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Hilda Anderson, el sindicalismo en la sangre

Por Guadalupe Cruz Jaimes

Hilda Anderson Nevárez, secretaria hasta ayer de Acción Femenil de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), murió la noche de este lunes a los 84 años de edad, a consecuencia de un infarto.

La tarde de este martes recibió un homenaje de cuerpo presente en la sede nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y mañana su cuerpo será sepultado.

En 2009, Cimacnoticias realizó una amplia y exclusiva entrevista con esta mujer, la única que ocupó un cargo importante en la CTM, en el cual se mantuvo y donde se enfrentó a un mundo en su totalidad masculino, y que además fue una representante histórica en la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Hilda Anderson junto con Griselda Álvarez, fueron las promotoras de las primeras guarderías en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en los años setenta y será recordada como una de las mujeres que ha contribuido a que los derechos de otras mujeres se hagan una realidad en la práctica.

En esa entrevista con Cimacnoticias, Anderson narró que a lo largo de la historia, las trabajadoras han jugado un papel estratégico en el logro de los derechos, una lucha que no ha sido fácil y que ha cobrado muchas víctimas, como la huelga de Chicago (en 1856) donde ellas hicieron una huelga y las quemaron”, comentó.

La importancia de las mujeres combativas viene desde mucho tiempo atrás, dice: “En México, Venustiano Carranza llevó un ejército en la lucha revolucionaria y eran puras mujeres de las artes gráficas. La trabajadora es la que ha sembrado mucho a favor de las demás”, subrayó.

— Platíquenos su trayectoria

— Llegué aquí por casualidad y por el trabajo también. Estudié bastante, pero quise ser licenciada en derecho y sí me recibí, cuando era senadora de la República, hasta entonces pude lograrlo.

Sin embargo, me siento muy contenta de ser la compañera Hilda Anderson, digo, no presento el título, presento lo que yo hago.

EL SINDICALISMO ME LLAMÓ DESDE LA NIÑEZ

— Perdí a mi papá cuando tenía 10 años, soy producto de una madre que trabajó para su hija siempre. Fui hija única, dos hermanitos fallecieron antes que yo; fui la última.

A veces es bueno ser hijo único, es distinto, convives con adultos y aprendes desde muy pequeña, inclusive con mi papá, aprendí a leer y escribir entre los cuatro y cinco años de edad.

Cuando entré a la primaria, una maestra se molestó conmigo porque ya sabía leer. Y mi padre me cambió de escuela, a una particular, con una profesora de edad avanzada, que tenía cuatro grupos, de primero a cuarto grado. Y allí aprendí mucho, hasta bordar y tejer.

Cuando Hilda Anderson terminó el cuarto año de primaria, regresó a Mazatlán, Sinaloa, de donde es originaria, mismo lugar en el que pasó su infancia y juventud.

Ella describe cómo se trabajaba en una estación de radio, primero en la discoteca, estación de discos y después en los programas.

— Por esos días me acordé de un tío que nunca conocí y del que mi padre siempre me platicó: Juan M. Anderson. Él era líder sindical, y formó la primera sección del sindicato de cinematografía, entonces yo tenía los papeles de mi tío.

— Nos pagaban muy mal y dije: voy a hacer un sindicato y me aprendí muy bien la Ley Federal del Trabajo y la de Seguridad Social y convoqué a todos los de las estación e hicimos una huelga de 18 días, la XEJ, que ya desapareció. No había contrato no estaba organizada como muchas estaciones en el país.

— Invité a los locutores, a los que conducían los programas, hasta a la señora que hacía el aseo y logramos la contratación colectiva. Por esos días, fui a ver al líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que estaba en Culiacán en ese tiempo, era un miembro de la industria azucarera, yo tenía 19 ó 18 años.

— El caso es que cuando me vio llegar me dijo: “¿tú niña quieres organizar esto?, a ver dime ¿cómo harías un sindicato?’. Y que le doy cátedra, porque ya había leído parte de los documentos de mi tío que había guardado mi papá y lo que yo había aprendido en la Ley Federal del Trabajo.

¡Ah! respondió ‘tú sí sabes, niña’. Entonces se comunicó al sindicato nacional en el Distrito Federal e inmediatamente me mandaron un delegado porque estaban organizando el Sindicato de Trabajadores de la Industria de Radio y Televisión (STIRT), el líder era don Rafael Camacho Guzmán, hombre extraordinario que después fue gobernador de Querétaro, y él me mandó con Sergio Islas Morales y allí logramos la contratación colectiva y me nombraron a mí delegada del STIRT, cargo que desempeñé durante más de tres años.

Pero un día, quisieron quitar a dos locutores y me metí a defenderlos, bueno fue tal mi lucha, que la que salió de allí fui yo, porque a la fecha uno de ellos sigue trabajando.

Me despidieron, me liquidaron con una paga raquítica, pero eso no fue lo grave, sino que me boletinaron en una lista como alborotadora y no me daban trabajo.

Entonces vine a México para que me dieran trabajo aquí, y que me dice el señor Camacho: ‘pues no la quieren en ninguna parte, mejor ayúdenos a organizar’. Y un día me mandaron a Sonora, con cuatro emplazamientos de huelga, de cuatro estaciones.

Luego me mandaron apoyo y salimos bien. Ya después empecé a trabajar en algunas estaciones aquí, en radio 620 y con don Francisco Aguirre, que fue un señor extraordinario de Radio Centro, varias estaciones.

-¿Y ahí que le tocaba hacer?

– Escribía programas, principalmente musicales, fue muy interesante inclusive don Pancho en una ocasión quería que fuera a Nueva York para estudiar televisión, él inclusive compró el Canal 13, en un principio, después ya lo vendieron. Nunca fui a Nueva York.

NOS FALTABA ALGO: IGUALDAD DE DERECHOS

Una vez me mandaron a un congreso femenil a la CTM, fue 1970, y había una mujer muy valiosa, Carmen María Araiza López (Carmelita), la líder de las mujeres porque quiero que sepan que la CTM siempre ha tenido un grupo femenil.

Entonces el líder ya no era Rafael Camacho, era el señor Jesús Flores, a mí me manda de suplente y a otra compañera de propietaria, pero como ella andaba de novia, a las dos nos dieron permiso en las estaciones donde estábamos trabajando, pero ella aprovechó para andar con el novio y me dejó todo el trabajo. Nunca se presentó.

Entonces yo salí con un pequeño puesto en el grupo femenil, secretaria de Fomento Económico, era un gran secretariado, como sigue siendo. De ahí admiré mucho a Carmelita, me enseñó muchísimas cosas. Luego conocí una mujer extraordinaria de Jalisco que fue Guadalupe Martínez de Hernández Loza, otra gran lideresa.

– ¿Qué le aprendió a Carmelita?

-Todo lo que hacían las mujeres, cómo se defendían, por ejemplo cómo invitaban a que participarán en las organizaciones sindicales. A veces somos discretas, pero en Matamoros, Tamaulipas, tienen muchas maquiladoras, tienen un líder que cree en las mujeres, que es don Juan Villafuerte, todos los delegados en las maquiladoras son mujeres, hasta la fecha.

Y ha habido muchas dirigentes en la CTM y diputadas valiosas. Me di cuenta de que la mujer necesitaba todavía mucho por hacer.

11/GCJ/LGL

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