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Guerrilleras del FLN, precursoras de la lucha por la justicia

Por Anaiz Zamora Márquez
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Al finalizar la década del 60, surgieron en México las Fuerzas de Liberación Nacional –antecesoras del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)–, grupo guerrillero que desde la clandestinidad buscó crear un frente en contra del gobierno mexicano, que no toleraba la libertad de pensamiento y cualquier disidencia por una vida más justa y digna.
 
De todos los movimientos armados que surgieron en los años 60 y 70, las FLN se caracterizaron por ser la única organización político-militar que se autofinanciaba con las contribuciones mensuales de sus integrantes, por lo que no realizaba asaltos, ni secuestros para obtener fondos.
 
Mujeres estudiantes de preparatoria y universidad se unieron a las FLN convencidas de que la construcción de una sociedad más justa y equitativa sólo sería posible si se enfrentaba con las armas al Estado mexicano.
 
Estas jóvenes abandonaron sus casas, familias y escuelas para vivir en la clandestinidad junto con sus compañeros, y se convirtieron en revolucionarias.
 
Dení Prieto Stock, Elisa Irina Sáenz Garza y Julieta Glockner son tres mujeres que se unieron a las FLN y perdieron la vida en combate contra el Ejército, y luchando contra el autoritarismo, la injusticia social y la impunidad, emblemas del Estado mexicano. 
 
Sus historias de lucha y de vida están plasmadas en el libro “Guerrilleras”, compilado por la integrante de la desaparecida guerrilla Liga Comunista 23 de Septiembre, María de la Luz Aguilar Terrés.
 
JUVENTUD REBELDE
 
Hija de Carlos Prieto y la comunista Evelyn Stock, Dení Prieto Stock fue reclutada por las FLN en 1973; tenía tan sólo 18 años de edad cuando saltó a la clandestinidad de la guerrilla.
 
Su familia –quien le dio su apoyo incondicional– tuvo que mentir a sus conocidos y decir que haría estudios de enfermería en Estados Unidos.
 
Durante su estancia en la casa de seguridad, en San Miguel Nepantla, Estado de México, Dení aprendió a disparar armas y contrajo matrimonio con su compañero, Raúl Sergio Morales.
 
El 14 de febrero de 1974, cuando tenía 19 años, Dení fue acribillada por policías judiciales y militares. La madrugada de ese día, de manera desproporcionada, 100 pistolas de los agentes del Estado se enfrentaron con apenas siete armas de las FLN.
 
El cuerpo de la joven fue primero enterrado en una fosa común del Panteón Dolores, en la Ciudad de México, pero años más tarde su familia pudo recuperar sus restos, aunque nunca se tuvo la certeza de que la osamenta rescatada fuera realmente de ella.
 
Elisa Irina Sáenz Garza, originaria de Monterrey, Nuevo León, fue la primera mujer que llegó al estado de Chiapas al núcleo “Emiliano Zapata” (base de entrenamiento de las FLN).
 
El 21 de marzo de 1974 fue detenida-desaparecida junto con su esposo, Raúl Enrique Pérez, en Ocosingo, Chiapas, por soldados del 46 batallón de infantería del Ejército mexicano.
 
Desde esa fecha no se sabe nada de ella, pero en sus expedientes –fechados en 1980– la extinta policía política (la lúgubre Dirección Federal de Seguridad) anotó que había muerto ese año, por lo que quienes se han dedicado a rescatar la historia y exigir justicia por los delitos cometidos durante la llamada “Guerra Sucia”, consideran que el Estado mexicano la mantuvo seis años en un calabozo del Campo Militar Número 1.
 
Antes de sumarse a las FLN, Julieta Glockner participó activamente en el movimiento estudiantil de 1968. Tras la matanza estudiantil del 2 de octubre de ese año, acudió cada semana a la penitenciaria de Lecumberri, en esta capital, para manifestar su apoyo a sus compañeros detenidos.
 
En 1971 decidió abandonar su vida pública e incluso dejar al cuidado de su madre a su hijo de entonces cinco años de edad, para unirse a la lucha armada que germinaba en la clandestinidad.
 
“July” –como la llamaban sus compañeros de lucha– perdió la vida el 7 de febrero de 1975 en un enfrentamiento con el Ejército en la ciudad de Cárdenas, estado de Tabasco.
 
“La única batalla que no debemos permitir que nos sea arrancada, es precisamente la de la memoria, la historia y el recuerdo”, escribió el periodista e historiador Fritz Glockner, al rescatar la historia de su tía Julieta.
 
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