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Impacta crisis alimentaria calidad de vida de mujeres rurales

Por Guadalupe Cruz Jaimes

En el país, la crisis alimentaria deterioró todavía más la calidad de vida de las mujeres rurales de bajos ingresos, quienes representan hasta 90 por ciento de las que viven en el campo, pues con el aumento del precio de los alimentos ellas tienen que desprenderse de casi el total de sus recursos económicos para poder comer.

Ésta es una de las conclusiones a las que llegaron investigadoras, académicas y activistas especializadas en el tema, en el libro El impacto de la crisis alimentaria en las mujeres rurales de bajos ingresos en México 2008-2009, coordinado por Blanca Rubio Vega, integrante del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A partir de 2008 cuando inició la crisis alimentaria en el mundo, caracterizada por el alza de precios de alimentos, las mujeres rurales de bajos recursos, productoras o no, fueron golpeadas en su economía y en sus niveles de nutrición, menciona Rubio Vega.

Para elaborar este diagnóstico las investigadoras, académicas y activistas, integrantes de la Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales, realizaron 173 entrevistas a 238 mujeres rurales y 25 a 38 informantes clave de las comunidades seleccionadas en 11 estados de la república.

En la investigación, las mujeres rurales coincidieron en que los precios que más se elevaron fueron los del aceite, arroz, huevo, azúcar, pan, pollo, harina de maíz, frijol, detergente, y atún, entre otros. La mayoría manifestó que el costo de estos bienes aumentó el doble.

“El kilo de tortilla cuesta 9 o 10 pesos, hasta la verdura subió. El aceite subió bastante, el litro está a 20 pesos el más corrientito, las sopas de pasta también subieron. El dinero no alcanza, ya todo está muy caro”, menciona una de las encuestadas en Guanajuato.

Para ellas “queda muy claro que mientras el precio de lo que producen no ha subido lo suficiente”, cuando tienen que comprar maíz o frijol lo encuentran muy caro en el mercado”, refiere el libro, elaborado por la Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales.

“El producto de los campesinos no sube de precio, pero si nosotras lo compramos es muy caro, a 250 el bulto de maíz y el de frijol está hasta en 100 pesos. Nosotras no podemos comprar. Imagínate, 3 huevos por 5 pesos y somos nueve en la casa, no nos alcanza”, indica una de las entrevistadas en Chiapas.

Además, el aumento de la canasta de consumo no ha sido compensado con un aumento del salario, pues el pago de la jornada se mantiene entre 50 y 80 pesos, según la región. “Subieron todo lo básico, pero los sueldos están estancados”, asegura una de las entrevistadas en Morelos.

A partir de la crisis alimentaria, señala una mujer rural de Puebla: “la situación ha empeorado porque lo que vendemos no tiene precio justo y lo que compramos es muy caro, no te rebajan”.

Cabe mencionar que en la región norte, algunas mujeres que cultivan trigo señalaron que “subió el precio del trigo y el de la canasta básica”.

Sin embargo, para la mayoría de las mujeres rurales de bajos ingresos, la crisis alimentaria deterioró su calidad de vida, ya que tienen que trabajar más para completar el “ingreso de sobrevivencia”, asegura Rubio Vega.

En el último año las cargas de trabajo de las mujeres rurales aumentaron porque el dinero no les alcanza. Ellas tienen que “buscarle para sobrevivir”, coinciden testimonios de mujeres entrevistadas en Oaxaca y Tabasco.

De acuerdo con la investigadora de la UNAM, la crisis alimentaria además de afectar la economía de las mujeres rurales ha perjudicado los niveles nutricionales de esta población.

“Hay días que no tengo que comer, pura tortilla con sal”, dijo una mujer rural chiapaneca. “Ahora se compra menos aceite, azúcar, cebolla. He dejado de comprar leche para los niños”, señala otro testimonio recopilado en Hidalgo.

La situación empeora porque el gobierno mexicano, en lugar de fortalecer la producción campesina, los recursos que reorientó al sector fueron desde entonces “de corte asistencialista sobre los de corte productivo.

Blanca Rubio señala que del total de programas dirigidos al campo sólo 34.6 eran de fomento productivo, pero de ellas la mayoría beneficiaba a los grandes productores de tierras de riego.

Esta circunstancia deriva en que la producción no sea rentable por lo que la mayoría de las y los pequeños productores orienten su producción al autoconsumo. Según el Censo Agropecuario de 2007, 74.7 por ciento de las unidades de producción destinaba su cosecha al consumo familiar.

La mayoría de las entrevistadas cultivan maíz y frijol para autoconsumo. “Mejor nos comemos todo en familia, tanto trabajo que cuesta y para lo que pagan, pos mejor no”, señala en el texto una de las mujeres rurales en Guanajuato.

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