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Inger Berggren: Presidenta del Banco Mundial de las Mujeres

Por Marta Iglesias

Inger Berggren fundó en 1988 el Banco Mundial de las Mujeres (BMM) en España, una organización internacional que lucha por la independencia económica de la población femenina.

No dejo de preguntarme durante toda la entrevista por qué dejó Suecia para instalarse en España. La respuesta llega y me sorprende: Inger busca cambiar al mundo y en nuestro país hay mucho por hacer. “El Banco Mundial de las Mujeres (Women’s World Banking) es una organización mundial que se creó en 1977 para facilitar a las mujeres el acceso a créditos, tiene presencia en 43 naciones y su objetivo es ayudar a que las mujeres puedan crear empresas y generar su propio empleo a través de préstamos bancarios”.

-¿Cómo llegó la institución a España?

IB: En 1988 instalé una representación en este país con el mismo objetivo: ayudar a las mujeres a crear sus propias empresas. En 1989 se firmaron los primeros convenios para tramitar préstamos con una tasa de interés muy baja (de 3.5 a 3.3 por ciento). El crédito puede ser de hasta ocho años, nosotras hacemos el plan de viabilidad para este proyecto y la solicitud al banco. A través de estos convenios hemos creado dos mil 600 empresas. Pero el aval siempre ha sido un problema, así que en 1996 adoptamos una iniciativa llamada Créditos Solidarios, para mujeres en Castilla y León sin avales y con un proyecto empresarial. Luego impulsamos el Fondo de Garantía para Mujeres Inmigrantes con la Caixa (firma financiera española), y más tarde firmamos con Caixa Cataluña un convenio de colaboración para otorgar microcréditos sin aval a mujeres que difícilmente podrían obtenerlos. Hace un año firmamos los microcréditos del Instituo de Crédito Oficial. Así hemos continuado con nuestros objetivos. En España queremos que se reduzcan los intereses para las mujeres y que éstas tengan derecho a tasas preferentes, como las que obtienen las grandes empresas.

-Si las mujeres tuviesen en su mano el poder del dinero, ¿cambiaría el mundo?

IB: Sí, seguro. Porque además las mujeres invertimos en la familia, los hijos, la educación, etcétera, y eso no todos los hombres lo hacen. Sobre todo para las mujeres de los países subdesarrollados esto es muy importante, aunque no quiero decir con ello que no lo sea para los hombres.

-¿El Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) tienen objetivos contrarios al Banco Mundial de las Mujeres?

IB: No sé. Yo veo que ahora el BM apoya las iniciativas de microcréditos, pero no sé si serán capaces de sacar a las mujeres de la pobreza porque a veces los intereses son altísimos (de entre 30 y 36 por ciento), argumentan que los créditos son colectivos, con mucho riesgo y que no tienen avales. Por lo que es muy probable que generen dependencia y provoquen la necesidad de pedir otro crédito. Es lo que está pasando en el Grameen Bank, con alrededor de 200 mil clientes que piden un préstamo tras otro. En España damos un microcrédito para constituir una empresa, que queda saldado al terminarse de pagar.

-En la política mundial hay pocas mujeres en puestos relevantes y muchas de ellas tienen un marcado carácter masculino. ¿Cómo cree que sea el concepto de poder desde la mujer?

IB: Las mujeres han luchado tanto para llegar a puestos importantes, que para mantenerse ahí tienen que adaptarse a la manera de trabajar de los hombres. Entonces esto durará hasta que tengamos muchas mujeres ministras, por ejemplo, y hasta que ellas mismas sean conscientes de que no hace falta trabajar de la misma manera que los hombres. Esto en Suecia ha empezado a cambiar en los últimos años. En el gobierno sueco hay más ministras que ministros, más mujeres que hombres en el Parlamento y en puestos de alta dirección en las empresas.

-¿Cuál es la factura pendiente de la mujer en el mundo?

IB: La independencia. Y la independencia no la puedes tener si no tienes la independencia económica, y la independencia económica normalmente no la puedes conseguir si no tienes un trabajo remunerado. Así que lo que necesitamos es empleo.

-¿El siglo XXI será femenino?

