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Intestino grueso, departamento sanitario de tu “yo soy corporal”

Por Carolina Velásquez

En nuestro “yo soy corporal” tenemos un departamento sanitario que pocas veces tomamos en cuenta. Un sistema de eliminación que nos permite “tirar” lo que no sirve. Mantenerlo en buen funcionamiento es indispensable si queremos aliviar cualquier síntoma de malestar y mantenernos en un óptimo estado de salud.

El intestino grueso –o colon- es parte responsable de esta limpieza y frecuentemente desconocemos su funcionamiento y tareas. Para trabajar con eficiencia este órgano requiere humedad y lubricación, las cuales se obtienen de los alimentos integrales o crudos ricos en fibra.

La autointoxicación es el resultado del funcionamiento defectuoso del intestino.

Cuando hay deficiencia en la ingesta de fibras el intestino no puede funcionar de manera adecuada, los desechos alimenticios permanecen en el tracto intestinal y, a causa de una lenta putrefacción, se producen toxinas que nos provocarán numerosas enfermedades.

Si nuestro sistema de eliminación está inactivo, el intestino retendrá desechos tóxicos, algunos de ellos pueden ser absorbidos a través de la pared intestinal, de ahí irán al torrente sanguíneo donde se depositarán en los tejidos. Si estas toxinas se acumulan y toman el control del cuerpo su funcionamiento se retardará en consecuencia.

Descuidar la necesidad de evacuar o comer alimentos bajos en fibra nos conducirá al estreñimiento.

Imaginemos a una tubería que se tapa con una sustancia que no pudiera disolverse, de tal manera que el desperdicio quedará bloqueado acumulándose en sus paredes.

¿Cuáles son los requerimientos indispensables de un intestino sano? Agua suficiente, buen tono muscular y nervioso, buena circulación y los nutrientes básicos, adecuados y en cantidades precisas, frutas y vegetales frescos, principalmente.

Los alimentos procesados carecen de fibra natural, tienden a ser secos, marchitos, pegajosos y pesados, no caen bien para lograr el tránsito intestinal. Hay otros elementos que contribuyen a la intoxicación: la angustia, las tensiones, la impaciencia y la irritabilidad.

A los malos hábitos alimenticios y a un estado emocional en desequilibrio, hay que agregar la contaminación ambiental, las radiaciones, el uso indiscriminado de pesticidas y fertilizantes químicos que se aplican a los cultivos.

Revisa el funcionamiento de tu intestino. ¿Cuántas veces evacuas al día? ¿Lo haces a diario? ¿Cómo es la material fecal: olor, consistencia, color? Anota tus observaciones en tu Diario del Cuerpo. En la próxima entrega te daremos algunas recomendaciones para mantener tu intestino limpio.

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2005/CV/SJ

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