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Helen Keller

Por Erika Cervantes

Cada vez que las mujeres luchan por la igualdad sexual o racial parece una tarea de titanes. Pero si a esa lucha se le agregan capacidades distintas, no sólo es titánica sino milagrosa. Este es el sobrenombre de Helen Keller, mejor conocida como la “trabajadora milagrosa”.

Nacida el 27 de junio de 1880 en Alabama, Estados Unidos, e hija de un editor de prensa, Helen Keller sufrió desde los dos años de edad una fiebre muy alta que la hizo perder la vista y la convirtió en sorda.

Pese a ello, fue la primera persona ciega-muda en graduarse en una universidad de Estados Unidos.

Antes de la enfermedad Helen podía andar e incluso decía unas cuantas palabras. La fiebre la apartó del mundo, dejándole sin poder ver la luz y sin poder oír los sonidos. Es como si se le encerrara en una oscura prisión sin posibilidad de poder recuperar la libertad.

Mientras crecía, iba aprendiendo a hacer pequeñas cosas, pero se daba cuenta de que algo faltaba. Más tarde, describiría su desesperación al estar entre dos personas que conversaban, a las que quería tocar sus labios, pero no entendía nada.

Anne Sullivan fue trascendente en la vida de Helen, ya que le enseñó el lenguaje de signos y la escritura. Pero no sólo eso, sino que le enseñó la disciplina y el autocontrol. Annie entendía a Helen: ella misma era ciega.

A los siete años Helen había aprendido cientos de palabras, que podía ordenar en oraciones. Ese mismo verano empezó a escribir. Utilizando una plantilla formaba palabras en el papel. Para lo cual tuvo que aprender un tercer alfabeto: el braille.

Sus mayores logros llegaron en 1936, después de la muerte de Anne. Helen viviría 32 años más, tiempo en el que probaría que los discapacitados pueden ser independientes.

Aquellos que sólo la conocen como la “trabajadora milagrosa” se sorprenderían al descubrir todas sus dimensiones. “Mi trabajo por los ciegos nunca ha ocupado el centro de mi personalidad. Mis simpatías están con todos los que luchan por la justicia”, escribiría quien también fue considerada como una activista de la igualdad sexual y racial.

Helen dejó Alabama por primera vez en 1888 para ir en busca de Annie al Colegio Perkins en Boston. Su gran inteligencia y memoria le otogaron el nombre de “niña milagro”.

A los nueve años, Helen tuvo una segunda maestra. Sarah Fuller se encargó de enseñarle el próximo paso en la comunicación: hablar. Utilizando un método llamado Tadoma ella sentía la posición y forma que la lengua de Sarah tomaba al hablar y la imitaba.

Mientras aprendía a hablar, aprendía a leer los labios de la gente poniendo en ellos sus manos y sintiendo la forma y las vibraciones que generaban mientras producían los sonidos.

Antes de ir a la universidad fue alumna en la escuela para sordos Wright-Humason en Nueva York, y en la escuela para señoritas de Cambridge. Con la determinación de ir a la universidad, Helen contrató un tutor privado. Gracias a la ayuda de Annie logró ingresar a la Universidad Radcliffe, pero no fue bien aceptada.

Durante sus años ahí, escribió su primer libro titulado La historia de mi vida. Para organizarlo y editarlo contrató a John Albert Macy, instructor de inglés de Harvard. La publicación tuvo tanto éxito que le permitió a Helen comprar su primera casa. En 1904, se convirtió en la primera persona ciega-muda en graduarse de la universidad.

Helen comprobó cómo el lenguaje puede liberar a la gente ciega y sorda. Ella escribió: “La literatura es mi utopía. Aquí no soy esclava”. Pero trabajó duro para dominar el lenguaje. En su libro Midstream contaría su frustración con el alfabeto y el lenguaje de los sordos, aún con la velocidad con que su maestra deletreaba las palabras en su mano.

En 1930, Helen hizo su primer viaje de vacaciones a las islas británicas. Pronto estaría visitando otros países alrededor del mundo. Entre 1946 y 1957, recorrió 35 naciones de los cinco continentes.

Su última aparición pública fue en una junta del Club de los Leones en Washington, a los 81 años, donde recibió una medalla por su trabajo humanitario. Además de este premio, Helen recibió muchos otros.

Helen no sólo es conocida por su trabajo y sus premios, sino por sus trabajo literario. Escribió 13 libros y muchos artículos para revistas y periódicos. Su primera obra se tradujo a 50 idiomas.

Murió el 1 de junio de 1968, a los 87 años, heredando la tenacidad para vencer las limitaciones del “mundo normal”.

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