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Haití: Niñas y adolescentes como esclavas domésticas

Por Narce Santibañez Alejandre

“Tengo diez años y como cuatro de ser esclava doméstica. Casi siempre me despierto a las cinco y me acuesto a las siete. En la mañana trabajo y en la tarde voy a la escuela. A mí me toca traer agua, limpiar la casa, traer leña y cocinar. Pero este trabajo no me gusta; es muy duro.

En la mañana voy por lo menos unas cinco veces a buscar agua…

Pero me duele la cabeza… y los hombros. Yo le digo a la familia, pero no dicen nada… Tampoco me dan nada, solo comida… En la mañana trabajo y en la tarde voy a la escuela.

Lo que menos me gusta es que me peguen; me dan puñetazos, me gritan, me echan de la casa… Yo no me quiero quedar aquí. Quiero ir a vivir con mi papá. Le dije cómo me trataban y él me dijo que me quería mucho, pero que no tenía dinero para mandarme a la escuela”.

Así lo expresa Luisa, una niña haitiana en la publicación “Niñas y niños que trabajan como esclavos domésticos”, de la organización Visión Mundial.

El testimonio es una radiografía de la vida de las niñas y adolescentes haitianas antes del terremoto del pasado 12 de enero. Y, después de la tragedia la situación se agudiza, pues muchas de ellas quedaron en orfandad y expuestas a ser víctimas de algún tipo de explotación laboral o sexual.

Visión Mundial, considera que la “domesticidad infantil” que se observa en Haití es considerada una de las peores formas de trabajo infantil.

Ante ello, y después de la emergencia se dice que las niñas, niños y adolescentes tienen un futuro incierto.

Previo a la tragedia, el trabajo doméstico infantil ya era una práctica aceptada en Haití. Se calcula que entre 120 mil y 174 mil personas menores de edad eran “trabajadores domésticos”, es decir, el 8.2 por ciento de las niñas y niños haitianos de entre 5 y 17 años. De ellos, 134 mil no llegan a los 14 años, el 59 por ciento son niñas y el 41 por ciento son del sexo masculino.

Pese a estas cifras, parece haber consenso en que el verdadero número de menores de edad que practican la “domesticidad infantil” en Haití llega a 250 mil. La mayoría proviene de áreas rurales, las tres cuartas partes son mujeres de entre 10 y 17 años, y algunos podrían tener tan solo cinco años.

USOS Y COSTUMBRES

Además de los factores socioeconómicos, los valores socioculturales desempeñan un papel importante en la alta incidencia del trabajo doméstico infantil. Décadas atrás, las familias de escasos recursos “entregaban” a sus hijos a las familias adineradas de la capital con la esperanza de que recibieran una buena educación y ascendieran en la escala social.

De acuerdo con el Programa Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil (IPEC), de la OIT, hoy día, sin embargo, por lo general son las familias de clase media pobre, que viven en zonas urbanas y en condiciones deplorables, hacinadas, sin electricidad y sin agua, las que reciben niñas y niños como trabajadores domésticos.

Casi todos estos menores de edad son forzados a cumplir jornadas extenuantes, la mayoría vive lejos de casa y no tienen acceso a servicios médicos. Tampoco reciben remuneración por su trabajo, aparte de la comida y las escasas facilidades habitacionales de que disponga la familia.

Muchos no tienen más remedio que soportar golpizas, abuso verbal, intimidación y otras formas de explotación. Al ver cómo viven, es difícil pensar que podrían estar pasándolo peor con sus propias familias, por más pobres que éstas fueran, detalla la publicación de Visión Mundial.

LEGISLACIÓN

Aunque Haití ratificó la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de la Niñez (UNCRC, por sus siglas en inglés) en 1994, todavía no ha ratificado el Convenio138 (sobre la edad mínima para trabajar) y 182 (sobre las peores formas de trabajo infantil) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Además, la legislación que rige actualmente el trabajo doméstico infantil es inadecuada y contradictoria. El artículo 341 del Código de Trabajo señala que ningún menor de12 años debe ser entregado a otra familia para trabajar como sirviente doméstico, pero el artículo 345 afirma que “los que estén contratados en esa condición tienen derecho a vivienda decente, ropa, una dieta sana y educación.

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