IB: Todavía hay muchísimo camino por recorrer. En una ocasión leí que si seguimos al mismo ritmo, para llegar a la igualdad en España faltan 60 años. Y si vamos a África o a países árabes, imagínate lo que falta.

-A las mujeres nórdicas les dicen en sus países de origen que han perdido su feminidad en la lucha por mejorar sus condiciones. ¿Para lograr la igualdad debemos renunciar a muchas cosas?

IB: Depende de lo que se considere femenino. Yo me acuerdo que en la lucha feminista en Suecia, en los años 60 estaba mal visto maquillarse, peinarse y vestirse bien. Eso es verdad, pero esto no sé si es femenino o no, porque ahora los hombres empiezan también a maquillarse y estar muy pendientes de su cabello…

-¿Cómo es la situación actual de Suecia?

IB: En Suecia los hombres son más compañeros. En España hay hombres que te abren la puerta, jalan la silla y te ponen el abrigo. Eso en Suecia es imposible, yo creo que no he conocido ningún sueco que lo haya hecho. En muchísimas familias españolas las compras están a cargo de las mujeres, son ellas quienes se encargan de los niños y las labores domésticas; en la sociedad sueca normalmente no es así, sino que las obligaciones se reparten entre hombre y mujer; somos más compañeros.

-Y supongo que tampoco las mujeres buscan a un hombre que las cuide y que les evite enfrentarse a muchas situaciones.

IB: Sí, en el Banco Mundial de las Mujeres hemos observado que en muchas ocasiones la solicitante del crédito no viene sola, sino acompañada de su marido o novio, el cual dirige el proceso. A muchas españolas les gusta estar con un hombre fuerte que las cuide, que las recoja cuando salen de trabajar, etcétera. En Suecia somos mucho más fuertes. Nosotras organizábamos durante 10 años una feria de la mujer emprendedora, la cual reunía a 50 o 60 participantes. Ellas mismas montaban sus stands, eran carpinteras, hacían de todo.

-En la actualidad la mujer sueca, ¿en qué campo femenino centra su lucha?

IB: El pleno empleo para la mujer existe, pero todavía hay trabajos son mal pagados, por lo que hay una lucha para incrementar los salarios de las mujeres. También se quiere disminuir la prostitución, para lo cual tenemos una avanzada legislación que condena al cliente, no a la prostituta. A ellas se les ofrece formación académica y trabajo. De hecho, la prostitución en la calle de las ciudades de Suecia prácticamente ha desaparecido.

-En España miramos a los países nórdicos como ejemplo de democracia, educación y calidad de vida. ¿Qué es lo más oscuro o negativo de esas naciones?

IB: Yo he vivido toda la lucha del movimiento obrero en Suecia, durante el que la gente se ponía metas y objetivos. Cada año nos iba mejor, había más reformas, más medidas, todo el mundo tenía dos coches, dos casas y todo lo que necesitaba. Desde hace aproximadamente 15 años se consiguieron todas las metas propuestas, ahora la gente está un poco perdida, no sabe porqué luchar y qué objetivos plantearse. Y eso es triste.

-¿Ese espíritu combativo que tú viviste en Suecia se ha perdido?

IB: Sí, se ha perdido. Ahora están un poco perdidos, no saben en qué dirección ir.

-¿Y a ti se te ocurre la dirección que deberían tomar?

IB: No, por eso estoy aquí. Aquí todavía hay mucho que hacer.

-Un país que se asemeja mucho a los nórdicos en su estilo de vida es Suiza, donde la ultraderecha empieza a escalar puestos peligrosos. ¿A qué crees que se debe ese giro en las preferencias políticas de los ciudadanos?

IB: A lo mejor es que hay un temor por el tema de los inmigrantes. En Suiza, como en los países nórdicos, la gente ha vivido muy bien, entonces al surgir una avalancha de inmigrantes ven en peligro su estado de bienestar. En los países nórdicos no creo que suceda esta situación porque hay una enorme solidaridad y los grupos contrarios son pequeños y no están en los parlamentos. Además, hay una política de atención a los inmigrantes que les brinda albergue, ayuda económica y educación, y al año de su llegada les consiguen empleo. Está totalmente controlado, no como aquí, que hay muchísimos ilegales que ni siquiera sabemos.

*Entrevista publicada en la edición de febrero de la revista Fusión.

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