Mi mejor amiga no sabe que la felicidad nace dentro de una, de la satisfacción de hacer las cosas por ti misma, de lograr tus metas personales y profesionales, de ver tus sueños realidad, de volar tan alto como tu te lo propongas, sin necesidad de depender de otra persona, pero eso no se lo he podido decir (no se cómo), solo le repito que ella no merece una vida tan triste, ni un compañero tan miserable como el que tiene.

A la pobre no le bastaron 10 años de noviazgo para convencerse que ese hombre no la merecía, que ella es mucha pieza para él, como solemos decirnos entre amigas para transmitirnos un poco de valor y poder tomar la decisión correcta de cambiar el rumbo de nuestras vidas y tratar de mejorarla; ha sembrado sus esperanzas en que él cambiara y por eso a su cuenta lleva otros 10 años más de matrimonio, entre gritos, amenazas y falsas promesas.

Me da tanto coraje oírla decir que su marido no es un hombre malo. Cómo le explico sin lastimarla que no la quiere y que nunca la ha querido, porque el amor es compañía, acompañamiento, apoyo, ternura, pasión, buena voluntad y no las atrocidades que la obliga hacer, el muy desfachatado.

Cuando me contó lo de Insurgentes casi me muero, porque al fulano le excita ponerla en riesgo con el pretexto de que sea una puta, le pidió que se vistiera como tal y la dejó en una esquina conocida por esta vieja costumbre, se desapareció una hora y mientras mi amiga, además de morir de frío, moría de miedo, todo según ella para darle gusto y salvar su matrimonio.

No sé qué fue peor, eso o el tatuaje que le pidió se pusiera donde la columna cambia de nombre. Por ingenua o por ignorante a ella nada le importó, ni su propio hijo de 8 años, quien al descubrir la marca se decepcionó tanto de ella que lloró inconsolablemente. Fue por accidente lo del descubrimiento pero de seguro el pequeño nunca lo va olvidar.

Mi mejor amiga no sabe cómo desengancharse de esa relación, ni siquiera está segura de querer hacerlo. Por lo menos ya se atiende con una terapeuta especialista que la está ayudando a reconocer sus fortalezas y debilidades, a amarse y valorarse; ojalá no deje pasar otros 20 años más para cambiar el rumbo de su vida y la de su hijo e hija, ojalá renuncie a vivir una vida con violencia.

06/TL/GG

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