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Habló Lipovetsky sobre metamorfosis de la identidad femenina

Por Adriana Rodríguez González

A pesar de los movimientos feministas y la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado, todavía se está muy lejos de que mujeres y hombres tengan las mismas oportunidades de alcanzar el poder, señaló el filósofo francés Gilles Lipovetsky.

Durante la conferencia La metamorfosis de la identidad femenina, celebrada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo que muchas mujeres, a pesar de tener la misma preparación que sus compañeros, se proyectan de manera diferente.

Así lo reveló una encuesta realizada a jóvenes universitarios en Europa, en donde se les preguntó cómo se vislumbran en diez años. Las universitarias señalaron que seguramente se convertirían en una ejecutiva promedio, mientras los varones se veían como futuros presidentes de empresa.

Según Lipovetsky, incluso en los países nórdicos, donde las mujeres ocupan un lugar muy importante en la sociedad, existe un nivel muy bajo de participación femenina respecto a los cargos de alto nivel.

En Europa, los consejos de administración ocupados por mujeres sólo representan el 8 por ciento del total, mientras que en Estados Unidos y Francia lo desempeñan un 6 y 3 por ciento, respectivamente.

El investigador indicó que a raíz de un estudio realizado sobre las mujeres modernas, a lo largo de la historia han existido tres tipos de mujeres: la primera es aquella que se encontró sometida totalmente al hombre durante los primeros años de la humanidad, la que carecía de cualquier derecho, entre ellos, ejercer su opinión, prepararse académicamente y desempeñar una labor fuera del hogar.

La segunda mujer es a quien se le reconoce su labor de esposa y madre, pero aún no se le ve como un ser con los mismos derechos.

Finalmente, la tercera mujer ya no desea ocupar el lugar del hombre ni ser como él, busca su propia identidad y, pasó de un feminismo victimizado a otro más individualizado que no diaboliza al hombre. Expresa su feminidad sin perder libertad, como sucedía en años pasados, ni se lamenta por ser del sexo femenino.

Sin embargo, indica que esa nueva autonomía tiene un precio, que se acompaña de nuevos conflictos, como ¿qué hacer con su vida?, ¿cómo organizarla?, ¿cómo manejar la vida profesional con lo sentimental y la maternidad?

El filósofo dijo que muchas feministas radicales no están de acuerdo con dicho estudio, pues en él señala que persisten valores como la belleza -las mujeres siguen preocupándose por su apariencia- y los roles tanto en el hogar como en las relaciones amorosas no han sufrido grandes transformaciones, a pesar de las revoluciones ocurridas en los años sesenta y setenta.

Finalmente comentó que podría hablarse también de un tercer hombre que se desligue de todo comportamiento machista que no ejerza la dominación por la violencia.

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