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Haití y la solidaridad

Por Sanjuana Martínez

México conoce la tragedia provocada por un terremoto, sabe lo que significa la devastación, la angustia del rescate entre los escombros, las horas en espera de la ayuda internacional. El terremoto de Haití exhibe de manera vergonzosa al país más pobre de América, en una catástrofe sin precedentes que exige la atención de la comunidad mundial.

El caos reina en Haití con más de 100 mil muertos. Los edificios emblemáticos en Puerto Príncipe han quedado reducidos a escombros. Las víctimas se multiplican y el lugar más seguro parece estar en las calles ante el temor de nuevas réplicas.

¿Por qué Haití se mantiene sumido en la pobreza extrema?

El 76 por ciento de su población vive en condiciones infrahumanas con menos de dos dólares al día. De los 8.5 millones de habitantes, el 95 por ciento son de raza negra, descendientes de esclavos africanos. Ante la miseria en la que viven la esperanza de vida es de 52 años y el 55 por ciento de la población es analfabeta.

La historia convulsa de Haití se centra en dominación colonial, dictaduras, derrocamientos, golpes de Estado y ocupaciones militares. Hasta 1967 fue colonia española y luego francesa.

Haití fue la primera república negra independiente, luego de la derrota de las fuerzas militares de Napoleón. Fue hasta 1915 que Estados Unidos ocupó militarmente al país durante 19 años.

Después llegó el tiempo de los dictadores, empezando por François Duvalier y luego de su hijo Jean-Claude. Finalmente sus primeras elecciones democráticas en 1990 le dieron el triunfo al sacerdote Jean Bertrand Aristide, pero fue derrocado un año después por un golpe militar y se exilio, aunque después volvió en 1994 y volvió a ganar en 2001 en unas elecciones ciertamente cuestionadas y boicoteadas por la oposición.

Presionado por una insurrección armada y por Estados Unidos, Canadá y Francia, Aristide fue obligado a dejar el poder en 2004.

Desde entonces unos 7 mil cascos azules de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) intentan conseguir la estabilidad política y democrática de Haití. Desde 2006 esta gobernado por René Preval. Su presente es incierto y su futuro desolador.

El ingreso promedio de los haitianos alcanza apenas los 560 dólares anuales por persona. El índice de desarrollo humano se encuentra ubicado en el lugar 146 de 177 países. La tasa de mortalidad infantil es una de las más altas del mundo con 60 muertes por mil. Y el 18.5 de los adultos no sobrevive a los 40 años.

Según estudios recientes más del 42 por ciento de la población no bebe agua potable y al menos el 22 por ciento de los niños padece malnutrición aguda. ¿Por qué la comunidad internacional no ha rescatado a Haití? Será porque no tiene petróleo.

En medio de la catástrofe, las historias humanas surgen como suspiros de aliento. Una canadiense fue salvada gracias a un mensaje de texto enviado desde su móvil. Desde los escombros surgen gritos y esperanzas de vida, aunque el tiempo corre en contra, como siempre.

En el emblemático Hotel Montana estaban hospedados 400 personas, pero solo han encontrado a un centenar.

Los países se movilizan para ayudar. Los mexicanos no podemos olvidar nuestra propia tragedia con los terremotos y por tanto, la solidaridad en nuestro caso es un compromiso ineludible. No lo olvidemos. Hay que ayudar a los haitianos. Hoy nos necesitan ellos. Mañana tal vez, nosotros.

10/SJM/LR/LGL

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