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Infartos y hasta suicidio, efectos de violencia laboral en mujeres

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa

Diabetes, hipertensión, infartos, cáncer y hasta suicidio, son los daños más frecuentes contra la salud que generan el acoso sexual y el hostigamiento en el mundo laboral, principalmente entre las mujeres, dijo Margarita Pulido Navarro, experta en medicina del trabajo.
 
Al participar en la segunda mesa del conversatorio “Violencia laboral: alcances en la legislación y la importancia del autocuidado”, que se realiza en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal en coordinación con la Unión Nacional de Trabajadores y la Campaña Trabajo Digno, la médica cirujana Margarita Pulido señaló que existen evidencias de que la violencia en el trabajo (ya sea física, sexual o “moral”) tiene consecuencias directas en la salud de las mujeres.
 
La especialista explicó que de acuerdo con lo que ha documentado, el personal educativo, de informática, de auditoría, salud, hotelería y turismo, así como de bancos e instituciones financieras, es el que más experimenta la violencia laboral.
 
No obstante en cada uno de estos sectores, las mujeres –como el caso de las costureras– han sido las principales víctimas de este flagelo que parece ser una práctica constante del neoliberalismo, expresó.
 
El impacto a la salud debido a esta violencia –observó la también autora del libro “El lujo de enfermar. Historia de vida y trabajo”– es “múltiple y gradual”, y va desde desórdenes del sueño y dolores de cabeza, hasta vómitos, fiebres, migraña, depresión, miedo, pensamientos obsesivos, colitis, hipertensión arterial, fatiga crónica, ataques de pánico, asma, alergias, acné, pensamientos suicidas, pérdida de pelo, fibromialgia, cáncer y obesidad.
 
En la vida personal, los efectos del hostigamiento laboral se traducen en conflictos con la pareja, enfermedades en las y los hijos, e incluso en la incapacidad permanente de volver a trabajar, advirtió Pulido Navarro.
 
La maestra en Ciencias de la Salud abundó que la tensión prolongada afecta el metabolismo de grasas y carbohidratos, lo que ocasiona obesidad, diabetes, hipertensión, daño a vasos sanguíneos e infartos; también afecta la inmunidad del organismo, con lo que las defensas disminuyen y se producen infecciones repetitivas y hasta cáncer.
 
“El estado de salud no es más que el resultado de las condiciones de la vida y del trabajo. Las condiciones nocivas producen malestares que son callados por las trabajadoras por miedo a perder el empleo”, sostuvo.
 
La doctora explicó que el acoso “moral” –una forma de violencia laboral también conocida como “mobbing”– tiene como fin destruir la estabilidad psicológica de la trabajadora a través del descrédito y los rumores, “para que su palabra no tenga ningún valor”.
 
Esto es así porque el acosador tiene el propósito de encubrir un fraude o porque si la trabajadora es honesta, la ve como “una amenaza” para él por sus características y competencias laborales.
 
La también investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)-Xochimilco desmenuzó las actitudes que llevan a cabo los acosadores para lograr su objetivos, como esconderse tras un “velo seductor”, utilizar un discurso que fomenta las libertades, conducirse con una doble moral, hablar a la víctima con mensajes ambivalentes, o minar su confianza en sí misma.
 
El acosador –añadió Margarita Pulido– también fomenta sentimientos de envidia entre el equipo de trabajo, distorsiona los hechos, hace crecer el grupo de acoso, incrementa la presión contra la víctima, la aísla, agranda su pequeños errores, extiende rumores sobre ella, y manipula la opinión pública.
 
Las consecuencias en la víctima al principio son imperceptibles, y la llevan, en primera instancia, a confrontar y oponer resistencia ante un fraude porque aún no se ha dado cuenta de su condición de víctima; luego entra en una etapa de desconcierto y duda hasta de su propia versión.
 
Si el acoso avanza, la víctima enfrenta una etapa depresiva en la que pierde autoestima o, en algunos casos, cambia sus estrategias y conductas pero sin resultado.
 
A la par, la concentración de la trabajadora disminuye, puede mostrar rasgos de agresividad, se siente distante con la familia, y hasta puede idealizar al acosador.
 
Luego la o el acosado pasa por una fase traumática en la que presenta cuadros de estrés y ansiedad, tiene sueños repetitivos del acoso, hay palpitaciones, taquicardias, gastritis, conductas depresivas y, en algunos casos, dedica más horas al trabajo para inhibir el acoso.
 
Después –incluso si termina la relación laboral con el acosador– la víctima experimenta una fase de deterioro crónico en la que persiste la depresión, presenta estrés postraumático, ausentismo, recuerdos obsesivos, necesidad de contar las experiencias traumáticas, pérdida de memoria y falta de concentración.
 
Pulido Navarro señaló que esta violencia es difícil de observar porque muchas personas que la padecen no la identifican o no la denuncian, por lo que urgió a las instancias de gobierno que el acoso laboral sea integrado en la lista de riesgos psicosociales y que sea tipificado como delito.
 
Al mismo tiempo, la especialista pidió que se capacite a las y los trabajadores para que puedan identificar las consecuencias de este flagelo.
 
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