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Inmujeres: tibio, partidista y supeditado a Fox

Por Carolina Velásquez

En el sexenio de Vicente Fox, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), instancia responsable de impulsar y fortalecer el avance de políticas públicas a favor de la igualdad jurídica y la equidad de género, tuvo una gestión gris.

Mientras que para Patricia Espinosa, su actual presidenta, el balance es positivo, pues contamos con una institución fuerte, rectora en la agenda de género, que trabajó con todos los estados, con los municipios y con toda la administración federal, consejeras, académicas, feministas y especialistas en el tema opinan que su gestión careció de fuerza política, distribuyó recursos con un sesgo partidista y se disciplinó al mandato del presidente de la República.

Así lo denunciaron en septiembre pasado dos de sus consejeras, Magdalena García y Roxana Cuevas, quienes en conferencia de prensa hablaron del estudio Nuevos nudos y desafíos en las prácticas feministas: los institutos de las mujeres en México, de María Luisa Tarrés, donde señala que en 2004 todas las entidades con gobiernos panistas recibieron financiamiento para fortalecer los organismos estatales de la mujer, no así los gobernados por el PRI ni del PRD.

Para Magdalena García, presidenta del consejo consultivo de este organismo, Inmujeres es un espacio estratégico que establece mecanismos para que la transversalidad se dé, de manera que la desigualdad que hay en todos los ámbitos de la vida de las mujeres puedan ser atendidos y diagnosticados y así tomar las políticas necesarias.

Sin embargo, la falta de una reflexión, sumada a toda una problemática de partidización, le ha restado fuerza política, puntualiza.

Tras considerar que el papel de Inmujeres fue muy tibio, Carolina O?Farril, diputada independiente en la LVII Legislatura y presidenta del Instituto de Cultura para la Prevención de la Violencia en la Familia, señala que en este sexenio pudimos haber avanzado mucho más, la legislación existe, lo que se debe hacer son las modificaciones institucionales para realizar lo que la ley dice a través de Inmujeres y los institutos estatales.

La experiencia de las mujeres con Fox fue patética, dice O?Farril, no sólo por lo que dijo de nosotras (lavadora de dos patas) sino porque se quedó con un esquema de partido, nombrando a funcionarias de grupos de derecha que no iban a permitir ningún avance. Eso no se vale en ningún gobierno ni de derecha ni de izquierda.

Magdalena García coincide con O? Farril al afirmar que una de las limitaciones del Inmujeres es su visión patrimonialista de la función pública, lo cual no coincide con lo que querían el feminismo y el movimiento de mujeres al impulsar su creación, es decir, conformar un instituto plural, donde prevalezca la diversidad de opiniones para que surjan mejores propuestas.

Además, dice O?Farril, hoy existe una falta de conocimiento y, sobre todo, se carece de capacidad para escuchar.

Al principio, en Inmujeres querían que todo fuera por consenso, las mayorías son importantes como proceso de avance, no obstante ha habido falta de visión de Estado y darse cuenta que si a la larga se atiende a estas mayorías, las cosas van a resultar mucho mejor para todos.

Antes del 2000 las mujeres logramos cambios impresionantes, explica O`Farril, sobre todo en materia de violencia -Consejo Nacional contra la Violencia, modificación en 17 estados de la ley contra la violencia–, pero a partir de esa fecha entramos a un impasse de seis años.

En su opinión, aun cuando un grupo de consejeras consultivas y sociales hicieron críticas al funcionamiento de Inmujeres, uno de sus principales retrocesos fue abrir la puerta a organizaciones que no cuestionaron nada y funcionaron como un club de incondicionales.

Para ella, lo más sorprendente es que como diputada federal de la LVII Legislatura Patricia Espinosa fue testiga de estos avances, sin embargo ya en el cargo fue temerosa, no supo valorar el trabajo de las mujeres en el país y siempre utilizó como pretexto al Presidente de la República, su papel fue de sacrificada por él.

Una muestra del poco interés que Vicente Fox tuvo en la equidad de género fue el escaso espacio que dedicó al tema en sus informes de gobierno, el ingreso de grupos de derecha al poder (Carlos Abascal, secretario de Gobernación, es un ejemplo) y la escasa presencia en su gabinete de mujeres en puestos de decisión.

Según información difundida por Inmujeres, en la administración pública federal de Fox, el 27.4 por ciento de los mandos medios y superior lo ocuparon mujeres. De este universo, 33.6 por ciento en jefaturas de departamento y sólo el 1.1 por ciento va de directoras generales a secretarias de Estado.

06/CV/GG

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